Ante la sequía de agua y de ideas, que Europa nos rescate

16 Mar 2012
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España es un país afectado por la adversidad climática, sobre todo por las sequías, y a pesar de ello no hay buena investigación climática nacional. Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, es decir, del clima cuando hay sequía.  España importa modelos climáticos e información clave, que paga a precio de oro y que luego tiene que acomodar como pueda a sus circunstancias geográficas y físicas. La alternativa, muy poco explorada hasta la fecha, sería producir sus propios modelos e impulsar sus propias líneas de investigación para construir conocimiento a partir de su propia red de observaciones meteorológicas. Las últimas dos décadas han visto un despegue extraordinario de la investigación española en numerosos campos como la biomedicina, las nanotecnologías, la ecología o la física. Pero este despegue apenas ha mejorado la situación nacional de la investigación en  clima y en cambio global. Por si fuera poco, las actuales circunstancias económicas y políticas están tirando rápidamente por los suelos los logros en términos de laboratorios y líneas de investigación de gran visibilidad internacional alcanzados con esfuerzo continuado. Si la investigación del clima fue siempre una asignatura pendiente para España, ahora ni siquiera está en el programa. La ciencia en general ha quedado descabezada, sin ministerio y sin rumbo. Las líneas con mayor masa crítica irán aguantando por la inercia que les da su propio tamaño, pero grupos incipientes y necesidades aplazadas quedan ahora sin la más mínima esperanza  de financiación.

Lejos de plantear transformaciones profundas en este rumbo a la deriva de la investigación en clima y en cambio climático, a nuestros dirigentes solo se les ocurre gobernar por decreto y pedir ayuda a Europa. Es decir, buscar parches para tapar agujeros en lugar de estudiar la formación de los agujeros y desarrollar conocimiento y tecnología propios que permitan evitarlos o al menos atenuar sus impactos.  El ministro español de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, pidió hace cuatro días  a Bruselas que se adopten medidas y fondos europeos contra la sequía dentro de los próximos presupuestos comunitarios. La petición que se suma a la realizada por Portugal y que cuenta con el apoyo de Francia, Chipre y Grecia, se basa en lo inusual de la severidad y de la estacionalidad de esta sequía. En España no se nos ocurre nada, y menos se nos va a ocurrir ahora que el grifo de la investigación se está cerrando. Y como no se nos ocurre nada, pero interesa dar una imagen de que el problema de la sequía preocupa a nivel político, pues se apela a Europa, anunciando la apelación a todo bombo y platillo. El ministro, además, busca ahora que los técnicos de la agencia española de meteorología le saquen pronósticos de la manga (sólo de la manga podrán salir, ya que no hay mucho mas de donde rascar) para dimensionar la magnitud de las pérdidas en agricultura y medio ambiente que se avecinan debidas a fallos en cosechas, incendios y pérdida de suelo por erosión. Con ello pretende el ministro dar la impresión de que está al mando de la nave, pero en realidad revela que no sabe ni donde está el timón, y que sin rumbo tampoco importa mucho encontrar el puente de mando. El ministro convocará, a modo de consejo de sabios, la Mesa de la Sequía a fin de mes. Pero ¿alguien ha comprobado que tengamos los sabios necesarios? ¿alguien ha verificado si las sinergias entre los distintos sabios y los numerosos sectores afectados por la sequía existen y funcionan? Todo apunta a que recurriremos a la consabida receta de improvisación espolvoreada con esencias de masdelomismo. Una receta infalible que siempre nos lleva con prontitud al reino de ninguna parte.

Algunos piensan que los incendios se apagan en invierno. Sin embargo en este invierno se nos han prendido ya varios incendios (1.500 hectáreas arrasadas en 228 fuegos en Cataluña y otro tanto en un solo incendio en la Ribagorza oscense), cosa rara y preocupante.  Pero lo peor, mucho me temo, es que la sequía principal es la sequía de ideas y los incendios mas graves son  los que resultan de la falta de estrategia de seguimiento e investigación a largo plazo. Los políticos que entre todos hemos creado (y votado) solo están programados para tomar medidas que se apliquen y, sobre todo, que se noten en dos o tres años. Ni los científicos y sus líneas de investigación se generan en estos plazos, ni las conexiones entre las demandas sociales y el desarrollo del conocimiento  se establecen en una legislatura o dos. También de los científicos nos acordamos “cuando truena.”

La actuación política ante el cambio climático forma parte del conocido síndrome de “lo barato sale caro” ya que por poner parches, soluciones baratas donde las haya, España se aleja cada vez mas de los países que resuelven y avanzan. Cuando se salga de la crisis, que se saldrá, la brecha con esa Europa a la que acudimos cuando no tenemos los deberes hechos se habrá agrandado. Y puede que hasta la propia Europa del euro haya desaparecido… ¿a quien pediremos ayuda entonces? Menos mal que siempre nos quedará la “virgen de la cueva” que seguro hará que llueva mientras cantan los pajaritos de la canción.


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