Estimados lectores
me anuncian que este blog junto con las demas secciones de Planeta Tierra van a ser cerradas en breve. Algo que lamento mucho. Quería agradecer al equipo de Publico el haber confiado en mi para esta tarea. Ha sido para mi una estupenda experiencia poder salir del laboratorio a contar como vemos los cientificos los problemas globales que generamos en el Planeta. Y a juzgar por vuestros comentarios creo que tambien lo ha sido para muchos de vosotros. De hecho he aprendido mucho haciendo el ejercicio de escribir aqui y tambien sobre los comentarios de muchos de los lectores. Os agradezco estar ahi y sobre todo a los que habeis dejado por escrito vuestras ideas e inquietudes.
Las despedidas rara vez son para siempre… ¡el mundo no es tan grande! Y ademas quiero mantener de alguna forma una conexion con este blog, abriendo otro con mismo o similar nombre en algun sitio que pensaremos en breve. Seguro que podreis encontrarlo en la web de alguna forma, o por palabras clave o siguiéndome la pista…
Vienen tiempos dificiles, pero esos son los que reafirman las ideas que merecen continuación. En el camino nos encontraremos y el camino nos mostrará lo que realmente valió la pena de esta experiencia y de las ideas que aqui hemos discutido. Asi pues, de alguna forma, no sólo seguiremos, en realidad !seguimos!
Planet under pressure. Este es el nombre del congreso internacional que se está celebrando estos días en Londres con el objetivo de analizar el conocimiento científico que permita progresar en la conferencia de las Naciones Unidas sobre desarrollo sostenible “Rio+20” que se celebrará en Brasil en Junio de este año. El congreso ha reunido a más de 3000 participantes de más de 80 países, que revisarán durante cuatro días el estado del conocimiento en más de 100 sesiones paralelas, 400 comunicaciones orales y 1000 posters. En el congreso conviven científicos de numerosas especialidades, tanto de ciencias naturales como sociales, tanto economistas como físicos de la atmósfera, y entre la enorme diversidad de actividades (mesas redondas, paneles de debate, puestos de exposiciones 3D, conferencias plenarias) uno tiene la oportunidad de charlar con un astronauta de carne y hueso, que, como Piers J. Sellers ha tenido realmente “una visión global de la Tierra” al verla desde fuera, no como la mayoría de los mortales. Uno cree que tiene muro por escribir en Facebook hasta que ve el “hipermuro” de la NASA, un montaje espectacular de nueve monitores gigantes que muestran imágenes y videos impresionantes de la Tierra: corrientes marinas moviendo el calor del Planeta, la ciudad de las Vegas creciendo en el desierto, las fluctuaciones de la productividad de la Tierra, la subida del nivel del mar en las ultimas décadas o los incendios y el polvo recorriendo miles de kilómetros. Ver para creer. Si alguien duda de la huella humana en el planeta, la NASA lo muestra en multicolor (se pueden ver imágenes y presentaciones en science.nasa.gov/hyperwall) y, para remate, en la misma visita te llevas un autógrafo de Piers J. Sellers o te haces una foto con su eterna sonrisa.
La cantidad de información disponible en este congreso es inmensa. Pero la variedad lo es también. Y en el aire se respira una misión apremiante: transmitirla rápida y eficazmente a la sociedad para poder tomar decisiones informadas y mitigar los efectos del cambio global en un planeta claramente presionado por nuestra especie. Oran Young de la Universidad de California explica que tenemos que cambiar de prácticas, ya no podemos usar el “ensayo y error”, estamos tan cerca de los límites que no tenemos margen para fallar. Pero tampoco podemos esperar mucho para ir poniendo en marcha planes nuevos: un mundo tres grados más cálido sería el mundo mas caliente de los últimos tres millones de años, un mundo cuatro grados mas cálido sería el mundo mas caliente de los últimos treinta millones de años; y los científicos del clima piensan que a finales de este siglo es muy probable que estemos en un mundo al menos cinco grados más cálido. A modo de evidencia circunstancial, Londres lleva una semana de calor impensable (mas de 20 grados centígrados durante el día), disfrutando de un sol fuerte y naranja pero sufriendo una sequía que recuerda lo que está pasando en España. ¿Será casualidad? Los datos sugieren que no, de la misma forma que seis de los diez años más cálidos del siglo han ocurrido en los últimos diez años.
La información científica sobre el cambio climático y los demás agentes de cambio ambiental que empuja el ser humano no es completa, pero es mucho más sólida y congruente que la de otras áreas como la economía sobre las que se toman decisiones políticas importantes todos los días. Un miembro del ministerio de educación, ciencia y tecnología del Japón nos relata la situación de su país: un único evento (el tsunami) seguido de la catástrofe nuclear ha cambiado completamente la visión que la sociedad, los políticos y los empresarios tienen de los riesgos ambientales y nos desea que ningún otro país tenga que pasar por ello para realizar ese cambio. Para lograr acción hay que mejorar la gobernanza. La gobernanza es mucho más que gobierno, y, como mantiene Vasna Ramasar del Earth System Governance Project, precisamente porque todos los gobiernos del mundo lo han hecho muy mal, tenemos que pensar en gobernanza y hacerlo de forma global. Mamphela Ramphele, sudafricana del World Bank, reflexiona que en la actualidad muchos habitantes del planeta no están preparados para ejercer la ciudadanía, para sacudirse los complejos, luchar por la igualdad, restablecer las heridas. La inseguridad personal predomina en nuestro mundo y ello hace que muchos acepten su inferioridad sin intentar cambiarla a la vez que descargan ese desequilibrio personal en actividades y actitudes que perjudican al medio ambiente. Una buena gobernanza, sobre todo si es global, requiere de imaginación además de liderazgo. Laurence Tubiana del Instituto de Desarrollo Sostenible francés muestra como la forma de gobernar apenas ha cambiado desde la Segunda Guerra Mundial. Richard Wilkinson, de la universidad de Nottingham, muestra datos sobre las sociedades mas homogéneas e igualitarias: están formadas por personas conscientes de su huella ambiental, que trabajan por la sostenibilidad, y como no deben probar constantemente que están bien posicionados van mas en bicicleta, cambian poco de ropa y de muebles y reciclan más. Pero sobre todo son mucho más felices. Kari Marie Norgaard de la universidad de Oregón demuestra que la gente más solidaria y con comportamientos más amistosos con el medio ambiente es más feliz.
Para liberar presión en este planeta humanizado hay que cambiar muchas cosas. Hay que romper con la inercia cultural, política y social. Debemos dejar de usar el producto interior bruto como indicador de bienestar o de progreso. Hay auténticos disparates de los que no somos siquiera conscientes: Charles Godfray, del programa Martin de Oxford para el Futuro de la Alimentación, señala que nunca en la historia del dinero nos hemos gastado tan poco en comer, al menos en los paises desarrollados. Por ejemplo, comer representa un 11% de los ingresos en el Reino Unido y apenas un 9% en Estados Unidos de América. Eso es ridículo y revela que destinamos mucho dinero a cosas que no son prioritarias y que en general tienen una gran huella ambiental.
El problema para el Planeta no es la extinción de especies, el cambio climático o la contaminación. El problema es que la especie humana siempre quiere más.
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El congreso se puede ver en www.planetunderpressure2012.net y se puede participar en el blog y seguirlo en Facebook (Planet Under Pressure 2012) y en Twiter (Planetconf2012). Se puede leer la declaración resultante del congreso que pretende inspirar a politicos y mandatarios del mundo sobre todo en relacion a la proxima reunión en Rio de Janeir (Rio+20) en Junio de 2012.
España es un país afectado por la adversidad climática, sobre todo por las sequías, y a pesar de ello no hay buena investigación climática nacional. Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, es decir, del clima cuando hay sequía. España importa modelos climáticos e información clave, que paga a precio de oro y que luego tiene que acomodar como pueda a sus circunstancias geográficas y físicas. La alternativa, muy poco explorada hasta la fecha, sería producir sus propios modelos e impulsar sus propias líneas de investigación para construir conocimiento a partir de su propia red de observaciones meteorológicas. Las últimas dos décadas han visto un despegue extraordinario de la investigación española en numerosos campos como la biomedicina, las nanotecnologías, la ecología o la física. Pero este despegue apenas ha mejorado la situación nacional de la investigación en clima y en cambio global. Por si fuera poco, las actuales circunstancias económicas y políticas están tirando rápidamente por los suelos los logros en términos de laboratorios y líneas de investigación de gran visibilidad internacional alcanzados con esfuerzo continuado. Si la investigación del clima fue siempre una asignatura pendiente para España, ahora ni siquiera está en el programa. La ciencia en general ha quedado descabezada, sin ministerio y sin rumbo. Las líneas con mayor masa crítica irán aguantando por la inercia que les da su propio tamaño, pero grupos incipientes y necesidades aplazadas quedan ahora sin la más mínima esperanza de financiación.
Lejos de plantear transformaciones profundas en este rumbo a la deriva de la investigación en clima y en cambio climático, a nuestros dirigentes solo se les ocurre gobernar por decreto y pedir ayuda a Europa. Es decir, buscar parches para tapar agujeros en lugar de estudiar la formación de los agujeros y desarrollar conocimiento y tecnología propios que permitan evitarlos o al menos atenuar sus impactos. El ministro español de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, pidió hace cuatro días a Bruselas que se adopten medidas y fondos europeos contra la sequía dentro de los próximos presupuestos comunitarios. La petición que se suma a la realizada por Portugal y que cuenta con el apoyo de Francia, Chipre y Grecia, se basa en lo inusual de la severidad y de la estacionalidad de esta sequía. En España no se nos ocurre nada, y menos se nos va a ocurrir ahora que el grifo de la investigación se está cerrando. Y como no se nos ocurre nada, pero interesa dar una imagen de que el problema de la sequía preocupa a nivel político, pues se apela a Europa, anunciando la apelación a todo bombo y platillo. El ministro, además, busca ahora que los técnicos de la agencia española de meteorología le saquen pronósticos de la manga (sólo de la manga podrán salir, ya que no hay mucho mas de donde rascar) para dimensionar la magnitud de las pérdidas en agricultura y medio ambiente que se avecinan debidas a fallos en cosechas, incendios y pérdida de suelo por erosión. Con ello pretende el ministro dar la impresión de que está al mando de la nave, pero en realidad revela que no sabe ni donde está el timón, y que sin rumbo tampoco importa mucho encontrar el puente de mando. El ministro convocará, a modo de consejo de sabios, la Mesa de la Sequía a fin de mes. Pero ¿alguien ha comprobado que tengamos los sabios necesarios? ¿alguien ha verificado si las sinergias entre los distintos sabios y los numerosos sectores afectados por la sequía existen y funcionan? Todo apunta a que recurriremos a la consabida receta de improvisación espolvoreada con esencias de masdelomismo. Una receta infalible que siempre nos lleva con prontitud al reino de ninguna parte.
Algunos piensan que los incendios se apagan en invierno. Sin embargo en este invierno se nos han prendido ya varios incendios (1.500 hectáreas arrasadas en 228 fuegos en Cataluña y otro tanto en un solo incendio en la Ribagorza oscense), cosa rara y preocupante. Pero lo peor, mucho me temo, es que la sequía principal es la sequía de ideas y los incendios mas graves son los que resultan de la falta de estrategia de seguimiento e investigación a largo plazo. Los políticos que entre todos hemos creado (y votado) solo están programados para tomar medidas que se apliquen y, sobre todo, que se noten en dos o tres años. Ni los científicos y sus líneas de investigación se generan en estos plazos, ni las conexiones entre las demandas sociales y el desarrollo del conocimiento se establecen en una legislatura o dos. También de los científicos nos acordamos “cuando truena.”
La actuación política ante el cambio climático forma parte del conocido síndrome de “lo barato sale caro” ya que por poner parches, soluciones baratas donde las haya, España se aleja cada vez mas de los países que resuelven y avanzan. Cuando se salga de la crisis, que se saldrá, la brecha con esa Europa a la que acudimos cuando no tenemos los deberes hechos se habrá agrandado. Y puede que hasta la propia Europa del euro haya desaparecido… ¿a quien pediremos ayuda entonces? Menos mal que siempre nos quedará la “virgen de la cueva” que seguro hará que llueva mientras cantan los pajaritos de la canción.
¿Qué tienen en común un votante de Izquierda Unida y uno del Partido Popular? ¿y un adolescente y un jubilado? ¿y un obrero de la construcción y el director de una sucursal bancaria? ¿y un amante de la ópera y un aficionado del Madrid? ¿y un ateo y un fundamentalista religioso? Y, ya que estamos, ¿un hombre y una mujer? … Algunos compositores, poetas, pintores, músicos, estilistas o incluso políticos han dado con ese factor común y de forma natural han emocionado o atraído a muchas personas con independencia de su credo, edad, ideología, profesión o afición. Cuando hablamos del cambio global, no estamos muy seguros de que tecla pulsar para captar la atención e interés de personas que no sean ecologistas, biólogos o de izquierdas. En una mesa redonda sobre cambio global y energías alternativas celebrada ayer en la Universidad Autónoma de Madrid tuvimos ocasión de revisar esta cuestión cuando alguien planteó el clásico “¿Qué podemos hacer?” y le contestamos el no menos clásico “llegar e informar a mas gente.”
En un mundo complejo, la gente está expuesta a una sobredosis diaria de información. Lo que le está pasando al planeta en lo ambiental se mezcla con lo económico, gran actualidad que llena de noticias espurias como aquellas que retransmiten en directo, segundo a segundo, lo que ocurre en la bolsa de Nueva York, o en una reunión mas de Merkel y Sarkozy. Y dado que todos tenemos que pagar facturas, a todos nos preocupa el tipo de interés, qué va a pasar con los impuestos y cómo quedará nuestro salario (eso los que de momento lo tenemos). ¿Cómo lograr que la sociedad mire al planeta e intente comprender los cambios que estamos causando en su atmósfera y en su biosfera y cómo esos cambios nos afectan muy profundamente? En esa mesa redonda se mostraron datos sobre los refugiados climáticos, un tema que ya hemos abordado aquí. Pero la realidad es que a mucha gente no le da demasiada pena que unos millones de africanos abandonen sus tierras por causa del cambio climático o que los habitantes de pequeñas islas del Pacífico pidan asilo porque la subida del nivel del mar les está dejando sin suelo firme. Hay gente que le preocupa esto, como hay gente que le preocupa la pérdida de la biodiversidad. Pero hay mucha mas gente que todo esto lo ve secundario. Y hay aún más gente que todo esto ni lo ve ni lo quiere ver. No podemos esperar que la sociedad lea, escuche, se informe y se posicione sobre el cambio global estimulada por su amor a la naturaleza, por su moral o por su sentido de la responsabilidad; ni siquiera por el amor a sus propios hijos que heredaran el planeta (ya se dice que hay demasiada gente que quiere mas a su perro que a sus hijos). Estas cuestiones mueven y moverán al mismo tipo de personas que acaban asistiendo a mesas redondas sobre cambio global y energías alternativas. Pero a casi nadie más. Y me temo que con esas personas no basta para influir en el rumbo de nuestras decisiones colectivas.
Si la sociedad habla de dinero, tendremos que hablar de dinero ante una preocupación global con base científica como es el cambio climático y sus efectos en nuestro bienestar. Y eso hizo Stern en su informe que valoraba el coste de no hacer nada ante el cambio climático. Pero pasado un tiempo, el informe pasó a juntar polvo en algún despacho. Y ante la crisis, países como España abandonan la investigación y aprueban por ley urgente una moratoria en las energías renovables, justo cuando empezaban a generar beneficios económicos (y no sólo ambientales) y justo cuando nuestro país tenía empresas propias competitivas en el sector. Ante la crisis se vuelve a las formas clásicas de explotación de los recursos y posiblemente se resucite el poder de las grandes empresas de los sectores tradicionales. Esto es curioso porque ante la crisis es cuando mas falta hace la innovación. Pero ante la crisis surgen dudas y divisiones de opinión… y miedos. Todos ellos, malos aliados para tomar decisiones sensatas.
Ante la crisis también hace falta, y mucho, una mirada científica a los problemas. Pero tal como señaló recientemente Nina Fedoroff, la presidenta de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), esta visión lejos de progresar, pierde terreno ante los grupos de presión internacional que abogan por una sociedad mas acientífica. La AAAS mira con gran temor, compartido por científicos de todo el mundo, como los negacionistas del cambio climático al igual que los negacionistas de la evolución ganan influencia sin ningún respaldo científico serio a sus programas y campañas. Para romper esta inquietante tendencia podemos esperar la llegada de un político visionario que como un auténtico mesías ilumine y reconduzca las miradas de la sociedad. Pero por si ese mesías tarda en llegar, podríamos ir pensando en algún plan B. Y eso es lo que piensan por ejemplo los Artistas del Cambio Climático. Ojalá alguna expresión artística sirva para reunir sensibilidades y dirigirlas hacia un futuro realmente sostenible y no sólo económicamente sostenible.
Ante la crisis lo que quizá bastaría es encontrar ese factor común que a personas muy diferentes pudiera moverles a mirar estadísticas que no sean las del paro.
A pesar del frio que vino de Siberia, lo más destacable del tiempo que hemos tenido en los últimos tres meses ha sido la inusual sequía. Al coincidir con los meses mas fríos del año, esta sequía no se percibe tanto como cuando tiene lugar en primavera y verano, pero puede poner los sistemas naturales y muchas actividades humanas en un serio compromiso. El aporte de agua y nieve durante los meses fríos es crucial no solo para bosques y matorrales sino también para muchos cultivos así como para rellenar los embalses de los que vivimos el resto del año en buena parte de la Península Ibérica. Pero de la sequía no nos acordamos hasta que llega el calor.
La sequía en realidad no es tanto, o no solo, el resultado de lo que llueve. Es el resultado de una proporción, de un cociente entre lo que llega (sea por lluvia sea por agua almacenada) y lo que se va (sea por consumo, derroche o ineficiencias en el transporte y almacenamiento). Este cociente es universal y se aplica tanto a una ciudad, como a un país, tanto a una vivienda como a una cuenca hidrográfica. Y es tan universal que desde el origen de la vida en el Planeta ha jugado un papel crucial en la evolución de los seres vivos, de forma muy especial en su conquista del medio terrestre donde el agua es un recurso valioso y efímero. Para una planta, poder captar CO2 de la atmósfera y convertirlo en materia orgánica gracias a la fotosíntesis significa perder agua, ya que debe abrir sus estomas para captar CO2 y al hacerlo pierde agua que sale inevitablemente al exterior desde sus húmedos tejidos. Para un animal terrestre, poder realizar cualquier ejercicio a pleno sol supone perder agua también, sobre todo en organismos como nosotros que empleamos el agua para regular la temperatura corporal. Así pues, no es de extrañar que la eficiencia en el uso de agua, definida en el caso de las plantas como el carbono o la biomasa adquirida por unidad de agua perdida, se haya maximizado a lo largo de la evolución, particularmente en aquellas plantas propias de zonas secas. Pero se da una curiosa paradoja cuando la eficiencia en el uso del agua se analiza desde la perspectiva de la dinámica de comunidades. Si una comunidad de plantas está compuesta de especies muy eficientes en el uso del agua y de especies derrochadoras, la eficiencia en el uso del agua puede perder valor adaptativo. Si la especie que malgasta agua logra crecer mucho durante el periodo favorable de lluvias y producir muchas semillas podría tener mayor éxito ecológico que sus vecinas ahorradoras. Dicho de otra forma, si el agua no es tuya, podría no tener sentido ahorrarla, sino usarla al máximo antes de que lo hagan los vecinos. En el caso de las plantas carnosas o suculentas como los cactus, buena parte de esa agua está almacenada en sus propios tejidos, de tal forma que si son muy eficientes en el uso del agua pueden hacerla durar mucho tiempo y mejorar asi su éxito ecológico. Para un cactus si tiene sentido tener una gran eficiencia en el uso del agua. Pero en una comunidad de plantas anuales que compiten por los escasos recursos de una región árida, aquellas plantas que logren acaparar el agua rápidamente y malgastarla para crecer y reproducirse enseguida estarían desplazando a las que emplean el agua con más mesura.
Las analogías en el uso del agua entre comunidades de plantas y comunidades humanas no pueden ser mas obvias. La diferencia es que los humanos contamos con la capacidad de simular escenarios y calcular de qué forma el uso del agua puede dar mejores resultados para el bienestar de nuestra especie. Pero esa diferencia no parece que la sepamos aprovechar. Por empezar, la propia distribución de la población humana sobre el planeta es un disparate hídrico, con millones de personas viviendo en zonas áridas bordeadas de duras fronteras administrativas de las que es difícil escapar. Pero dentro de países desarrollados como el nuestro los disparates hídricos no son menores y optamos por instalar parques acuáticos, pistas de nieve artificial y campos de golf en zonas con un balance hídrico negativo, es decir, donde llueve menos de lo que se evapora y transpiran los ecosistemas. Los disparates alcanzan cotas de ridículo inusitado cuando se habla de planes hidrológicos y se reparte el agua entre cuencas atendiendo a necesidades de segundo o tercer orden y se pretende minimizar el agua que se “pierde” por la desembocadura de nuestros ríos.
El agua, en un sentido ecológico, sirve para muchas cosas y forma parte de un largo ciclo en el que la especie humana esta interviniendo acelerando su gasto precisamente en las zonas donde menos agua hay. Dado que las actividades humanas fuerzan el ciclo del agua sacando agua de acuíferos subterráneos que se rellenan lentamente o derivando rios hacia zonas de gran consumo, debemos comprender la necesidad de hacer un uso colectivo eficiente del agua. Las peleas entre comunidades autónomas y partidos políticos deben apartarse de la gestión de un recurso clave que en nuestras latitudes se ve doblemente amenazado por la presión humana directa y por el cambio climático. Y este uso eficiente del agua no debe hacerse solo en verano, más aún cuando un invierno viene tan seco como este. O lo vemos así, o algunas de las muchas cosas que dependen del agua dejaran de funcionar y solo entonces nos daremos cuenta de su importancia real.
Nos hemos acostumbrado al calentamiento. Por un lado porque nos gusta solearnos cuando entra el invierno, y periodos soleados como los que hemos tenido en el interior de la Península durante Diciembre y Enero nos han hecho disfrutar del aire libre y olvidarnos un poco de las penurias no precisamente climáticas por las que pasamos. Por otro lado, porque llevamos dos décadas escuchando el término calentamiento global y, quien más quien menos, lo hemos incorporado a nuestro repertorio cotidiano. Tanto es así, que cuando viene el frío nos pilla a contrapié y pensamos que algo raro debe estar pasando, a pesar de que esta ola de frío esta ocurriendo en el periodo habitualmente más frio del invierno. Y para completar el desconcierto, la prensa busca titulares y acuña términos y frases que hacen temblar, y no solo de frío, a quien lee sobre el viento desolador que nos llega de Siberia. Recuperemos, aunque solo sea por un momento, la calma, y empleemos, aunque solo sea por otro momento, el sentido común. Armados de estas dos sencillas, eficaces pero muy poco utilizadas armas podemos entender mejor si esta ola de frio siberiano que acecha a Europa es el comienzo del fin del mundo o todavía puede quedar mundo para un buen rato. Veamos tres cosas: 1, la confusa percepción humana de lo que es frío, 2, la reducida capacidad histórica para juzgar lo inusual de eventos climáticos concretos, y, 3, cómo se combina frio con calor, cómo podemos entender que las olas de frío no son una contradicción con el calentamiento global del planeta.
Los que vivimos en latitudes inferiores a los 40-42 grados (sobre todo en el hemisferio Norte, en el Sur deberíamos hablar de 30-32 grados) no sabemos en realidad lo que es frío. Cuando las mínimas andan entorno a cero ya empezamos a prepararnos para una glaciación. Pero si hablamos con alguien de Finlandia o Canadá, ellos empiezan a preocuparse cuando las temperaturas bajan de -20. Andar entorno a cero es muy llevadero. Los problemas físicos y logísticos con el frio empiezan, de verdad, muy por debajo de cero. Y en esta ola de frío los sitios y los momentos en que se ha bajado de cero no son tantos ni tan relevantes (hablo de esta bendita región por debajo de esos 42 grados de latitud en la que nos ha tocado vivir). Un punto que confunde la percepción del frío, más aun que la temperatura a la que estamos acostumbrados, es la humedad del aire y la intensidad del viento. Ambas cosas hacen que una misma temperatura baja se perciba como más fría. Una nevada ejemplifica el frío y con todos los trastornos que conlleva en nuestras latitudes es la viva imagen del “crudo invierno”. Sin embargo, las temperaturas suelen ser bastante mas bajas cuando no nieva, aunque no las percibamos y tengamos que recurrir al termómetro o a ver el agua congelada en los desagües para sospechar que esta haciendo bastante frío. Los pasados meses de diciembre y enero los hemos percibido como calentitos, cuando las temperaturas registradas estaban en el rango del frío normal para estas fechas. Y las hemos percibido así porque se han dado acompañadas en amplias zonas de la Península de cielos despejados, aire seco y sol, condiciones que atenuaron mucho la tasa de intercambio de calor y que nos permitieron ir en mangas de camisa a mediodía a pesar de que el termómetro no subiera de 7 u 8 grados centígrados. Si hubo algo raro en el tiempo atmosférico de los últimos meses fue mas bien la sequia que las bajas temperaturas que ahora ocupan las portadas de los periódicos. Primera reflexión: somos malos como termómetros.
Nuestra memoria se mueve en el corto plazo, es muy subjetiva y está muy influenciada por como experimentamos las cosas. Si un invierno cogemos una faringitis fuerte, tenderemos a recordarlo como más frío que los demás, al igual que si esa semana de aquel año que fuimos a esquiar no pudimos hacerlo porque las estaciones estaban cerradas por la ventisca. Cuando la tecnología y el conocimiento agrícolas eran mas precarios que en la actualidad, los eventos climáticos causaban mayores impactos en las cosechas, pero no porque fueran mas fuertes. Además, los registros climáticos no se extienden todavía por periodos de tiempo tan largos como necesitaríamos para hacer buenas comparaciones y estudios. En muchos lugares se tienen apenas 20 o 30 años de datos, cuando se precisan al menos 40 para capturar las oscilaciones básicas derivadas de la actividad solar. Y en España muchos registros históricos se interrumpieron o se perdieron durante la Guerra Civil. Si contrastamos una ola de frío actual con lo que un español de 90 años recuerda de como eran los inviernos de su infancia tenemos que aplicar tal número de correcciones que sería mejor emplear métodos de extrapolación e interpolación y aplicar cálculos y modelos para cubrir estas lagunas temporales. Segunda reflexión: somos malos almacenadores de información y peor aun cuando la información se extiende a escalas temporales largas.
Si existe mayoría absoluta entre los científicos sobre la veracidad del dato de que el planeta está sufriendo un calentamiento global, ¿cómo es posible que se estén registrando olas de frío intenso? Dejando a un lado las teorías de las glaciaciones acopladas al calentamiento que se mostraron en alguna famosa película sobre el día de después, una atmósfera mas caliente, tal como se ha medido a lo largo del último siglo, almacena más energía. Una atmósfera energizada genera eventos mas extremos, los vientos aumentan de intensidad, la fuerza de los huracanes y la intensidad de las tormentas incrementan y las olas de frío y de calor se hacen mas frecuentes e intensas también. Todo esto es lo que se conoce como variabilidad climática. El cambio climático lleva consigo no solo un aumento de la temperatura media sino de la variabilidad en las temperaturas y en toda una serie de parámetros climáticos. Tercera reflexión: el cambio climático no es solo calentamiento, implica un aumento en la variabilidad climática y ello conlleva que los eventos extremos del tipo que sea vayan siendo mas frecuentes.
Como corolario, lo lógico de un invierno es que haga frío. Lo lógico de un meteorólogo es que mida y registre el frío. Lo lógico de un científico es que estudie sus causas. Lo lógico de un periodista es que quiera hacer noticia de una ola de frío… No se si lo lógico, pero si lo deseable, de los ciudadanos es que integremos estas diferentes piezas de información y destilemos qué hay realmente de nuevo en este frio siberiano, comprendiendo, al menos en lo general, hasta qué punto todo ello se relaciona con el cambio climático. Y que nos abriguemos bien, que la enfermedad nubla el entendimiento.
El golf es una actividad relajante que se realiza con frecuencia sobre idílicas praderas verdes. Originado en el siglo XV en las húmedas campiñas escocesas, el golf es el único deporte que se ha jugado en la Luna, durante la misión Apolo 14 en 1971. Rodeado en la actualidad de una imagen de actividad elitista, sirvió, sin embargo, para que nobles y plebeyos del reino, por aquel entonces desunido, compitieran deportivamente entre ellos durante mucho tiempo. Esta actividad tiene hoy en día un lado cada vez más oscuro: los campos de golf generan un alto número de problemas ambientales. La producción y empleo de fertilizantes, el uso de mucha maquinaría, la introducción de especies exóticas de hierbas que invaden zonas adyacentes y el consumo elevado de agua son algunos de los más conocidos problemas ambientales de estas superficies destinadas al ocio de unos pocos. Uno podría pensar que al ser superficies verdes, capaces por tanto de fijar carbono por fotosíntesis, podrían compensar este lado oscuro funcionando como buenos sumideros de carbono. Pero no es así. Estudios recientes sobre el balance carbono de los campos de golf muestran que no son buenos sumideros de carbono. En el trabajo publicado por Bartlett y James en junio del 2011 se muestra cómo a pesar de haber un alto número de factores que afectan al funcionamiento fotosintético de los campos de golf, estos campos son emisores netos de CO2, y no sumideros como cabría esperar. Esto se observó para una amplia mayoría de condiciones y cuando se tienen en cuenta todos los procesos implicados en el mantenimiento de la cubierta verde de césped.
El problema principal de los campos de golf, no obstante, es su demanda de agua, algo que no era limitante en la Escocia donde se originó el deporte, pero que si lo es, y mucho, en los sitios donde se practica hoy en día con intensidad creciente: lugares de clima templado o caluroso y con muchas horas de sol. En estos ambientes el agua es un bien escaso que se ve amenazado por el cambio climático y por la creciente demanda humana. En ambientes áridos como muchas zonas del Mediterráneo, por ejemplo, el problema del agua no es ni mucho menos trivial, ya que el agua empleada en los campos de golf se detrae del riego de campos agrícolas e incluso del abastecimiento de colegios y hospitales.
Los griegos y después los romanos idearon numerosos deportes, algunos de ellos similares al golf pero lógicamente bien adaptados a un clima seco donde no se puede contar con extensas praderas verdes durante todo el año. Algunos de aquellos deportes han ido derivando hasta juegos actuales como el de la petanca, cuya huella ambiental es mínima y desde luego su consumo de agua es nulo, al desarrollarse sobre suelos desnudos y arenosos. Lástima que en este impredecible mundo de las modas y caprichos que rigen el ocio del Homo sapiens del siglo XXI la petanca no se haya hecho tan o mas popular que el golf. Hay caprichos que le salen muy caros al planeta.
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Referencia citada
Bartlett, M.D. & James, I.T. 2011. Are golf courses a source or sink of atmospheric carbon dioxide? A modelling approach. Proceedings of the Institution of Mechanical Engineers Part P-Journal of Sports Engineering and Technology 225 (P2, Special Issue): 75-83 DOI: 10.1177/1754337110396014
Los Estados Unidos de América fueron pioneros en la conservación de la naturaleza. Como país en estrecho contacto con un medio natural agreste y extenso, sobre todo en sus primeros años como nación y muy especialmente en la mitad occidental del continente, fuel el primero en declarar un parque nacional para la conservación de un espacio conocido como Yellowstone. La extraordinaria sensibilidad de este país por la naturaleza se refleja de manera muy especial en las también pioneras fotografías en blanco y negro de Ansel Adams, asi como en la cantidad y calidad de asociaciones y clubes naturalistas que durante mas de un siglo han recopilado de forma muy complementaria a los proyectos científicos valiosa información sobre la flora, la fauna y el paisaje de Estado Unidos. Este país se preocupó de forma modélica por contener y atenuar la catástrofe generada por el derrame de petróleo en las costas de Alaska tras el naufragio del Exxon Valdez en 1989, derrame monumental y auténtico record mundial de tragedia ambiental de la que aun se perciben los efectos y que llevó no solo a desarrollar tecnologías nuevas sino a cambiar las leyes.
Un país con esta sensibilidad y con alguno de los mejores científicos en el campo de la ecología, así como en la física atmosférica y en la dinámica planetaria, muestra al mundo una imagen esquizofrénica al negar en ocasiones el cambio climático cuando son precisamente sus científicos los que lideran el estudio de l cambio climático y de sus impactos. La priorización de aspectos económicos sobre la conservación del medio natural ha llevado a situaciones paradójicas, pero quizá la mas paradigmática se da con el cambio climático. Cuando la administración Bush quiso apoyarse en sus científicos para obtener un informe que justificara su desapego al protocolo de Kioto y a cualquier restricción derivada de admitir la huella humana en el calentamiento global se encontró con lo contrario de lo que necesitaba. Los científicos le presentaron pruebas aun más profundas y sólidas de nuestra injerencia en el clima y, como reacción, G. W. Bush encontró la forma de expulsar de la Academia a algunos científicos destacados, aunque no logró que la evidencia científica quedara sobre la mesa y que instituciones tan emblemáticas como la NASA colgaran en sus páginas web oficiales todo tipo de imágenes y pruebas de los cambios en el clima y la señal humana en esos cambios. Estados Unidos que invierte una parte significativa de su presupuesto en minimizar los impactos ambientales, no sólo bloquea negociaciones internacionales sobre cambio climático como las de Durban, sino que sigue mirando a otro lado cuando los negacionistas del cambio climático proponen enseñar este negacionismo en el colegio. Y para profundizar mas en esta actitud de Dr. Jekill y Mr. Hyde, mientras todo esto ocurre, el país sufraga el Instituto interamericano para la investigación del cambio global, y lidera programas internacionales de gran importancia para coordinar la ciencia del cambio global como el programa biosfera geosfera (IGBP de sus siglas en ingles).
Estados Unidos ha dado ejemplos pioneros en la protección del medio ambiente. De ese país han salido muchos premios Nobel y alguno de los mejores científicos del mundo. Estados Unidos, que reconcilia de forma sorprendente el puritanismo espiritual con la libertad completa del individuo, nos muestra ahora resultados dramáticos de su esquizofrénica relación con la ciencia. Un país basado en el conocimiento científico ha dado lugar al creacionismo y en varios colegios e instituciones se explica el creacionismo en lugar de la teoría de la evolución como la entienden y suscriben la inmensa mayoría de los científicos. Ahora se agarran al resquicio legal de que no es inconstitucional enseñar mala ciencia para ilustrar en los colegios las ideas negacionistas sobre el cambio climático, suscritas por menos de un 3% de los científicos del mundo, incluyendo entre los mejores a muchos norteamericanos. Estados Unidos que nos ha contagiado un capitalismo virulento y un modo de hacer política basado en la critica del contrario (y no en los méritos propios) y en un estéril bipartidismo, ¿nos va contagiar ahora su esquizofrénica actitud ante el cambio global?.
En su reciente libro, Eduardo Punset nos invita a un viaje hacia el optimismo con la idea de que cualquier tiempo pasado fue peor. Yo, que me considero un optimista, encuentro que los mensajes positivistas sin una argumentación convincente tienen el efecto contrario al deseado y por ello busco con cuidado las razones para una mirada optimista ante lo que se ve como un turbio futuro. El 2012 ha arrancado todo lo mal que podía arrancar, al menos en cuanto a presagios y perspectivas. No sólo tenemos una crisis económica que se suma a la crisis crónica de tipo ambiental, sino que tenemos una crisis política y social monumental, en la que los partidos socialistas adoptan medidas neoliberales y los partidos conservadores las amplifican aderezándolas de una pretendida austeridad y reclamando el sacrificio de los mas sacrificados, todo lo cual genera críticas y desazón en propios y extraños. Y por si fuera poco, el paro sigue aumentando, los recortes nos dejan con poca ciencia y cultura y algunos medios de comunicación emblemáticos cierran o a punto están de hacerlo. Si en el marco del cambio global miramos por ejemplo el reciente fiasco de la cumbre de Durban sobre cambio climático o nos fijamos en el ritmo al que los países en desarrollo destruyen recursos y biodiversidad, las cosas pintan negro oscuro para este año que arranca. No obstante, mientras hay vida hay esperanza. Y los sistemas naturales tienen aun mucha vida.
Las cinco grandes crisis de diversidad que ha sufrido el Planeta se llevaron por delante el 99% de las especies conocidas (las que seguimos vivas en la actualidad representamos menos de un 1% del total). Sólo en la primera gran extinción que ocurrió hace mas de 400 millones de años en el Ordovícico se perdió el 85% de las especies de aquel entonces, sobre todo marinas. Los bosques tropicales representan, junto a los arrecifes de coral, los principales reservorios de riqueza biológica del Planeta. Un reciente estudio ha mostrado que algunos bosques tropicales son mas resistentes ante el cambio climático de lo que se pensaba. Una de las bases sobre las que se asienta la gran biodiversidad de estos ecosistemas es su estabilidad temporal, manifiesta sobre todo en las escasas oscilaciones climáticas experimentadas tanto a escala geológica (por ejemplo, quedaron en general poco afectadas por las glaciaciones) como a escala ecológica (por ejemplo, escasa estacionalidad de las temperaturas). En un reciente congreso científico sobre cambio climático y deforestación en bosques tropicales de África se establecieron importantes diferencias entre éstos bosques y los que se encuentran en otras zonas tropicales de la Amazonía o Indonesia. Se mostró como estos bosques aunque son menos ricos en especies son más productivos y cuentan con árboles más grandes. Y lo que es mas importante, parecen mucho mejor preparados para responder al acelerado cambio climático. Estos bosques han sufrido varias oscilaciones climáticas en el pasado. En los últimos 4000 años han pasado por varias catástrofes climáticas que han tenido el doble efecto de reducir la diversidad y de prepararlos para tolerar mejor las sequías y calentamientos que se están haciendo más frecuentes e importantes cada día. Esto se resume en un término cada día más común en ecología, la resiliencia de los ecosistemas. Resiliencia es un término que lleva mucho tiempo usándose en psicología para definir la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas, y ser transformado positivamente por ellas.
Si el optimismo se apoya en cómo vemos las cosas y no en cómo son las cosas, al final poner buena cara a las amenazas de origen humano que se ciernen sobre la naturaleza podría apoyarse en una mayor valoración de ecosistemas no muy biodiversos pero bastante resilientes. Y de este tipo de ecosistemas vamos teniendo, nos gusten o no, cada vez mas.
Acabamos de saber la composición de ministerios del nuevo gobierno y una novedad destacada es la desaparición de la Ciencia… Tras matrimonios de mayor o menor conveniencia con la Educación o con la Tecnología, la Ciencia ya no figura en ningún ministerio. Esta desaparición contrasta con el fuerte peso social y económico que la ciencia tiene en nuestros días. Pero la preocupación que nos divorcia del medio ambiente también nos divorcia de la investigación y de la búsqueda del conocimiento. La preocupación de traer dinero al sistema ha llevado a poner a banqueros, llamados eufemísticamente “tecnócratas”, que son responsables de los problemas de deuda que arrastramos todos, que no han sabido anticipar los bandazos bursátiles, y que para mayor ironía provienen alguno de ellos de las mismas entidades que dieron lugar a la actual crisis económica global. En el mejor de los casos, estos “tecnócratas” lograran cuadrar las cuentas y pagaremos las facturas internacionales a costa de empobrecer el país. Eso, en el mejor de los casos. Cuando logremos llegar a ese final del túnel donde parece que hay una luz nos daremos cuenta de que los demás países no nos estaban esperando. Alemania por ejemplo sigue invirtiendo mucho en investigación, su locomotora científica estará aun mas lejos de lo que está hoy, y nuestro País iniciará otra etapa de endeudamiento con los que estén en la vanguardia del conocimiento. La inversión de recursos y capital humano que plantea el nuevo gobierno no nos llevará muy lejos. Su horizonte es a corto plazo y así no se resuelven las carencias socioeconómicas que nos metieron en el lío. Si tenemos suerte, salvaremos los muebles pero poco más. Lo repetiremos una vez mas, un país no investiga porque es rico sino que es rico porque investiga. Quizá hablemos de distintos tipos de riqueza o quizá veamos la riqueza en escalas temporales muy distintas. De momento veamos donde encajan la famosa I+D+I y luego hablaremos de donde y como queda la investigación en cambio global…