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Medusas, urticante mensaje de cambio global

15 sep 2011

Un mensaje incómodo nos llega desde el mar en forma de proliferaciones de medusas. El mensaje no es solo incómodo por el hecho de que  las medusas pican. Es incómodo porque los cambios en las poblaciones de medusas revelan que estamos cambiando el ecosistema marino con  consecuencias tan globales como indeseables.

    Ayer tuvo lugar un debate sobre el papel global de las medusas y su aumento en el océano en la sede madrileña de la Fundación BBVA. El debate estuvo guiado por Carlos Duarte, profesor de investigación del CSIC, y participaron  investigadores de Australia, Estados Unidos, Japón y Reino Unido. Nos recordaron numerosos aspectos fascinantes de la biología de las medusas pero sobre todo nos mostraron una inquietante realidad. En puntos tan distantes como el mar de Japón, el mar de Bering o la bahía de Chesapeake las proliferaciones de medusas están aumentando. Estos investigadores forman parte de una red mundial de seguimiento de medusas y son auténticos caballeros JEDI,  no sólo por su voluntad de conocer y mitigar un fenómeno perjudicial para el ser humano sino también porque las siglas JEDI corresponden a una iniciativa mundial de base de datos de medusas (en inglés Jellyfish Database Initiative). Aunque aún no están resueltas muchas incógnitas científicas, las series temporales en muchos casos son todavía cortas  y existen grandes diferencias locales entre los mares del mundo, hay evidencias claras de que las medusas están respondiendo a cambios profundos en los ecosistemas marinos.

    Las proliferaciones de medusas gigantes (Nemopilema nomurai) en el mar de Japón, que generan pérdidas multimillonarias en el sector pesquero del país, han pasado de tener lugar tres veces en un siglo (años 1920, 1958 y 1995) a tener lugar seis veces en los últimos diez años. Los científicos señalan a una combinación de factores para explicar este incremento: calentamiento global, sobrepesca, eutrofización de las aguas con fósforo y nitrógeno, y realización de construcciones costeras que sirven de asiento a las fases juveniles (pólipos). Algo parecido ocurre mucho mas cerca, en el Mar Menor, en Murcia. Aguas más cálidas, con menos peces (ya casi no quedan) y por tanto menos depredación de medusas juveniles. Aguas más ricas en nutrientes provenientes del excedente de abono de los campos agrícolas, que favorecen las algas de las que se alimentan las medusas y con las que establecen relaciones de simbiosis. Todo ello sumado a la existencia de muchas superficies nuevas como puertos deportivos e instalaciones de acuicultura, da lugar a mayores y mas frecuentes enjambres de medusas.   Esto ha derivado en el denominado efecto “caballo de Troya” para las plagas de medusas: una alteración global del medio marino que resulta en proliferaciones anómalas de estos animales, unas actuaciones que benefician a nuestro “adversario”. A los factores ya mencionados que favorecen a las medusas hay que sumar el incremento de zonas marinas oscuras (aguas turbias en zonas portuarias y cercanas a poblaciones, ríos contaminados etc.) y bajas en oxígeno disuelto. La oscuridad favorece a los pólipos de las medusas que son, además, mucho más resistentes a concentraciones bajas de oxígeno que la mayoría de sus depredadores naturales como las babosas de mar o nudibranquios. Toda una combinación de factores ambientales que cambian a la vez como resultado de las actividades humanas y que benefician a unos organismos como las medusas, capaces de multiplicarse muy rápidamente y con fuertes impactos en el sector pesquero, en el turismo y en la producción de energía en zonas costeras.

    A este urticante mensaje que nos traen los enjambres de medusas podemos poner algún remedio. En este caso, podemos no sólo pensar en atenuar nuestro impacto en el medio ambiente marino y en el clima global, sino también reajustar nuestra dieta. Si en lugar de comer superpredadores como el atún y descabezar la red trófica marina comiéndonos a los equivalentes oceánicos de lobos, tigres y jaguares, nos comiéramos medusas, equivalentes a algo intermedio entre las verduras (muchas medusas tienen algas simbiontes en su interior) y las vacas, lograríamos dos objetivos: dar valor económico a algo que ahora apenas lo tiene en unos pocos países y contribuiríamos directamente a frenar la proliferación de medusas. Vayamos pensando el menú de estas navidades.

Con la que está cayendo… ¡al medio ambiente que le den!

08 sep 2011

Leyendo la actualidad política de nuestro país  y del resto del mundo y sufriendo las tensiones de la crisis económica se me queda cara de tonto cuando me pongo a escribir en este blog sobre ciencia y cambio global. ¿A dónde vamos hablando de medio ambiente con la que está cayendo? Cuando uno escribe algo lo hace con dos ideas en la cabeza: el deseo de comunicar y la confianza de que alguien recibirá el mensaje. Ganas de contar lo que le pasa al medio ambiente  del planeta no me faltan, pero cuando descubro que la preocupación  por el cambio global disminuye, sobre todo en España,  se me queda cara de tonto.  Según la reciente encuesta The Nielsen Global  Online Environmental Survey realizada a mas de 25.000 personas en 51 paises, el  cambio climatico baja en el nivel de preocupación, sobre todo en países como  España, donde un 16% no cree que sea un problema y solo un 69% (y bajando sobre  los datos de la anterior encuesta en 2007) declaran entender y estar concienciados  con lo que represente el cambio climático de origen humano.  La preocupación es máxima en Latinoamerica (mas  del 90%) y muy alta en Oriente, Asia y Africa. Pero en España la preocupación  va bajando y se encuentra en niveles ya próximos a los de Estados Unidos,  conocido por su escepticismo al respecto. Claramente hay otras cosas que nos  preocupan cada vez más por aquí.

    Y me asaltan las dudas. ¿Soy de  los pocos que ve conexiones entre lo que pasa y nuestra actitud con el medio  ambiente y los recursos naturales? Cuando la gente está preocupada por las  amenazas que se ciernen sobre su sueldo o la educación de sus hijos ¿va a leer alguien  algo sobre los cambios en la productividad de los ecosistemas como resultado  del cambio climático o sobre cómo el cambio global está cambiando los ritmos  estacionales de miles de especies? Cuando unos quieren más policía y a otros nos  da miedo lo que algunos policías hacen cuando se tensan las cosas ¿nos vamos a  poner a discutir sobre si el CO2 emitido es bueno o malo o sobre cómo vamos a  dejar de arruinar la biodiversidad del planeta? ¿Tiene sentido que yo divague  sobre la capacidad de carga de un ecosistema cuando el mismo periódico en el  que lo escribo estará sometido a un ERE para sobrevivir en esta refriega económica  en la que los fuertes no quieren que nada cambie? En otras palabras, ¿para cuándo  voy a dejar lo de escribir sobre lo “importante” que decía mi abuela?

     Claro que ahí está la primera  trampa:  qué es realmente lo “importante.”  El que no sabe que por hacer una presa como la del gigantesco embalse chino de  las Tres Gargantas la especie humana ha afectado el ángulo de inclinación de la  Tierra (solo un poquito, eso si), no considerará que lo que nuestra  especie le haga al Planeta sea algo importante.  Quizá enfocando bien este blog pueda ayudar a que la sociedad enfoque mejor lo  que es importante. Como decían unos humanos más apegados a la naturaleza que  las sociedades occidentales actuales, “ansiamos tener mucho dinero, pero el  dinero no se puede comer.”

     Desde mi balcón a la vida no veo  límites entre la política y la ciencia, entre la filosofía y la vida cotidiana,  entre la ética y el trabajo… y por ello la actitud ante los recursos naturales  del planeta es, para mí, tan solo una manifestación de la actitud ante los  demás y ante, en realidad, lo que es de todos y quizá de nadie. Yo puedo  analizar una parte muy pequeña del cuadro actual sobre las vicisitudes por las  que pasa el Homo sapiens del siglo XXI. Mi contribución aunque pequeña creo que  sí que está conectada con el cuadro actual de crisis económica, social y  política por la que pasa nuestro país, pero también el mundo árabe, Estados  Unidos, otros países europeos, numerosos países del África subsahariana… Mi  contribución pretende ilustrar los limites planetarios, nuestros esfuerzos por  traspasarlos y las posibles consecuencias ambientales de hacerlo… pero no me  quedo en lo ambiental ya que lo social y lo económico es causa y consecuencia  de lo que le pasa al medio ambiente.  Y  tampoco estoy al margen de las propuestas por cambiar profundamente un sistema  que es injusto y genera fuertes tensiones, porque ese sistema controlado por  las entidades financieras está encadenado a una sobrexplotación de los recursos  y esa sobreexplotación está en la raíz de los principales impactos al medio  ambiente del planeta. Mientras los impactos los sufrimos todos, los beneficios  los disfrutan las entidades financieras, grandes empresas etc. y las decisiones  dicen tomarlas los políticos “en nombre de todos,” pero desde luego no pueden  decir que las tomen en nombre de la ciencia.

     El ministerio de medio ambiente  ya no es solo de medio ambiente y como dicen, en broma, solo le interesa la  mitad del ambiente… y es, fuera ya de bromas, uno de los ministerios más  débiles y menos influyentes de todos (si descontamos la reciente dimensión  agraria). Y así lo hemos querido todos, no solo nuestros políticos. Por algo  será. Parece que una buena parte de la gente no quiere oír hablar del medio  ambiente mas que en los reportajes del National Geographic o en la re-edición  de los videos de Félix Rodriguez de la Fuente. Por algo será.

     No sé.  Hoy me levanté decidido a escribir una cosa y  me paré en seco cuando pensé en quién iba a querer leerlo con la que está  cayendo. Ustedes dirán.

Transmutación ecológica

30 jun 2011

Los alquimistas medievales estaban convencidos de que podían controlar la transformación de un elemento químico en otro y, por tanto, de que serían capaces de transformar (o transmutar) elementos innobles como el plomo en otros más nobles como la plata o el oro. No se ha sabido de ningún alquimista que tuviera éxito en esta empresa y se hiciera rico, pero sí sabemos ahora que los elementos se convierten espontáneamente en otros. Y actualmente es posible convertir plomo en oro (basta quitarle tres protones de su núcleo), pero el proceso requiere tanta energía que sale más barato comprar oro en un mercado. Del mismo modo que el ser humano ha aprendido a transformar unos elementos químicos en otros, también ha aprendido a transformar (o transmutar) unos ecosistemas en otros. Un bosque denso y alto lo transforma en una pradera para el ganado. Una marisma la deseca y la transmuta en una urbanización.

Con el cambio de siglo, el ser humano ha batido todos los records de transmutación planetaria jamás registrados. Es la única especie capaz de movilizar más sedimentos a escala de todo el planeta que los que movilizan los procesos geológicos naturales. Es una de las pocas especies, junto a los corales y algunas mas, capaz de hacer obras colosales que se ven desde el espacio. Y las más vistosas de estas obras son muy recientes, como los mares de plástico de Almería. Estos “mares” suponen la mayor concentración de invernaderos del mundo, cubriendo más de 30.000 hectáreas y no solo se ven desde miles de kilómetros sino que alteran el balance energético (el balance de la energía que entra y sale de un sistema) de una gran región del planeta. La principal seña de identidad de estos records planetarios es que se han batido muchos en muy poco tiempo, y que cada día que pasa se baten mas y mas.
Algunos se preguntan si son records para estar o no orgullosos, pero la cuestión científica no es esa. Los científicos nos afanamos en documentarlos, medirlos, simularlos por ordenador y analizar sus causas, así como sus posibles impactos y los de sus alternativas.

El planeta Tierra ha estado cambiando siempre. Lo único constante en nuestra galaxia es el cambio. Y el planeta Tierra no es ninguna excepción a esta paradójica constancia del cambio. La temperatura, la química de la atmósfera, las especies que pueblan los ecosistemas y mil cosas más han estado en constante variación durante los más de cuatro mil quinientos millones de años de vida de la Tierra. A las causas naturales asociadas con los ciclos geológicos de nuestro planeta y los de la estrella sobre la que gira hay que sumar, cada vez más, las causas humanas. Al igual que la transmutación de los alquimistas, la transmutación planetaria tiene lugar tanto de forma espontánea como artificial, y ésta última es a su vez intencionada, como los plásticos de Almería y la desecación de una marisma, o involuntaria, como el calentamiento global resultante de unos gases que emitimos “sin querer.”

Los efectos de estos cambios afectan al aire que respiramos, al agua que bebemos, y a la flora y fauna que comemos. Así pues, es momento de dedicar atención a la transmutación ecológica de la Tierra y de cómo los científicos estudian en qué se está convirtiendo este planeta. Planeta azul o verde, da igual, ya que lo único que realmente lo define es su naturaleza mutante.