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Análisis, perfiles e historias de fútbol internacional

El caos y la violencia golpean de nuevo al fútbol italiano

12 Nov 2007
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Sobre un fondo repleto de altavoces aparecen vídeos de youtube de sesiones musicales nocturnas en locales romanos, de fiestas en la playa de Porto Rotondo, de canciones míticas de Depeche Mode, New Order y Pink Floyd. Comentarios autobiográficos: “compré el primer disco a los 13 años, Ambulance, de Robert Armani, ACV Records”. Y abajo, en el espacio dedicado a los mensajes de los fans, incredulidad, dolor y despedida. Es el blog de Gabriele Sandri, conocido DJ de la capital de Italia, última víctima de la violencia y el caos en el fútbol transalpino.

La secuencia sigue siendo confusa, aunque poco a poco se van conociendo los detalles. Todo sucedió ayer por la mañana en una área de servicio en Badia al Pino, cerca de Arezzo, en la Toscana. Al parecer, hubo una pelea entre hinchas de la Lazio –entre los que se encontraba Sandri-, que viajaban a Milán para presenciar el partido de su equipo ante el Inter, y aficionados de la Juventus. La policía, que estaba realizando controles cerca del lugar, advirtió la trifulca y se dirigió al lugar de los hechos para evitar que pasara a mayores. Los agentes habrían apuntado primero al aire para intimidar, pero un segundo disparo –accidental, según las autoridades- impactó en el cuerpo de Sandri, que estaba dentro del automóvil.

“El agente ha disparado de lejos, serían unos treinta metros. Era cuando ya había finalizado todo. Es verdad que había habido problemas con algunos juventinos, pero cuando intervinieron los agentes la cosa ya estaba terminada. Sin problemas. Pero ese agente disparó desde el carril contrario”, contó uno de los amigos de Sandri. Un seguidor laziale que permanecía en comisaría relató también su conversación con una de las personas que se encontraban en el vehículo con el DJ: “Estaban en el coche, saliendo del área de servicio, cuando oyeron un ruido. Vieron que Gabriel estaba mal, que perdía sangre, pero no comprendieron la gravedad del asunto hasta que llegaron a Arezzo, donde les paró la policía”. El director del restaurante del área de servicio donde sucedió todo también contó su versión: “Los empleados del local no se enteraron de prácticamente nada. Todo ocurrió en muy poco tiempo. Un minuto o dos como máximo. La pelea empezó poco antes de las nueve”.

Versiones contradictorias. El cuestor de Arezzo, Vincenzo Giacobbe: “Ha sido un trágico error. Nuestros agentes intervinieron para evitar que la trifulca entre dos grupos de personas que no fueron identificados como aficionados de fútbol degenerase en graves consecuencias para ambos. Transmito profundo dolor y sinceras condolencias a la familia de la víctima”. El abogado Luigi Conti, amigo de la familia Sandri: “Se trata de un crimen perpetrado por la policía. He escuchado a los hinchas, es lo que dicen ellos. Se trató de un tiro a diana”. El hermano de la víctima: “Me lo han matado a los 26 años con una pistola. Ahora las instituciones tomarán parte, pero con todos esos decretos de urgencia que hicieron me lo han matado a los 26 años”. Cristiano Sandri se refería a todas las medidas de seguridad que se tomaron después de la muerte de un agente en el Catania-Palermo del pasado 2 de febrero y que supuestamente debían acabar con la lacra de la violencia en el fútbol.

La pregunta obvia, después de la tragedia, era qué hacer entonces. La Figc (Federación Italiana de Fútbol), de acuerdo con la Lega, decidió aplazar el Inter-Lazio y retrasar el inicio del resto de los partidos. Se acordó también que los jugadores saldrían al campo con un brazalete negro en señal de luto. El único que se negó a hacerlo fue Clarence Seedorf. Pero la decisión no contentó a las hinchadas, que recordaban el suceso del derbi siciliano del año pasado: entonces el muerto fue un policía y se suspendió toda la jornada. Las protestas se sucedieron en todos los campos de Italia. “La muerte es igual para todos”, rezaba una pancarta en el Parma-Juventus. “¡Asesinos, asesinos!”, gritaban los seguidores del Livorno en su encuentro en el campo del Siena. Pero donde realmente hubo incidentes fue en Bergamo. Los aficionados más radicales del Atalanta no querían que el partido ante el Milan se llevara a cabo y consiguieron la suspensión en el minuto siete, rompiendo las vallas e invadiendo el terreno de juego. Algo parecido sucedió en el duelo entre Taranto y Massesse, equipos de la C1.

Y es que la decisión de las autoridades parece no contentar a nadie. Ni a los que apuestan por no alterar la competición cuando suceden hechos trágicos ni a los que consideran que el fútbol debe paralizarse cuando se mezcla con la muerte. En una encuesta que plantea la página web de la Gazzetta Dello Sport y en la que a las ocho de la noche ya habían participado más de veinte mil personas, sólo el 14% se mostraron de acuerdo con la determinación de suspender únicamente el Inter-Lazio. El 48% opinaban que debió aplazarse toda la jornada y el 38% eran partidarios de jugarla entera.

Pero la casualidad quiso además que el partido de las 20:30 que cierra todas las semanas la jornada italiana fuera precisamente en Roma. Debía enfrentar al equipo de Spalletti con el Cagliari, y vistos los incidentes de la tarde y que además el encuentro debía disputarse en la ciudad de Sandri, la Viminale y la Federación decidieron suspenderlo. Pero no consiguieron evitar el alboroto en la capital romana. Varios grupos de seguidores ultra se enfrentaron a la policía, que se vio obligada a utilizar gases lacrimógenos tras sufrir el lanzamiento de petardos por parte de los tiffosi. Parece ser que en su enfado contra las fuerzas del orden, las hinchadas de Lazio y Roma, rivales irreconciliables, se unieron para atacar a los agentes. A la hora en la que el Olímpico debía ser escenario de la fiesta del fútbol, sus alrededores se convirtieron en un campo de batalla.


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