Planeta Axel

Análisis, perfiles e historias de fútbol internacional

El mejor domingo posible en Inglaterra

15 Dic 2007
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Lo llaman Super Sunday o Grand Slam. La etiqueta da igual. Es un día maravilloso, el mejor posible, aquel que todos los amantes del fútbol inglés tienen marcado en el calendario: toca quedarse en casa. Nada de comidas familiares, de escapadas a la casita del monte, ni de viajecitos culturales. A poder ser, el tema alimenticio debería resolverse con un bocadillo apresurado entre un partido y el otro. No vaya uno a perderse la jugada más destacada mientras está pinchando con el tenedor el trozo de carne. Hay que verlo todo: la salida al campo de los equipos, el saludo inicial de los entrenadores, la mirada de concentración de las estrellas… En un día como éste, deberíamos quedar exentos hasta de algo tan natural como el parpadeo.

Y es que mañana, los cuatro gigantes indiscutibles de la Premier se miden entre sí en un doble enfrentamiento prodigioso. Además se cruzan de la mejor forma posible a efectos geográficos y de rivalidad: Liverpool-Manchester United y Arsenal-Chelsea. Por un lado, el gran clásico del fútbol inglés por títulos e historia, que opone además a los conjuntos principales de dos ciudades separadas por escasos kilómetros, una hora como mucho en coche. Por el otro, derbi londinense de matices sociales innegables: un equipo del norte de la capital, con la base de aficionados más multirracial de la liga, ante uno de la zona central, de un barrio rico y acomodado. Y lo mejor de todo: los cuatro siguen vivos en la lucha por la Premier y dan la sensación de poder pelearla hasta el final.

En el duelo de Anfield hay coincidencia. Será más especial que el de los últimos años, porque el Liverpool ha mejorado sus prestaciones y parece presentar por fin una candidatura al título. Los de Benítez tienen deseo de venganza. La temporada pasada, cuando el United estaba inmerso en una carrera de fondo contra el Chelsea, los de Ferguson ganaron en el santuario red gracias a un gol de John O’Shea al final de un partido dominado absolutamente por el equipo de Rafa. El técnico español reconoció esta semana que aquella jugada produjo una enorme frustración en su vestuario: “Fuimos mucho mejores que ellos ese día. Conceder el tanto en el último minuto fue lo peor de todo, un momento muy malo para nosotros”. Le preguntaron por cómo espera que Torres responda a la presión de un partido tan especial, algo que no preocupa en exceso a Benítez: “Ha jugado ya varios Madrid-Atlético. Más o menos es un encuentro similar”. Ferguson remarcó el carácter único del choque, comentando que no hay ningún otro en Inglaterra que se le pueda parecer. Y contrariamente a Rafa, que dijo pensar sólo en el duelo de Anfield, el escocés sí se atrevió a pedir un deseo: que en el Emirates se registre un empate.

Y eso fue lo que sucedió el año pasado. Un reparto de puntos que acabó con el sueño del Chelsea de lograr el tercer título consecutivo. En su primera visita al nuevo feudo del Arsenal entregó su condición de campeón al Manchester United. Fue el día en el que Mourinho se fue a aplaudir a su público y pidió a sus jugadores que se retiraran con la cabeza alta. Que José ya no esté le quita cierto sabor picante al partido, ya que sus desencuentros con Wenger alcanzaron gran fama en los tabloides londinenses. El técnico francés ha recibido buenas noticias en las últimas horas: Robin van Persie ya está recuperado de su lesión y el trío de centrocampistas que se perdieron la derrota en Middlesbrough evoluciona favorablemente. Cesc Fàbregas, Alex Hleb y Mathieu Flamini volvieron a entrenar con el grupo ayer por la mañana y podrían regresar al once inicial. Sin embargo, la decisión definitiva no se tomará hasta pocas horas antes del choque. El que no estará es Drogba, un contratiempo de gran magnitud para el Chelsea. Quizá sea el momento para que Shevchenko empiece a brillar.


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