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El instante decisivo de Kaká

17 Dic 2007
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24 de abril de 2007. Old Trafford, Manchester. Minuto 37 del partido de ida de semifinales de la Champions League entre el United de Ferguson y el Milan de Ancelotti. En ese preciso instante se gesta la jugada decisiva en la elección del mejor jugador del año. Más tarde, Ricardo Izecson dos Santos Leite, Kaká, añadiría más méritos a su candidatura, pero ese fue el momento en el que el mundo supo que, casi con toda probabilidad, si el equipo rossonero se proclamaba campeón de Europa los premios individuales de 2007 serían para el brasileño. Lo de Atenas fue una confirmación, la prueba irrefutable, pero los primeros indicios, los que dieron la pista, se encontraron en el césped del Teatro de los Sueños. Se presentaron en forma de autopases extraordinarios: un balón bombeado con la derecha y una prolongación con la cabeza que quedó muy espectacular con el choque de los centrales. Fue seguramente la gran escena futbolística del año. Sobre todo porque su protagonista, pocos minutos antes, ya había logrado un gol importantísimo.

La FIFA ratificó anoche lo que France Football ya había decidido unas semanas antes: Kaká se lleva todos los honores en este año que termina. También confirmó lo que los rumores apuntaban desde hacía días –es una lástima que no pueda mantenerse el secreto hasta el final, al estilo de los Oscars de Hollywood, y que las filtraciones le resten emoción a una gala que podría convertirse en un acontecimiento de cierto interés-. El triunfo del milanista es el de una estrella brasileña atípica: un joven nacido en la poco futbolística ciudad de Brasília, capital del país, y ajeno a las penurias económicas de la mayoría de futbolistas que surgen en su tierra. Un devoto absoluto de la fe cristiana que no duda en dedicarle cada gol a Dios. Un Atleta de Cristo que ha expresado el deseo de convertirse en pastor evangélico cuando se retire. Un hombre muy familiar que confesó haber llegado virgen al matrimonio. Y un ídolo absoluto en el mundo del fútbol, el objeto de deseo de grandes clubes europeos, especialmente del Real Madrid. Si ya era difícil sacarle de Milán cuando Ramón Calderón ganó las elecciones a la presidencia del club blanco, hacerlo ahora parece una utopía irrealizable. Por su perfil humano, Kaká no parece dispuesto a marcharse armando un gran escándalo.


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