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De Dudley a Belgrado: un viaje por los Busby Babes

06 Feb 2008
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Dudley, con casi 200.000 habitantes, es la decimonovena ciudad más poblada de Inglaterra. La más grande sin un equipo de fútbol en una división profesional. Sus clubes no han superado nunca la séptima categoría. Sin embargo, desde hace cincuenta años es un lugar de culto para los amantes de este deporte. Allí nació y está enterrado Duncan Edwards, una leyenda del Manchester United y de la selección inglesa, una de las víctimas del desastre aéreo de Munich en el que murieron 23 personas y del que hoy se cumple exactamente medio siglo. Cuentan los que lo vieron jugar que estaba destinado a convertirse en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Falleció a los 21 años e integró un equipo inmortal, el de los Busby Babes, el que alcanzó una altura mitológica en un aeropuerto bávaro cuando el avión de regreso a casa intentó despegar sin éxito tras recargar combustible.

Alex Ferguson quiso que sus futbolistas entendieran la magnitud de la tragedia que se va a conmemorar en el amistoso de esta noche en Wembley entre Inglaterra y Suiza y, sobre todo, el domingo en el derbi de Manchester entre el United y el City. Sentó a la actual plantilla de los red devils en un aula para que aprendieran ese capítulo de la historia del club y quedó impresionado ante su actitud de impecable silencio y respeto.

Esas nociones académicas estaban destinadas, básicamente, a los extranjeros, más ajenos a un hecho conocido por todos los británicos. Sin embargo, a Nemanja Vidic no hubiese sido necesario que se lo contaran. El central serbio creció en el Estrella Roja, el equipo contra el que había jugado el United la noche anterior a la tragedia en una eliminatoria de cuartos de final de Copa de Europa. Desde entonces, en Belgrado se tiene un cariño especial por el United, hasta el punto que el sueño de adolescente de Vidic era llegar algún día a jugar en Old Trafford.

Harry Gregg, el portero de aquel equipo legendario que logró llegar a la final de FA Cup tres meses después de la catástrofe –con cuatro supervivientes en el once inicial-, viajó a Belgrado el pasado mes de octubre para encontrarse con Vera Lukic, su hija Vesna y su hijo Zoran –que nació dos meses después de ese 6 de febrero de 1958-, a los que salvó en ese avión después del impacto en Munich. Rechazó que lo llamaran héroe y pidió que en los actos conmemorativos se recuerde la alegría de aquel equipo que rebozaba juventud: ese banquete repleto de felicidad después del partido, esa emoción por haberle ganado al Arsenal por 5-4 el fin de semana anterior. Promediaban 24 años y estaban dispuestos a conquistar el mundo.


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