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Egipto y Abo Treika, aún más grandes

11 Feb 2008
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Egipto ha hecho honor a su sobrenombre: se ha comportado como un equipo faraónico. Es decir, grandioso. La campeona de África en 2006 revalidó su título ayer en Accra –sexto en su historia-, para que no quepa duda sobre su reinado continental. Y lo hizo con estilo, mandando, jugando un fútbol maravilloso. Poniendo el broche a un torneo fantástico, derrotando con justicia a Camerún en la final (1-0) con un gol de Mohamed Abo Treika, el gran mito del Al-Ahly y del combinado nacional, el hombre que convirtió el penalti definitivo ante Costa de Marfil hace dos años y que repitió como héroe con una definición de enorme categoría. La CAN 2008 la ganó el equipo que demostró ser, de largo, el mejor.

Sabedor de su superioridad, el conjunto de Shehata salió a por el partido. Y si tardó tantos minutos en lograr el gol que decantó la balanza fue por el acierto de un Kameni prodigioso que mantuvo vivos hasta el final a los leones indomables. El arquero del Espanyol lo paró casi todo, especialmente dos remates a bocajarro de Emad Moteab en el primer tiempo. También un disparo lejano de Abd-Rabo Hosny, el futbolista más valioso del torneo. Egipto hasta llegó a rematar el poste. Parecía que los astros no estaban de su lado, pero el peso de su superioridad era demasiado exagerado como para que no se cumpliera la lógica. No fue una acción colectiva la que dio la gloria a los faraones. Fue un error de Rigobert Song, que se complicó enormemente al recibir un balón en defensa. Zidan lo peleó con fe, se lo acabó arrebatando y asistió a Abo Treika, que llegó desde atrás y disparó al primer toque, raso, junto al palo corto. Era el minuto 76, pero los jugadores lo celebraron como si fuera ya la consecución del título.

Aunque luego Egipto asumió muchos riesgos. Retiró a Zaki y a Abo Treika –con lo que ello hubiese significado en una hipotética prórroga- y se echó demasiado atrás, regalando por momentos el balón a Camerún. Pudo costarle caro, pero cuando M’Bia se sacó un disparo peligrosísimo apareció Essam El-Hadary, monumental una vez más, para rechazar el balón con una mano prodigiosa. Fue la única ocasión realmente clara del equipo de Pfister, que puede darse por satisfecho con su subcampeonato visto lo que ha ofrecido a lo largo del torneo. Eto’o volvió a tener un papel anónimo, maniatado por esa defensa de tres centrales que rindió al mismo nivel que sus compañeros.

Mención especial merece el tercer título de Ahmed Hassan, que empezó el torneo como suplente pero jugó los dos últimos encuentros, más retrasado de lo que en él es habitual, y tuvo actuaciones magníficas. El centrocampista del Anderlecht estuvo en los equipos egipcios del 98, 2006 y 2008, por lo que adquiere estatus legendario. También el meta El-Hadary fue campeón en la cita de Burkina Faso de hace diez años, pero como suplente.


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