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Planeta Axel

Análisis, perfiles e historias de fútbol internacional

Todo River emula a Higuaín

08 Oct 2007
16:25 
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Hace justo un año –el 8 de octubre de 2006-, River le ganó a Boca por 3-1 y Gonzalo Higuaín, bigoleador en aquella tarde bonaerense, acaparó todos los titulares. Allí nació todo: la pelea entre Francia y Argentina por tenerlo en su selección, el interés de los grandes de Europa y el fichaje por el Real Madrid. Si no hubiera sido la estrella de aquel partido quizá nunca habría llegado al Bernabéu, aunque eso nunca lo sabremos. Sea como sea, aquel partido confirmó que el superclásico es un escaparate importantísimo al que se presta mucha atención desde nuestro continente.

Así que ayer comparecían de nuevo los dos grandes del fútbol argentino y, más allá del indudable interés de cara a la clasificación del Apertura –Boca se lo está jugando con Independiente-, la pregunta que flotaba en el ambiente versaba sobre quién recogería el testigo del Pipita. Una vez terminado el encuentro, no había respuesta posible: todo River había hecho méritos suficientes para ello.

Y es que el Millonario, que sólo está salvando la temporada con su buena campaña en la Copa Sudamericana, le dio un baño a su eterno rival. Mandó desde el principio y acabó ganando con comodidad. ¿Nombres propios? El de Radamel Falcao García, el delantero colombiano que vive recientemente un romance con el gol, autor del 1-0 con un zurdazo pletórico. El de Fernando Belluschi, el capitán y futbolista más valioso del cuadro de Passarella, que asistió con clase en ese primer tanto. El de Diego Buonanotte, el prodigio zurdo de 19 años que estrenaba titularidad, que forzó muchas faltas y el penalti del 2-0. El de Ariel Ortega, el talento ya restablecido de sus problemas personales, que convirtió esa pena máxima. El de Augusto Fernández, el joven centrocampista que sonó recientemente para el Real Madrid, que manejó el balón con una madurez tremenda en el centro del campo. Y el bloque, el colectivo que firmó una actuación memorable.

Si River buscaba a su nuevo Higuaín y no le hizo falta encontrarlo, Boca esperaba que el sucesor de Fernando Gago mandara en el centro del campo y le diera el dominio del partido. Pero no fue así. Éver Banega, el medio centro que hizo un Mundial sub-20 fantástico con la Argentina de Agüero, escogió el peor partido posible para tener un día de perros. Superado en todo momento, hizo dos faltas duras y se fue expulsado antes del descanso. Su roja provocó además que Russo tuviera que renunciar a su media punta, Leandro Gracián, con lo que la segunda parte se convirtió en un suplicio para los xeneize. Había que jugarla, pero ya se sentían derrotados.

La tarde terminó entre vítores de una grada que se fue a casa deseando que Independiente lograra la victoria en el partido nocturno ante Newell’s y se marchara ya a los cinco puntos de ventaja. Passarella salvó de nuevo la cabeza ganándole al eterno rival. Es curioso: no logra títulos pero le tiene la medida tomada a Boca Juniors.

Clase bosnia en Baviera

06 Oct 2007
19:51 
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Desde que el histórico 1860 Munich pena en la segunda Bundesliga, lo más parecido a un derbi que aparece en el calendario de partidos del Bayern es su duelo con el Nurenberg. Es cierto: no es lo mismo. Durante la semana, los hinchas no habrán compartido mesa con aficionados del equipo rival en la mítica Hofbräuhaus –o en tabernas menos turísticas, ya que ahora lo que antes era autóctono se ha convertido en reclamo para forasteros-, ni habrán degustado cervezas, bretzels y weisswürste discutiendo sobre si el color que mejor representa a la ciudad es el rojo o el celeste. Pero el enfrentamiento regional también tiene su gracia: con las colinas nevadas de fondo, bajo un cielo irremediablemente nublado, pelean una contra otra las dos grandes urbes de Baviera.

Aunque no lo parezca, el choque de mañana en el Allianz enfrenta a los dos equipos que más veces se han proclamado campeones de Alemania. Viene a ser una batalla del tiempo: el dominador del pasado contra el emperador del presente. El Nurenberg ganó cinco ligas en la década de los veinte y cuenta con un total de nueve: sin embargo, no puede presumir de ello en su camiseta, ya que sólo uno, el de 1968, pertenece a la era de la Bundesliga –que se instauró en el 63-. El Bayern presenta un historial radicalmente opuesto: de sus veinte campeonatos, diecinueve los ha logrado en los tiempos modernos.

El partido, pues, será especial. Para las aficiones y para los jugadores. Fundamentalmente para uno: Zvjezdan Misimovic. Este media punta de 25 años nació en Munich y se formó en las categorías inferiores del Bayern –llegando a debutar incluso en el primer equipo-, pero actualmente milita en el Nurenberg. Su nombre, nada alemán, revela una historia familiar de identidades matizadas. Sus padres vivían en Gradiska, un pueblo situado en el norte de la República Serbia de Bosnia, un territorio con entidad política integrado en Bosnia-Herzegovina pero cuyos habitantes son mayoritariamente serbios. Los padres de Misimovic también lo son, y decidieron emigrar a Baviera, donde tuvieron a su hijo. Éste, convertido ya en futbolista profesional, podría haber representado a Alemania, Serbia o Bosnia. Eligió la última y ahora es el capitán y el mejor jugador de esa selección.

Pero no sólo hablamos de Misimovic porque la historia de sus raíces sea curiosa o porque se formó en un equipo y mañana jugará con el rival. También lo hacemos por su calidad. Cuando llegó este verano procedente del Bochum –donde se convirtió en el mejor asistente del máximo goleador de la última Bundesliga, el griego Fanis Gekas, al que se enfrentará la semana que viene en un Grecia-Bosnia-, le dieron enseguida el dorsal número 10, signo inequívoco de su categoría futbolística. Una categoría que demostró este jueves en el complicado compromiso de su equipo en Bucarest en la UEFA Cup ante el Rapid. Con la eliminatoria muy pareja, Misimovic anotó un gol de crack: su marcador, consciente de que tenía delante a un jugador diestro, le ofreció el perfil zurdo; él buscó rápidamente posición de disparo y con su pierna mala se sacó un latigazo con efecto y precisión que entró a media altura, pegado al poste. Acabó siendo el tanto decisivo que certificó el pase del Nurenberg a la fase de grupos.

Misimovic se reencontrará mañana con viejos conocidos. Bastian Schweinsteiger y Christian Lell, que están jugando con regularidad en el gigante bávaro esta temporada, fueron compañeros suyos en el filial del Bayern. Aunque no estarán para muchas concesiones. Y es que el espíritu con el que afrontará el partido el conjunto de Hitzfield será cercano al deseo de venganza. De recuperar la supremacía regional después de que el Nurenberg les pasara la mano por la cara en más de una ocasión la pasada campaña: salió vencedor de los duelos entre ambos en la Bundesliga –empate a cero en el Allianz y un humillante 3-0 en la vuelta- y cerró la temporada festejando el título de Copa –en contraste con un Bayern que la acabó en blanco-.

Pero todo parece indicar que las aguas –y Baviera es una tierra plagada de ellas, entre ríos, lagos y canales- volverán a su cauce. Eso señala la inercia. El grande es líder invicto del campeonato y está dejando unas sensaciones magníficas, mientras que el pequeño anda en zona de descenso flirteando con un riesgo que le es muy familiar pero del que consiguió escapar los dos últimos años. Dura tarea para Misimovic.

Abramovich: la ambición sin límite

03 Oct 2007
23:53 
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Ujtá. Ciudad industrial situada en el noroeste de Rusia. A unos 2.000 kilómetros de Moscú. Poco más de cien mil habitantes. La vida transcurre como pasada por un filtro grisáceo. Todo parece lejos, todo está lejos. Los días se suceden lentamente mientras las fábricas locales van extrayendo petróleo cerca del río. Aparentemente, hablar de un sitio como este en un periódico español suena raro. Pero allí creció y estudió Roman Abramovich.

Cuando el hoy presidente del Chelsea vivió allí, en casa de su tío, que le cuidó a él y a su hermana al morir sus padres –se quedó huérfano a los tres años-, quizá no había oído hablar nunca del club londinense. Es posible que ni le interesara el fútbol: cuentan que fue una afición que le vino ya de adulto, no mucho antes de desembarcar en ese barrio elitista de la capital inglesa. Lo que aprendió Abramovich en Ujtá fue el valor del petróleo. Allí casi todo el mundo vivía de él. Así que cuando creció y las reformas de Gorbachov permitieron la creación de pequeñas empresas privadas, enseguida se encaminó hacia ese sector. Y a principios de los noventa ya poseía cinco compañías que comerciaban con él. De este modo nació su fortuna. Una fortuna que ha tenido una influencia importantísima en el fútbol europeo en los últimos años.

Es complicado explicar cómo llegó a la cima desde la nada. Su caso puede asemejarse al de personas que tuvieron que convivir desde muy pequeñas con grandes dificultades y desarrollaron un espíritu repleto de determinación, enfocado únicamente a labrarse un camino que les cambiara la vida. Abramovich habría escuchado en su casa la historia de sus abuelos paternos, que tuvieron que marcharse refugiados a Siberia cuando las tropas soviéticas ocuparon Lituania en 1940. Los otros, los de fuera, habían marcado el destino de sus antepasados. Eso no podía ocurrirle a él: debía encontrar la fórmula para pasar al otro extremo. De ser él quien marcara el destino de los demás.

Esa fórmula se llamó dinero. Y éste siempre estuvo de su parte. Los negocios funcionaron de maravilla y su riqueza no dejó de crecer, sobre todo después de adquirir el control de la compañía petrolífera Sibneft, una de las más importantes del país. Con la vida resuelta a nivel económico, Abramovich pudo dedicarse a otros asuntos, siempre relacionados con el poder. Siempre enfocados a hacer crecer aún más su prestigio a nivel internacional. A la política. Pero también al fútbol.

Y aunque surgieron voces que reclamaron que invirtiera en el balompié de su país –patriotas rusos que esperaban que convirtiera al CSKA, al Spartak o al Lokomotiv en potencias continentales-, decidió apostar por Inglaterra. El Chelsea no fue una elección sencilla. Los colores, es evidente, le importaban poco. Le daba igual uno que otro. Si se quedó con los blues fue porque en aquel momento eran, de los grandes, los que peor estaban económicamente. Los que más fácilmente accederían a vender. Los que podía adquirir con un desembolso menor. Así nació la era del Chelski.

El resto de la historia es conocido por todos. El conjunto londinense ha ganado más títulos que ningún otro equipo en su país durante el reinado de Abramovich, pero para el mandatario ruso no los suficientes. Un hombre de su ambición no se conforma con torneos locales: quiere lo máximo, lo global. Así que aprovechó la primera crisis de resultados para que su choque de personalidades con Mourinho se hiciera insostenible. Sin el portugués en el banquillo aumenta su control sobre el equipo. Por mucho que Avram Grant dijera que actuaría con independencia, sus primeras alineaciones parecen mucho más del agrado del ruso. Con Shevchenko titular.

El riesgo es máximo. Los conflictos en un vestuario muy afín al técnico de Setúbal amenazan con ser cada vez más importantes. Y Abramovich, el hombre que ha podido con todo, puede encontrar en el fútbol su primer fracaso.

Goran Pandev, el heredero del gran Pancev

03 Oct 2007
23:44 
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La Lazio post-Cragnotti no tiene nada que ver con aquel superequipo que, construido a partir de los millones de la multinacional Cirio, logró ganar la Recopa del 99 y la Serie A del 2000. Se fueron los grandes nombres –los Nesta, Nedved, Vieri, Salas, Crespo- y llegaron los tiempos de la humildad. Y con ella, con un muy buen entrenador –Delio Rossi- y con mucho trabajo, el equipo romano ha logrado volver a la Champions con un meritorio tercer puesto conseguido en la temporada del Moggigate.

No hay estrellas, no hay futbolistas famosos. Tanto ha cambiado la historia que quizá el más interesante sea el macedonio Goran Pandev. Zurdo exquisito, delantero móvil y talentoso, llegó a Roma en 2004 para sufragar parte del fichaje de Dejan Stankovic por el Inter. El club lombardo lo había fichado cuando era muy joven y aún actuaba en su país, pero nunca le dio la oportunidad en el primer equipo. Con la camiseta celeste se ha convertido en uno de los delanteros más interesantes de la Serie A.

Pandev es actualmente el mejor jugador de Macedonia y se le considera el heredero natural de Darko Pancev, el futbolista de mayor renombre que ha dado la antigua república yugoslava en toda su historia. El hombre que en 1991 se cubrió de gloria: fue máximo goleador del fútbol europeo y anotó el penalti definitivo que convirtió al Estrella Roja en campeón continental. Pandev no sólo se le parece en el nombre: también en categoría futbolística.

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