Una Revolución envenenada por el miedo

05 Ene 2010
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ANTONIO AVENDAÑO

En Cuba no se sabe a ciencia cierta quién tiene más miedo de quién, si los ciudadanos del Gobierno o el Gobierno de los ciudadanos. Todas las dictaduras, al fin y al cabo, se sostienen sobre ese equilibrio entre ambos miedos.
Es cierto que hay muchos cubanos que respaldan a Fidel Castro, pero es cierto también que no sabemos exactamente cuántos lo hacen porque el castrismo prohíbe contarlos. El Gobierno sostiene en público que sus enemigos son muy pocos, pero sospecha en privado que podrían ser demasiados. O, en todo caso, suficientes para derribarlo si se permitiera contarlos dejándoles votar libremente. Sin embargo, una parte significativa de la izquierda europea sigue pensando que es mucho mejor para los cubanos negarles el ejercicio de esa contabilidad democrática que es el voto libre y secreto. Paradójicamente, sabemos cuántos castristas hay en Europa, pero no sabemos cuántos hay en Cuba. Lo más probable es que, al igual que en Europa, también en Cuba hayan ido menguando.
El Gobierno así lo cree y por eso ha prohibido la entrada al eurodiputado Luis Yáñez: porque se proponía hablar con personas partidarias de quebrar ese equilibrio de miedos en que ha degenerado la Revolución cubana.

Un tipo llamado Gibson, Ian Gibson

18 Dic 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

Ayer fue un día grande para el bando nacional. El lugar sagrado donde se creía que estaba Lorca es un altar vacío. Bien merecido que lo tienen los rojos resentidos que no tienen nada mejor que hacer que ir llenando España de agujeros para ganar en las cunetas lo que no supieron ganar en el campo de batalla. ¿Que de quién es la culpa? De Gibson, naturalmente. Los herederos sentimentales de quienes ordenaron matar a Lorca ya tienen de quién mofarse.
Ayer se levantó la veda contra el irlandés errante. Se lo tiene merecido, a ver quién lo manda a él, un extranjero, un apátrida, un descreído de la católica Irlanda, o peor aún, un medio inglés, a ver quién lo manda meterse donde no lo llaman, como si los españoles no fuéramos lo bastante hombres no sólo para matarnos unos a otros, sino para investigar cojonudamente y mejor que cualquier forastero dónde nos asesinamos y nos enterramos unos a otros. Hoy todas las miradas se giran hacia Gibson porque cuatro semanas de honestas y concienzudas excavaciones arqueológicas parecen haber desbaratado cuarenta años de honestas y concienzudas investigaciones históricas.
Muchas veces se ha dicho que Lorca somos todos. Pues bien: hoy es el día de proclamar que Gibson somos todos. No me llaméis Antonio, llamadme Gibson, Ian Gibson. Le debemos mucho a este tipo con aspecto de niño grande y gesto gruñón que hizo por este país lo que este país no había sido capaz de hacer por sí mismo: señalar con coraje a los malos y buscar con pasión la verdad. Creímos que la había encontrado, pero parece que no. La culpa no es de Gibson: la  culpa será, en todo caso, de la verdad, que a veces es una borde y no está donde debería. Sobre todo en España.

Lorca nos regaló un hermoso viaje

04 Dic 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

Geógrafos, arqueólogos, forenses, antropólogos, genetistas. Cámaras, radares. Periodistas. La excavación sería larga. Los miles de huesos hallados habrían de ser meticulosamente fotografiados, filmados, clasificados y analizados. Todo había sido minuciosamente preparado para celebrar en pocas semanas la gran función histórico-literaria en la que desvelaríamos al mundo uno de los secretos más feroces y vergonzantes de la historia de España: el asesinato nocturno y la sepultura clandestina del poeta García Lorca.
Por una vez mucha gente había hecho bien su trabajo. Los historiadores habían señalado, citando fuentes fiables, el lugar más probable del enterramiento de Lorca y sus acompañantes. Las asociaciones de memoria habían logrado vencer las resistencias políticas y familiares a horadar el lugar. La Consejería de Justicia y el comisario para la Memoria Histórica de Andalucía habían activado todos los medios, protocolos y precauciones aconsejables para que la investigación no se convirtiera en un circo.
Los vivos han hecho bien su trabajo, pero los muertos no han estado a la altura. No están enterrados donde debían. Para una vez que este país hace lo que hay que hacer, todo parece salir mal. La caverna se frotará las manos viendo a tanto rojo haciendo el ridículo. La maledicencia volverá a dar crédito al vil rumor de que los Lorca trasladaron el cadáver. Pues bien, y aunque no aparezca hueso alguno: hicimos lo que teníamos que hacer y lo hicimos bien. No alcanzamos las costas de Ítaca porque en Fuente Grande no había nada, pero hicimos una travesía que nos debíamos a nosotros mismos como país. Como diría Cavafis y suscribiría Lorca: “Ítaca nos regaló un hermoso viaje”.

Responso civil por los ‘fusilados’ del 59

19 Oct 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

El viejo chiste de Gila sobre los cojos es viejo, pero no envejece. “¿Usted es que es cojo, verdad? No señor, es que me fusilaron mal”. A miles de niños nacidos a finales de los cincuenta, la España de Franco no nos fusiló mal como a Gila pero nos dejó cojos,
que es un modo de fusilamiento silencioso y por lo civil,
que suele durar toda la vida.
Los pobres niños cojos de la dictadura nunca pudimos suponer que nuestra cojera tuviera algo que ver con la dictadura, sobre todo porque ni sabíamos lo que eran las dictaduras ni podíamos sospechar cómo se las gastaban las dictaduras con los niños. Sobre todo con los niños pobres, a cuyas pobres familias sin apenas instrucción nadie les dijo jamás que hacía años que ya se conocía y se inoculaba con éxito en muchos países una eficaz vacuna contra aquella enfermedad que había dejado a sus hijos baldados para siempre.
En aquellos años, el régimen era las dos peores cosas que se puede ser en esta vida: era malvado y estúpido. Aunque seguiría siendo malvado hasta el final, el franquismo empezó a dejar de ser estúpido en los sesenta: de hecho, en 1964 eran vacunados los niños masivamente. La racionalidad llegaba al fin a la política sanitaria franquista, pero llegaba demasiado tarde, cuando el virus de la polio ya había profanado los cuerpos infantiles de media España.
De aquel fusilamiento fallido del que salió vivo de milagro, Gila logró hacer un chiste indulgente y sin rencor. Durante mucho tiempo, los fusilados del 59 no estuvimos para chistes. Cumplidos los 50, ya podemos burlarnos con indulgencia de nuestra cojera pero, al contrario que a Gila, a nosotros siempre nos quedará un resto de rencor contra aquella maldad y aquella estupidez que devastaron nuestra infancia.

Cuando los malos no pueden dejar de serlo

09 Oct 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

Un violador lo es por voluntad propia o lo es porque no tiene más remedio que serlo? Todo el mundo está de acuerdo en que cualquier violador es un cabronazo, pero es difícil ponerse de acuerdo en si es un cabronazo porque quiere y porque no le importa serlo, como ocurre con tantos cabronazos, o si lo es porque es esclavo de impulsos incontrolables que le conducen fatalmente a serlo.
A las víctimas de violación o de agresión sexual les da extactamente igual esta clase de preguntas, y hacen muy bien en que les dé igual. Bastante tienen con su dolor y su humillación y su rensentimiento como para andarse con metafísicas penitenciarias. Opinan que unos tipos así deben estar encerrados de por vida porque nunca dejarán de ser lo que son.
La tenacidad ciega del comportamiento de Alejandro Martínez Singul indicaría que el tipo no es capaz de comportarse de otra manera que agrediendo a niñas en los ascensores y violando a mujeres en los descampados. Un tipo que se tira cerca de veinte años en la cárcel y al día siguiente se pone a hacer, sin mayores cautelas, las mismas cosas que lo condujeron a ella, no sólo es un tipo que no es muy listo: es alguien que no podrá reinsertarse jamás. Al pensamiento humanista de la modernidad le cuesta aceptar este hecho porque parece quebrantar la teoría general de que la gente puede reformarse porque la delincuencia tiene causas circunstanciales y no genéticas. Esa teoría general es cierta, pero es cierta en general, es decir, que a veces no lo es.
Ante estos casos parece razonable inducir la inhibición sexual del violador mediante fármacos. De hecho, es seguramente la única manera civilizada de lograr que ciertos incivilizados cabronazos dejen de serlo de una vez.

Cuelgamuros nunca será un cementerio normal

30 Sep 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

Lo peor del monumento del Valle de los Caídos es que en España sigue habiendo demasiada gente que piensa que se trata de un monumento normal erigido en un valle normal por trabajadores normales y en el cual está enterrada gente normal, entre la cual se cuenta precisamente el dictador y general africanista Francisco Franco, de quien a su vez demasiada gente sigue creyendo que fue un gobernante normal.
Esa anormal sucesión de miradas de normalidad sobre cosas absolutamente anormales se vio anormalmente truncada ayer en el Congreso de los Diputados con la aprobación de una Proposición No de Ley promovida por los diputados Joan Herrera y Uxue Barkos que insta al Gobierno a retratarse de una maldita vez en este asunto ayudando a identificar y exhumar a los muertos republicanos enterrados bajo el ominoso granito de Cuelgamuros sin el consentimiento de sus familiares. La iniciativa salió adelante porque en esta ocasión el socialismo indeciso logró decidirse y entendió que sí, que esta vez había que dar a las familias la oportunidad de normalizar sus panteones familiares enterrando en ellos a sus difuntos lejanos.
El Grupo Socialista, espoleado por ICV y Nafarroa Bai, hizo ayer bien su trabajo. Ahora tiene que hacerlo el Gobierno. Y es que con este envenenado asunto de la memoria histórica los socialistas se enfrentan al insalvable problema de querer cumplir sus promesas quedando bien con todo el mundo, y eso no es posible. No es posible gestionar con decencia la anormalidad del Valle de los Caídos quedando bien con las familias, con la Iglesia, con la derecha, con la izquierda, con el pasado, con el presente, con el futuro y, por supuesto, quedando bien consigo mismos. Eso no puede ser. Sería bonito que pudiera ser, pero no puede ser.

Rajoy cree en la crisis, pero no cree en la Gürtel

27 Sep 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

El de ayer no parecía en absoluto el mitin de un partido con problemas, sino el de un partido a punto de arrasar en las elecciones. Los asistentes al fiestorro demostraron creer en la crisis económica, pero no en la trama Gürtel. Toda España cree en la crisis, pero apenas la mitad cree en la Gürtel: esa es la gran baza electoral del PP. Mientras Zapatero está lastrado por la crisis y lo sabe, Rajoy lo está por la corrupción pero no lo sabe. O hace como que no lo sabe.
Su actitud es la de aquel armador inglés que iba a fletar un viejo barco con emigrantes, aun sospechando que el buque necesitaba una costosa reparación; al final superó sus dudas: aquellas pobres familias merecían una oportunidad. El barco naufragó y el patrón cobró el seguro. El pensador William Clifford no dudaba de la sinceridad del armador, pero sostenía que con tales indicios “no tenía derecho a creer en su barco; no había llegado a esa convicción investigando con paciencia, sino sofocando las dudas”. Rajoy tiene indicios de corrupción, pero no quiere creerlos. La euforia de ayer fue un ejemplo más de ello. No puede ponerse ahora a reparar el partido dejando tiradas a las pobres familias devoradas por la crisis. La incógnita electoral consiste pues en saber quién hundirá antes a quién: si la crisis a Zapatero o la Gürtel a Rajoy.

No es más eficaz, sólo es más egoísta

03 Sep 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

Todas las derechas del mundo han creído siempre que la letra con sangre entra y que el endurecimiento de las penas y la multiplicación de los escarmientos es el camino más corto para hacer justicia. Llevan razón en que se trata del camino más corto, pero no en que lo sea para hacer justicia.
Rebajar desde los 14 a los 12 años la edad penal de los menores es el camino más corto para muchas cosas: es el camino más corto para obtener votos, para satisfacer instintos vengativos o para mitigar el desconcierto de los ciudadanos ante ciertos crímenes pavorosos. Es el camino más corto para extender entre el público la ilusión vana de que existen soluciones simples a problemas complejos. Y no existen tales soluciones: si existieran, seguro que se sabría.
Incluir en la ley la opción de que un niño de 12 años que ha cometido un crimen sea encarcelado no mejora una sociedad, sino que la envilece. Y ni siquiera es eficaz para combatir esa violencia: si un menor de 14 años comete un asesinato la razón principal para hacerlo no será nunca su certeza de que no irá a la cárcel. Nadie de buena fe puede creer tal cosa.
Lo que sí cree de buena fe mucha gente es que endurecer las penas es algo bueno y eficaz, algo que hará que este mundo funcione mejor. Sin duda, multiplicar los escarmientos es algo bueno, pero lo es únicamente para la parte más vil de nosotros mismos, para la parte que exige ciegamente el ojo por ojo y el diente por diente, y que los exige no para impedir nuevos crímenes, sino simplemente para aplacar nuestro desconsuelo por los que se cometen sin que hayamos podido evitarlo. Endurecer las penas parece más eficaz, pero en realidad es sólo más egoísta. Nada más.

Un auto judicial que insulta a la inteligencia

03 Ago 2009
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MARCO SCHWARTZ

El auto que archiva la causa contra Camps y otros tres dirigentes del PP valenciano no merece el mínimo respeto y sienta un precedente muy grave para enjuiciar en el futuro los excesos de los cargos públicos. El tribunal confirma que el president recibió regalos de la trama corrupta Gürtel y, por lo tanto, que mintió ante la justicia y el Parlamento autonómico al asegurar que los había pagado de su bolsillo.

Sin embargo, en una pirueta argumental que insulta a la inteligencia, el escrito añade que no se puede colegir que recibiera esas dádivas en consideración de su cargo, con lo cual lo libra del delito de cohecho impropio.

Camps había pronosticado que le faltaba un “escaloncito” para poner fin a su calvario judicial. Ese peldaño era el tribunal que preside Juan Luis de la Rúa, de quien dijo en cierta ocasión que habría que buscar otra palabra en el diccionario que describa la “íntima y sentida” relación que los une. De la Rúa y su colega Ceres, con el honroso voto discrepante del magistrado Montero, han dado un abrupto carpetazo al expediente sin atender las peticiones de la fiscalía anticorrupción y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid para que llamase a declarar a los que dieron las dádivas.

De hacerlo, quizá el cohecho impropio se habría convertido en una figura delictiva mucho más grave. La fiscalía anticorrupción ha anunciado que recurrirá. Queda esa esperanza.

Marbella sólo se arregla con un apaño

26 Jul 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

El urbanismo ilegal y asilvestrado tiene de malo que no tiene arreglo. Cuando se han planeado, construido, hipotecado, vendido y cobrado miles de viviendas ilegales y se ha hecho todo ello con la connivencia de un poder del Estado como es el Ayuntamiento de una ciudad, que es a su vez fuente de legalidad él mismo, la única manera de arreglar las cosas es mediante un apaño.
Ciertamente, a los apaños políticos y jurídicos no se les llama así. Ni se les llama ni se les debe llamar así, porque entonces el público podría tomarlos a chufla y los propios promotores del apaño se verían expuestos a un escarnio público que, en realidad, no habrían merecido.
Con el urbanismo ilegal no puede aplicarse la ley con severidad porque hacerlo supondría el caos. ¿Cómo derruir miles de viviendas ilegales, pero habitadas? ¿A quién pedirle cuentas? ¿Quién paga todo eso? La única manera razonable de arreglar las cosas es el apaño: hacer un plan que legalice la mayoría de las ilegalidades, estipular compensaciones en algunos casos, hacer la vista gorda en otros y, en fin, hacer borrón y cuenta nueva.
Es lo que se está haciendo en Marbella, y no es poco. De hecho la Junta de Andalucía, de color socialista, y el Ayuntamiento de la ciudad, de color popular, están sustancialmente de acuerdo en todo, aunque discrepen en algunos detalles. A la alcaldesa Muñoz le gustaría que no hubiera ninguna demolición seria, mientras que el consejero de Vivienda Espadas piensa que algo habrá que derribar para que la gente lo vea por la televisión y se entere de una vez por todas de que el urbanismo salvaje puede salir un poco gratis, que puede salir incluso bastante gratis, pero que en ningún caso puede salir completamente gratis.
Espadas es un hombre capaz que conoce bien el paño político y urbanístico. Tiene, pues, buenos motivos para pensar que el único lenguaje que algunos son capaces de entender es el lenguaje de las demoliciones, que vienen a ser como la contrapartida ética del apaño, aquello que de algún modo justifica, ennoblece y redime el apaño.