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Se lo hemos puesto fácil

17 nov 2008
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ISAAC ROSA

En realidad lo de Moa y compañía, su éxito de ventas y su eco mediático, no tiene mucho mérito. Se lo hemos puesto fácil. Para empezar, nunca nos lo hemos tomado en serio. Cuando empezaron a circular sus libros y se le abrieron espacios de opinión en los medios, perdimos el tiempo caricaturizándolo. A veces nos cabreábamos, otras lo ridiculizábamos o le quitábamos importancia considerándolo un burdo continuador de la vieja propaganda franquista. Los historiadores decían que no era de su competencia. Y entre burlas e indiferencia, los revisionistas fueron ganando terreno, y sobre todo seguidores.

Además, cuando aparecieron encontraron el terreno despejado, sin obstáculos. El Estado se había echado la siesta durante tres décadas en que pensó que no hacía falta desmontar la que durante cuarenta años fue memoria oficial del país. Y la izquierda se había retirado también del terreno de juego y apenas podía oponer resistencia, enredada en sus propios complejos. Si Moa decía “Asturias, 1934”, los que debían responder miraban para otro lado, como avergonzados de su pasado revolucionario.

Los revisionistas de la Historia se encontraron el terreno despejado, y una ciudadanía receptiva a sus mensajes. Entre las generaciones educadas en la mitología franquista, y los jóvenes que salían del bachillerato sin haber oído hablar de Franco, no era difícil. Pero no pensemos que todo es ignorancia: sobre todo encontraron una parte de la población, la derecha sociológica, que estaba necesitada de un discurso que oponer frente al naciente movimiento ciudadano que empezaba a abrir fosas y podía amenazar su tranquilidad. Si añadimos la cobertura de la derecha política y mediática, que usa a los Moa, Vidal y Losantos como mamporreros de su causa –concediéndoles licencias de televisión, como en Madrid–, todo se entiende.