Católicos normales y católicos excepcionales
ANTONIO AVENDAÑO
A una gran parte de los cofrades de a pie le ocurre lo que a la madre de los niños Andrés y Javier que se han salvado el uno al otro gracias a la medicina. Soledad Puertas declaraba que ella es católica, pero normal, es decir, que no confunde la teología con la medicina, ni el catecismo con un tratado de genética, y por eso prefiere encomendar a sus hijos a los doctores de la Ciencia y no a los doctores de la Iglesia.
Pues bien, mientras las bases cofrades son católicas, pero normales, los capitanes de las hermandades son católicos, pero excepcionales: católicos que creen ser más católicos que nadie, aunque en realidad son otra cosa: son simplemente personas de derechas. Y tienen todo el derecho a serlo, pero no el derecho a convertir las hermandades que presiden en arietes de su ideología camuflados con los ropajes de la santidad.
La campaña contra el aborto promovida por los altos funcionarios de Iglesia ha fracasado entre las cofradías y se ha quedado en meras oraciones y proclamas porque los hermanos mayores saben que sus organizaciones están llenas de gente católica, pero normal, y que si tensaban en exceso la cuerda de su santa indignación, habrían desatado una contienda civil en el pueblo cofrade, que tiene mucho más de pueblo que de cofrade.
La propia Iglesia sospecha que los fastos de Semana Santa encarnan un peculiar catolicismo que no es de mentira, pero que tampoco es de verdad, de manera que mejor no ponerlo en la tesitura de declarar si es una cosa u otra. Así pues, tengamos la fiesta en paz.









