El ejército de la Memoria conquista San Rafael
ANTONIO AVENDAÑO
Las patrullas de civiles que conforman el difuso ejército de la Memoria vienen librando por su cuenta desde hace años una desigual guerra de guerrillas en la que sólo a base de tenacidad e ingenio han ido sorteando fosos, escalando fortalezas y ocupando almenas para hacer ondear sobre ellas la bandera de la verdad, que es una bandera que se compromete con todos, pero no se casa con nadie. Son un extraño ejército porque no tienen estado mayor ni general en jefe. Ni tampoco una estrategia definida. Lo más relevante de los guerrilleros de la memoria no son sus escuetas victorias, sino su determinación de no rendirse jamás.
El juez Baltasar Garzón, también por su cuenta, se sumó a la contienda meses atrás, pero fracasó. El centelleante magistrado que une en su persona a partes iguales la vanidad y el coraje intentó escalar en solitario el Castillo de la Memoria, pero los celosos alcaides y comendadores que guardan la fortaleza echaron abajo su intento. Otra vez será.
La justicia y la política españolas parecen compartir el mismo empeño de cerrar el paso a la verdad. Pero de vez en cuando las guerrillas populares, apoyadas por el alcalde del pueblo, alcanzan significadas victorias. La patrulla de Málaga es ejemplo para las que guerrean en otros campos de batalla. La bandera de la verdad ondeará muy pronto sobre la inmensa y desolada fosa de San Rafael. Los guerrilleros ya han rescatado restos de casi 3.000 vencidos y ahora se proponen saber quién fue cada uno de ellos y qué familia les queda en este mundo. Cuando las guerrillas ibéricas logren sumar un número suficiente de victorias es posible que entonces, y sólo entonces, hallen a alguien que quiera ser su general en jefe.









