Fue divertido mientras duró
ANTONIO AVENDAÑO
Un presidente que no se avergüenza de que un contratista de su Gobierno le regale trajes de dos mil euros no tiene por qué avergonzarse de haber hecho el ridículo al intentar a su vez ridiculizar la enseñanza de una asignatura mediante el novedoso sistema pedagógico de impartirla en inglés. En su día, la peregrina propuesta de Camps de impartir en inglés Educación para la Ciudadanía suscitó grandes muestras de jolgorio entre los satíricos del bando nacional, que celebraban el gran ingenio de la derecha para burlarse de las iniciativas escolares la izquierda resentida y decadente. ¿Con que quieren enseñar a nuestros hijos que los mariconzones de los gays son personas normales y se pueden casar, verdad? ¿Eso es lo que quieren enseñarles, no? Vale, bien, pues mira lo que hacemos los castizos con esas gilipolleces: nos las pasamos por el arco y ordenamos que en nuestras escuelas se enseñe eso, sí, vale, pero ¡en inglés! ¡Toma ya! ¡Chúpate esa, María Teresa!
Bueno, fue divertido mientras duró, pero la fiesta ha terminado. Ahora la Justicia se ha puesto justa y ha dicho que bromas, las justas y que con las cosas de educar no se juega, aunque ya el propio Ejecutivo había reculado meses atrás al admitir una moratoria en la aplicación de su ocurrencia.
Ahora la Generalitat va a recurrir el fallo judicial, pero no tanto porque crea poder ganar como para que el público no note el ridículo nacional que ha hecho Camps. Aunque tampoco es muy seguro que sea por eso: quien no tiene sentido de la vergüenza no es probable que lo tenga del ridículo.









