Publicidad

No es más eficaz, sólo es más egoísta

03 sep 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

ANTONIO AVENDAÑO

Todas las derechas del mundo han creído siempre que la letra con sangre entra y que el endurecimiento de las penas y la multiplicación de los escarmientos es el camino más corto para hacer justicia. Llevan razón en que se trata del camino más corto, pero no en que lo sea para hacer justicia.
Rebajar desde los 14 a los 12 años la edad penal de los menores es el camino más corto para muchas cosas: es el camino más corto para obtener votos, para satisfacer instintos vengativos o para mitigar el desconcierto de los ciudadanos ante ciertos crímenes pavorosos. Es el camino más corto para extender entre el público la ilusión vana de que existen soluciones simples a problemas complejos. Y no existen tales soluciones: si existieran, seguro que se sabría.
Incluir en la ley la opción de que un niño de 12 años que ha cometido un crimen sea encarcelado no mejora una sociedad, sino que la envilece. Y ni siquiera es eficaz para combatir esa violencia: si un menor de 14 años comete un asesinato la razón principal para hacerlo no será nunca su certeza de que no irá a la cárcel. Nadie de buena fe puede creer tal cosa.
Lo que sí cree de buena fe mucha gente es que endurecer las penas es algo bueno y eficaz, algo que hará que este mundo funcione mejor. Sin duda, multiplicar los escarmientos es algo bueno, pero lo es únicamente para la parte más vil de nosotros mismos, para la parte que exige ciegamente el ojo por ojo y el diente por diente, y que los exige no para impedir nuevos crímenes, sino simplemente para aplacar nuestro desconsuelo por los que se cometen sin que hayamos podido evitarlo. Endurecer las penas parece más eficaz, pero en realidad es sólo más egoísta. Nada más.