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Cuando los malos no pueden dejar de serlo

09 oct 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

Un violador lo es por voluntad propia o lo es porque no tiene más remedio que serlo? Todo el mundo está de acuerdo en que cualquier violador es un cabronazo, pero es difícil ponerse de acuerdo en si es un cabronazo porque quiere y porque no le importa serlo, como ocurre con tantos cabronazos, o si lo es porque es esclavo de impulsos incontrolables que le conducen fatalmente a serlo.
A las víctimas de violación o de agresión sexual les da extactamente igual esta clase de preguntas, y hacen muy bien en que les dé igual. Bastante tienen con su dolor y su humillación y su rensentimiento como para andarse con metafísicas penitenciarias. Opinan que unos tipos así deben estar encerrados de por vida porque nunca dejarán de ser lo que son.
La tenacidad ciega del comportamiento de Alejandro Martínez Singul indicaría que el tipo no es capaz de comportarse de otra manera que agrediendo a niñas en los ascensores y violando a mujeres en los descampados. Un tipo que se tira cerca de veinte años en la cárcel y al día siguiente se pone a hacer, sin mayores cautelas, las mismas cosas que lo condujeron a ella, no sólo es un tipo que no es muy listo: es alguien que no podrá reinsertarse jamás. Al pensamiento humanista de la modernidad le cuesta aceptar este hecho porque parece quebrantar la teoría general de que la gente puede reformarse porque la delincuencia tiene causas circunstanciales y no genéticas. Esa teoría general es cierta, pero es cierta en general, es decir, que a veces no lo es.
Ante estos casos parece razonable inducir la inhibición sexual del violador mediante fármacos. De hecho, es seguramente la única manera civilizada de lograr que ciertos incivilizados cabronazos dejen de serlo de una vez.