Publicidad

Lorca nos regaló un hermoso viaje

04 dic 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

ANTONIO AVENDAÑO

Geógrafos, arqueólogos, forenses, antropólogos, genetistas. Cámaras, radares. Periodistas. La excavación sería larga. Los miles de huesos hallados habrían de ser meticulosamente fotografiados, filmados, clasificados y analizados. Todo había sido minuciosamente preparado para celebrar en pocas semanas la gran función histórico-literaria en la que desvelaríamos al mundo uno de los secretos más feroces y vergonzantes de la historia de España: el asesinato nocturno y la sepultura clandestina del poeta García Lorca.
Por una vez mucha gente había hecho bien su trabajo. Los historiadores habían señalado, citando fuentes fiables, el lugar más probable del enterramiento de Lorca y sus acompañantes. Las asociaciones de memoria habían logrado vencer las resistencias políticas y familiares a horadar el lugar. La Consejería de Justicia y el comisario para la Memoria Histórica de Andalucía habían activado todos los medios, protocolos y precauciones aconsejables para que la investigación no se convirtiera en un circo.
Los vivos han hecho bien su trabajo, pero los muertos no han estado a la altura. No están enterrados donde debían. Para una vez que este país hace lo que hay que hacer, todo parece salir mal. La caverna se frotará las manos viendo a tanto rojo haciendo el ridículo. La maledicencia volverá a dar crédito al vil rumor de que los Lorca trasladaron el cadáver. Pues bien, y aunque no aparezca hueso alguno: hicimos lo que teníamos que hacer y lo hicimos bien. No alcanzamos las costas de Ítaca porque en Fuente Grande no había nada, pero hicimos una travesía que nos debíamos a nosotros mismos como país. Como diría Cavafis y suscribiría Lorca: “Ítaca nos regaló un hermoso viaje”.