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Una Revolución envenenada por el miedo

05 ene 2010
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ANTONIO AVENDAÑO

En Cuba no se sabe a ciencia cierta quién tiene más miedo de quién, si los ciudadanos del Gobierno o el Gobierno de los ciudadanos. Todas las dictaduras, al fin y al cabo, se sostienen sobre ese equilibrio entre ambos miedos.
Es cierto que hay muchos cubanos que respaldan a Fidel Castro, pero es cierto también que no sabemos exactamente cuántos lo hacen porque el castrismo prohíbe contarlos. El Gobierno sostiene en público que sus enemigos son muy pocos, pero sospecha en privado que podrían ser demasiados. O, en todo caso, suficientes para derribarlo si se permitiera contarlos dejándoles votar libremente. Sin embargo, una parte significativa de la izquierda europea sigue pensando que es mucho mejor para los cubanos negarles el ejercicio de esa contabilidad democrática que es el voto libre y secreto. Paradójicamente, sabemos cuántos castristas hay en Europa, pero no sabemos cuántos hay en Cuba. Lo más probable es que, al igual que en Europa, también en Cuba hayan ido menguando.
El Gobierno así lo cree y por eso ha prohibido la entrada al eurodiputado Luis Yáñez: porque se proponía hablar con personas partidarias de quebrar ese equilibrio de miedos en que ha degenerado la Revolución cubana.