Doble retrato de dos hombres y un partido
ANTONIO AVENDAÑO
Los socialistas andaluces cambian de montura en mitad de la corriente y eso siempre tiene sus riesgos. Pero que no se burle el PP: ya quisiera tener monturas suficientes para poder hacer lo mismo. 514 delegados deciden un cambio de calado tal vez mayor de lo que pudiera parecer. He aquí por qué:
Chaves era un presidente tranquilo y Griñán es un presidente inquieto.
Chaves era un líder previsible y Griñan es un líder imprevisto y repentino.
Chaves tiende al silencio y Griñán tiende al monólogo.
Para Chaves era un lastre político no tener nunca prisa y para Griñán lo es tener demasiada.
A Chaves suele faltarle alguna frase rotunda para redondear las entrevistas mientras que a Griñán suelen sobrarle varias.
Chaves es un aristotélico que cree ser platónico y Griñán es un platónico que cree ser aristotélico.
Si es cierto el antiguo adagio helénico de que el zorro sabe muchas cosas y el erizo sólo sabe una gran cosa, Griñán es un zorro y Chaves un erizo.
Chaves es una liebre que se cree una tortuga y Griñán es una liebre que siempre supo que lo era.
A Chaves le costó mucho menos tiempo convencer a los demás que convencerse a sí mismo de que sería un buen secretario general, mientras que a Griñán le pasa seguramente lo contrario. Chaves logró ser secretario general como esos alumnos que sacan un aprobado tras estudiar horas y horas. Griñán lo será sólo con haber echado una ojeada a los temas la noche anterior. Uno estudió para aprobar. El otro tendrá que hacerlo para merecer el aprobado que hoy le regalarán esos 514 indulgentes profesores que lo examinan en Sevilla.









