Razones sólidas… y exceso de celo
MANUEL RICO
El Gobierno vasco sabía que el Tribunal Constitucional iba a tumbar la consulta, pero mantenía la esperanza de que pudiera haber algún voto particular. El hecho de que un magistrado prestigioso y nada sospechoso de lerrouxismo como Pablo Pérez Tremps haya apoyado la declaración de inconstitucionalidad demuestra que la iniciativa de Ibarretxe tenía difícil defensa legal. Para empezar, porque el Estatuto de Gernika no incluye entre las competencias de Euskadi la convocatoria de consultas.
La sentencia del Constitucional es extremadamente dura con la iniciativa de Ibarretxe y contiene un claro aviso a navegantes –en la Generalitat están preparando su Ley de Consultas–, en forma de recordatorio de la “indivisible unidad de la Nación española”. Y tiene un aspecto que, sin duda, generará la mayor polémica: la afirmación de que lo que realmente pretendía Ibarretxe era establecer “una nueva relación” entre España y Euskadi.
Es evidente que el lehendakari intentó ese cambio con el proyecto de reforma del Estatuto que tumbó el Congreso el 1 de febrero de 2005, pero es más discutible sostener dicho argumento tras la lectura de las dos preguntas que figuran en la papeleta de la consulta. Y no se entiende muy bien que los magistrados del TC, teniendo munición jurídica suficiente para declarar la ilegalidad de la iniciativa, hayan decidido meterse también a leer la mente del lehendakari.








