Alfons López Tena
No podemos formar parte de una relación con judíos que quieren avanzar en el derecho de autodeterminación. O nos convertimos en un partido light o en un partido resistente. Si el partido no sirve para defender la Nación, pues ese partido no servirá. Quiero que el partido esté en la resistencia ante esta perversa Nación que algunos quieren construir. La existencia de partidos judíos, claramente separatistas, constituye un punto de partida para avanzar hacia la meta final de la independencia. La permanente deslealtad ha otorgado a los partidos judíos capacidad de desestabilización. No podemos afirmar que los judíos sean partidarios del terrorismo, pero sí podemos afirmar que no colaboran en su derrota. Su actitud sobre la lucha antiterrorista es siempre obstruccionista. Los judíos condenan el terrorismo, pero todos sus actos desmienten sus palabras. La actitud de los judíos ha contagiado al resto, y coincide en intensificar un proceso disgregador de la Nación. El conjunto de los judíos coincide en dar entidad a una ofensiva y en intensificar un proceso disgregador de la Nación. Se impone poner cordura en esta alocada subasta de la Nación, de la que tan culpables como los judíos son los socialistas. O resistencia o rendición.
Un viejo y conocido olor se desprende de estas frases: sustituyan los lectores ‘judíos’ por ‘nacionalistas’ y leerán lo que el PP y sus dirigentes han dicho y escrito estos días. Algo hemos avanzado en 70 años, éstos de ahora no usan las cámaras de gas.
La ciercera
José Antonio Labordeta
Por esos raros oficios que uno ha ideo creando a largo de su ya, empieza, dilatada vida, las gentes de la localidad Navarra de Sartaguda, a orillas del Ebro, me invitaron, el sábado 10 a la inauguración de un monumento en recuerdo y homenaje de los fusilados republicanos el año treinta y seis.
Hablar de aquello produce escalofríos por la brutalidad que allí y en otros muchos lugares de España, se produjo y ahora, cuando los familiares buscan y rebuscan a sus antepasados, las “gentes de orden”, que han tenido a los muertos suyos en lapidas de las iglesias, en calles de las ciudades y a otros en monumentos, escandalizadas dicen que aquello ya es una pagina de la historia y que hay que pasarla.
Con sus beatos, tambien fusilados en la zona republicana-bastantes menos- el Vaticano, en manos de la iglesia mas reaccionaria de todos los tiempos, los elevan a los altares y los sacralizan sin que la pagina haya que pasarle porque ellos son, siempre los vencedores y hay que aguantarse.
Por eso cuando acudí hasta Sartaguda y me encontré, a pesar de la lluvia, ante mas de cuatro mil personas, que durante todo el día habían soportado la emoción del recuerdo y del hermoso monumento, noté que la voz, había ido a cantar, se me truncó en emoción como nunca me había pasado
En la calle, seguía lloviendo, alguien nos dijo:” No habéis dicho nada de la Tercera”. Tenía razón, pero aquella tarde era un homenaje a la Segunda y a sus muertos desgarradamente.
ANTONIO AVENDAÑO
En la sugerencia de Felipe González al Gobierno para que dé prioridad a la crisis económica frente a la financiación autonómica late la nostalgia de un Estado unitario que ya no existe. Es la misma nostalgia que asoma en los reproches de la derecha contra el peso excesivo de los barones en la configuración de la futura dirección del PP. La nostalgia de la unidad perdida es una nostalgia de la sencillez, de la claridad y también de la infancia.
No es que en los grandes partidos haya demasiados barones: es que esos barones son la esencia misma de esos grandes partidos. Chaves, Camps, Arenas, Aguirre o Montilla no son meros agregados a la estructura de sus partidos, sino que son su estructura misma. Eso, naturalmente, hace la política mucho más complicada, pero es lo que hay. Es cierto que el país se ha vuelto endiabladamente complicado, pero esa complicación nos obliga a todos a ejercer el relativismo, la componenda y el pacto. Se trata de una complicación enojosa, pero altamente saludable para un país que tantas veces ha resuelto sus cosas a garrotazos. El último vestigio de esa España violenta y recocida en su propio odio, de esa España negra de Goya, Zuloaga o Regoyos es precisamente ETA, ahogada ya en su letal nostalgia de una Euskadi infantil y unánime. Tener que pactar la financiación de las autonomías o el liderazgo de los partidos es un rollo, sí, pero es lo mejor que podía pasarle a un país tan dado al mal rollo como éste.
ANTONIO AVENDAÑO
El cascabel se llama laicismo y el gato se llama Estado español. Entre el cascabel y el gato se interpone un escarmentado perrazo llamado Iglesia Católica que sabemos cuánto ladra, pero no cuánto muerde. El nuevo Gobierno ha amanecido cascabelero y se compromete a reformar la Ley de Libertad Religiosa, aunque no dice cuándo, cómo ni cuánto. Sobre todo no dice cuánto. En la Conferencia Episcopal deben estar temblando de puro miedo. Mira cómo tiemblo, amadísimo Gobierno. La vicepresidenta De la Vega compareció ayer ante la prensa no para mostrar la campanilla laica propiamente dicha, sino para anunciar que el Gobierno tiene preparado un lindo cascabelete para colgar del cuello del Estado, pero sin ofender ni ir “contra nadie”.
El problema, como viene sucediendo de un par de siglos a esta parte, no está en los ofensores, sino en los ofendidos, en esa apretada falange de humillados imaginarios dispuestos a armar la de Dios es Cristo si a algún Gobierno legítimo se le ocurre, pongamos por caso, cumplir la ley con treinta años de retraso y hacer efectivo el laicismo implícito de todo Estado constitucional. Pero la dirección de la Iglesia es experta en ofenderse sin que medie ofensa alguna y, a su vez, el Gobierno teme el gran talento eclesiástico para incendiar los corazones de sus indiferentes parroquianos, la mayoría de los cuales, por cierto, han dejado de ser católicos pero todavía no lo saben. Como no lo quiere saber la Iglesia ni se atreve a saberlo el Gobierno.
ANTONIO AVENDAÑO
Rajoy comienza a ser Rajoy, pero comienza a serlo con cuatro años de retraso. Cuando José María Aznar lo designó su sucesor muchos pensamos que había sido una buena elección porque Rajoy parecía el anti Aznar: un hombre moderado, prudente, flexible y bien dotado para la ironía.
Lo cierto, sin embargo, es que ha dilapidado los últimos cuatro años practicando justamente lo contrario de lo que auguraban las virtudes que tan apresuradamente le habíamos atribuido. Rajoy ha tenido cuatro años de extremismo, cerrazón, imprudencia y, lo peor de todo, cuatro años de solemnidad, siempre tan contraria a la ligereza y el escepticismo propios de la ironía.
El presidente del PP intenta ahora lo que no intentó cuatro años atrás: salvarse a sí mismo de la derecha española y, a su vez, salvar a la derecha española de sí misma. Lo primero parece estar lográndolo al desembarazarse limpiamente de Zaplana y Acebes; lo segundo será más problemático, pero es lo único que de verdad justificaría la paradójica reaparición de este Rajoy que en realidad nunca estuvo desaparecido.
Por lo demás, si Rajoy quiere ser lo que no supo ser cuatro años atrás tendrá que contrar con Ruiz-Gallardón, pero ello a su vez desatará las iras de esa derecha española que Rajoy intenta salvar de sí misma y que naturalmente no se deja porque si se dejara ya no sería la derecha española, sino otra cosa. Si gana Rajoy, ganamos todos. Si pierde, ganan los de siempre.
José Antonio Labordeta
A Zaplana, de golpe, el señor Alierta, paisano de un servidor, le da un millón de euros y el personaje se larga, sin ninguna duda, dejando la tensión parlamentaria en manos de la señora Soraya. Se va tranquilamente porque su moral está por encima de dudas y complejos y anuncia, a bombo y platillo, lo que le van a dar de sueldo. Dicen, él lo niega, que cuando entró en política aseguró que lo hacía para forrarse. Si no se había forrado antes –Benidorm es una cajica de ahorros– lo ha hecho cuando las entretelas de sus trajes cruzados han comenzado a deshilacharse.
Don César Alierta parece que tiene complejo de rodearse de rancias figuras de la reciente historia de España desde los puntos de vista de la economía y la política.
Para lo primero eligió a otro paisano, Pizarro, que hizo
lo contrario que Zaplana:
recogió sus ahorros y se metió en política .
Para lo segundo, un influyente ciudadano que puso en tensión irritante los Plenos, las Juntas de Portavoces y la Comisión del 11-M. Donde él aparecía se levantaban barricadas de broncas para sacar de sus casillas al Banco Azul de los sociatas que, como avergonzados, soportaban las iras de este ciudadano que, visto con traje de calle, resultaba simpático, moreno y bien trajeado.
El día que se fue, en las entrevistas todo el mundo que hablaba parecía que lo hacía de otra persona y que todos se habían olvidado de a qué carta había jugado. Hablaban bien. ¿Cuándo harán lo mismo de Acebes?
Fernando López Agudín
Del mismo modo que Esaú vendió su derecho de primogenitura por un plato de lentejas, los minúsculos socios del Gobierno vasco intentan que el PNV venda su aplastante hegemonía política en el nacionalismo por un tripartito agotado. Así se ve en el mercado de Mondragón, una vez asesinado Isaías Carrasco. No solo votan contra la moción ética presentada por Urkullu sino que, además, vetan que Ibarretxe pueda ejercer el liderazgo moral que ejerciera Ardanza tras el asesinato de Miguel Angel Blanco.
En estos Jacob con txapela no hay ningún inocente. EA, nacida de una escisión del PNV, busca una segunda crisis ajena que la pueda hacer salir de la situación grupuscular en la que continúa malviviendo. Ezker Batua persigue retener los votos batasunos refugiados bajo esta sigla oportunista. Estamos ante el reparto de la túnica sagrada de Sabino Arana, cuando Urkullu todavía no ha sido crucificado.
Ese es el error de los Azkárraga y Madrazo. No les va ser fácil crucificarle y menos aún trocear al partido que dirige. La agenda de la violencia “ in crescendo” de ETA va a barrer las telerañas de Lizarra que aún cuelgan de la razón de quienes cuestionan a Urkullu cuando señala la diferencia de fines y medios del nacionalismo democrático con el totalitario. No deberían olvidar que si un partido es contemplado por cien años de historia, como el PNV, es porque nunca cambió su hegemonía por un plato de lentejas.
Alfons López Tena. Se cumplen 200 años de la primera Constitución de las Españas y las Indias, aprobada por las Cortes en 1808, basada en un pacto entre el Rey y el pueblo y que por primera vez estableció el poder legislativo de las Cortes, responsabilidad de los ministros, el Poder Judicial independiente y los juicios públicos, derechos de acusados y condenados, la supresión de aduanas interiores, una Hacienda pública separada de la Corona e igualdad contributiva, la promoción de los funcionarios por mérito y capacidad, igualdad ante la Ley, las libertades personales y de imprenta, inviolabilidad del domicilio, y la abolición de la tortura. Esta magna obra de los ilustrados, de liquidación del absolutismo e inicio de la larga marcha hacia la democracia, estuvo vigente seis años, excepto en Catalunya, que se integró en Francia en 1812, al mismo tiempo que una asamblea insurrecta aprobó ilegalmente en Cádiz la segunda Constitución. Mañana celebrarán los españoles el inicio de su revuelta terrorista y reaccionaria contra el orden constitucional, de frailes bandoleros como los talibanes y con su mismo programa oscurantista, que aprovechó la victoria británica para, al grito de “¡Vivan las cadenas!”, restablecer la Inquisición, abolir toda Constitución y ocupar Catalunya. Ocultarán también mañana, como siempre hacen, sus legítimos Rey y Constitución de la época. Curioso nacionalismo paleto el de los españoles, cuya xenofobia no ceja hasta ocultar lo mejor de su pasado, su primera Constitución liberal.