ANTONIO AVENDAÑO
La crisis no sólo nos está volviendo pobres. También nos está volviendo locos. Lo primero ocurre en todas las crisis; lo segundo son palabras mayores porque supone la mayor burla a las ideologías que han visto los tiempos modernos.
Al principio pensamos que la crisis sólo estaba volviendo loca a la derecha, sobre todo a la derecha americana, tan soberbia y tan faltona ella: mírala, mírala, nacionalizando bancos como una posesa, tragándose su orgullo hiperliberal y tirando de dinero público para cubrir los desmanes privados, qué risa, cómo nos tronchamos. Pero luego llegaron los gobiernos de izquierdas de Europa e hicieron lo mismo: proteger la banca, poner avales, inyectar liquidez, comprar títulos. Seguíamos riéndonos, pero menos. Si la conciencia hace de todos nosotros unos cobardes, la crisis hace de todos nosotros unos idiotas.
La crisis ha acabado con muchas cosas, y una de ellas es el margen que hasta ahora tenía el PP para hacer oposición con este asunto. Hasta hace cuatro días el PP se lo pasaba bomba explotando la rica veta de los errores socialistas por negar la crisis. O por parecer que la negaba, que en política es lo mismo. Buena veta, pero se acabó.
El encuentro de ayer puso de manifiesto no que Zapatero tiene razón, sino que, la tenga o no, Rajoy no puede negársela. El PP se ha quedado sin pólvora. Para el partido es una grave pérdida porque era la única que le quedaba para alimentar su insaciable artillería. Pero la cita también evidenció hasta qué punto la crisis lo ha vuelto todo del revés. El líder de la izquierda hablaba como la derecha al defender un plan para blindar el sistema financiero, y el líder de la derecha hablaba como la izquierda al exigir control, transparencia y que el dinero llegue a las familias. De locos. No va a saber uno ya con quién diablos meterse ni quiénes son los nuestros, maldita sea.
ANTONIO AVENDAÑO
El Partido Popular no ha apostatado del franquismo. Ese sigue siendo su imborrable pecado original como partido respetable y democrático, pues a lo más que, echando mano de toda su sinceridad, suele llegar el Partido Popular en relación al franquismo es a decir de él que, como todo en esta vida, tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas.
Es bastante fácil saber qué significa en verdad esa cautelosa equidistancia: significa no sólo justificación y disculpa, sino algo políticamente mucho más grave. Significa absolución. Significa lo mismo que han significado siempre todas las equidistancias de todos los equidistantes de este mundo frente a todas las iniquidades y dominaciones que a lo largo de la sangrienta historia universal han afrentado la dignidad de los hombres libres. Y da igual que la iniquidad se llame franquismo, se llame estalinismo, se llame colonialismo o se llame integrismo. O se llame ETA, claro está.
¿Por qué es noticia que un partido respetable y democrático vote una resolución de condena de una dictadura y de reparación del honor y la memoria de sus víctimas? Es noticia porque en el caso del Partido Popular se trata de un hecho excepcional y contra natura. Tan excepcional, tan fuera de lo común y tan contrario al espíritu fundacional del propio partido que, después de que el PP gallego votara esa resolución, sus principales dirigentes llevan los pobres dos días poniéndose amarillos, dando excusas, haciendo aclaraciones, ensayando regates, poniendo matices y formulando benévolas y equidistantes interpretaciones de la condena suscrita por sus compañeros gallegos. Esas excusas, aclaraciones, regates, matices e interpretaciones son de nuevo la principal prueba de cargo de aquello mismo de lo que el PP se proclama inocente: la sincera y arraigada convicción de que el franquismo no fue tan malo.
ANTONIO AVENDAÑO
Me gustaría saber cómo se llama y dónde vive el lince socialista que negocia los pactos judiciales con el Partido Popular. Si es que se trata siempre del mismo lince, porque igual se van dando el relevo unos linces a otros como si compitieran entre sí en una extraña carrera al revés para ver a cuál de ellos lo engañan más y mejor los cucos negociadores de la derecha.
El PSOE de Zapatero ya firmó un bonito Pacto de la Justicia con el PP de Aznar a mediados de 2001. Pues bien, sólo seis meses después de la firma el líder socialista ya se quejaba de que el PP había convertido el Consejo del Poder Judicial en una “cámara ideológica”. Y bien entrado 2003, Zapatero volvía de nuevo a quejarse de lo que para entonces todo el mundo sabía: que el Gobierno de Aznar usaba “el pacto de manera espuria”.
Vale, bien, ea, bueno, venga: era la primera vez, Zapatero estaba verde y pudo pecar de pardo, pardillo, pardillete. ¿Pero cómo es posible que siete años después, siete años siete, el PSOE vuelva a ejercer de manso torete finamente toreado por la cuadrilla del diestro de Pontevedra? Los candidatos rojigualdas al Constitucional Enrique López y Francisco Hernando encarnan justamente aquello de lo que tanto se quejaba Zapatero siete años atrás: el ventajismo, la burla, la doblez, el escarnio. El caso viene a ser como lo de Valencia impartiendo en inglés Educación para la Ciudadanía, pero en versión española, judicial y torera. Oleeeé.
DAVID MIRÓ
Nunca agradeceremos suficiente la labor de psicólogos y trabajadores sociales que son capaces de mirar a los ojos de los violadores y explicarles lo que han hecho para intentar recuperarlos para la vida en sociedad. Ese trabajo se desarrolla en esa zona oscura que son las prisiones, donde la sociedad arroja todos los elementos desagradables y, cual avestruz, espera que desaparezcan como por arte de magia.
Pero no desaparecen. Violadores, asesinos, pederastas, maltratadores, etc. continúan allí, encerrados, esperando el día en que volverán a ser libres. Por eso una sociedad madura debe exigir que el paso por la cárcel sirva para algo más que apartar de la circulación de forma temporal a un elemento peligroso, y, en vez de rasgarse las vestiduras cada vez que uno de ellos obtiene la libertad, exigir a la administración que ponga los medios para que cuando eso ocurra se haya minimizado al máximo el riesgo para todos.
Una primera medida eficaz sería plantearse la necesidad de empezar a vaciar las cárceles de presos que cumplen condenas cortas y no representan ningún peligro social. Como explicó el martes pasado en el Congreso la secretaria general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, de los más de 62.000 presos que hay en la actualidad en España, 10.200 tienen penas inferiores a los tres años y existen formas alternativas de restricción de libertad.
El segundo paso, una vez convertidas las cárceles en lugares más dignos, sería incrementar la inversión en programas de reinserción y atención a delincuentes patológicos. Las cifras indican que estos programas, llevados a cabo hoy en día por auténticos héroes anónimos, funcionan. Urge, pues, que dejen de ser producto del voluntarismo para ser obligación
institucional.
MANUEL RICO
Javier Arenas es un político que tiene algunas cualidades muy apreciadas por la izquierda. La principal, el empeño que pone en perder elecciones… y el éxito que hasta ahora siempre le ha acompañado en ese empeño.
El mismo Javier Arenas tiene, sin embargo, otros rasgos ciertamente preocupantes. El principal, la desvergüenza con que acusa a los demás de los pecados propios. El pasado sábado, sin ir más lejos, intentó identificar al Gobierno de Zapatero con la “corrupción” y al PP con la “honradez”. Pura ciencia-ficción.
El vicecamarada Arenas debe conocer a un tal Jaume Matas, que ha huido despavorido a América para no presenciar en directo el desmontaje de la mayor trama de corrupción autonómica jamás organizada. El vicecamarada Arenas debe tratar a un tal Fabra, que tiene unas cuentas bancarias por donde fluyen los millones de euros de origen desconocido. El vicecamarada Arenas debe tener noticia de un tal Herrera, que le ha puesto un huerto solar a medio partido castellano-leonés. El vicecamarada Arenas debe saber de la existencia de un tal Soria, que concede una licencias urbanísticas a sus amigos empresarios de lo más sospechosas.
Como el vicecamarada Arenas sabe que Matas, Fabra, Herrera y Soria no son políticos socialistas, sino conmilitones suyos, la conclusión es obvia: o sufre dislexia, o padece de una falta de ética letal.
Pero con ser grave el comportamiento del vicecamarada Arenas, el máximo responsable de que la corrupción campe a sus anchas en el PP es el pobre Mariano, que para eso es el presidente. ¿Por qué permanece cruzado de brazos? ¿Piensa que la corrupción va a desaparecer por arte de magia, sin que tome ni una sola medida? ¿Por qué no se deja ayudar por el virginal Código Ético de su partido? ¿Actúa así el pobre Mariano por vagancia o por soberbia?
ANTONIO AVENDAÑO
En aquel momento parecía una buena idea. La participación de los padres en la escuela era una cosa impecable en términos democráticos, pero puede que haya sido letal en términos educativos. En teoría, se estaba dando entrada en la escuela a los ciudadanos en tanto que ciudadanos, nunca en tanto que el papá y la mamá de Carlitos o Susanita, que fueron los que se colaron. Pero además de hacerlo papi y mami, por esa rendija democrática también se colaron, de manera involuntaria, vientos contrarios a la autoridad del profesor, pues los niños, que son unas águilas para verlas venir, procesaron velozmente la situación y los cabroncetes actuaron en consecuencia: de pronto vieron que papá y mamá les compraban sin reparo sus quejas y reproches a los profesores y explotaron a fondo ese negocio. No es que los niños no tengan a veces razón en sus quejas y reproches, es que deberíamos negársela incluso aunque la tuvieran, porque el precio colateral de darles la razón es la erosión irreparable de la autoridad de los profesores, que además es una erosión que los padres no podemos permitirnos y los profesores mucho menos.
Claro que ésta no es la única explicación. Claro que no ocurre sólo en las aulas y que Carlitos y Susanita no nos tratan con la cautela con que nosotros tratábamos a nuestros padres. Puede que nosotros, como padres, podamos permitirnos ese cierto colegueo con nuestros hijos, pero los profesores no pueden permitírselo con nosotros. Ha llegado la hora de volver a casa.
DAVID MIRÓ
Después de dos meses de sainete por el pacto entre el tripartito y CiU sobre financiación, la montaña parió un ratón en forma de resolución casi idéntica a lo que ya se incluyó en el Estatut. Para este viaje no hacían falta alforjas, se podría decir, pero lo triste del caso es que, a día de hoy, los partidos catalanes se conforman con que no les roben la cartera en la negociación con Madrid. Y lo peor es el clima de desconfianza que parece instalado definitivamente en la política catalana y que ayer se respiraba en forma de reproches mutuos cuando aún estaba fresca la tinta del documento conjunto.
A partir de este momento se dibujan dos escenarios posibles. Uno es que la frágil unidad catalana se resquebraje al primera contrariedad y volvamos a la situación anterior, con CiU y PSC lanzándose los platos a la cabeza mientras Madrid se frota las manos.
Pero otro escenario no descartable es que el pacto, hoy tambaleante, se vaya fortaleciendo con el paso de los días ante el vértigo que sienten unos y otros a aparecer ante la opinión pública como culpables de romper la baraja. Así, cada día que pase, será más difícil justificar un desmarque que no sería entendido por la sociedad.
Es por ello que Zapatero no debería menospreciar el gesto de ayer. Puede que los políticos catalanes hayan renunciado a la épica (ya fuese la pujolista o la maragallista) para abrazar la fe ciega en el poder de la letra escrita. En Barcelona está el segundo archivo notarial de Europa. Por algo será.
MARCO SCHWARTZ
Con la que está lloviendo, es evidente que la economía va a jugar un papel decisivo en las próximas elecciones de EEUU. Los sondeos muestran que la situación económica constituye hoy el principal motivo de preocupación de los ciudadanos, por encima de la seguridad nacional. Las encuestas más recientes sobre intención de voto registran una importante subida de Obama, incluso en dos bastiones republicanos –Florida y Ohio– que fueron cruciales para la victoria de Bush en 2004.
El candidato demócrata puede estar satisfecho de los resultados parciales de su campaña, en la que, condicionado por la crisis económica, ha ido matizando su inicial tono candoroso para adoptar modos de hombre de Estado. Los estadounidenses confían mucho más en él que en el republicano McCain para gestionar la economía. Sin embargo, no debería cantar aún victoria.
McCain, que venía tocado en los sondeos, ha caído cuatro puntos en intención de voto tras abandonar su campaña para dedicarse -eso pretextó- a atender la crisis. Sin embargo, le queda un cartucho potente para el duelo del 4 de noviembre: el plan de rescate del sistema financiero. Al margen de si resulta o no aprobada, la medida es muy impopular entre los estadounidenses. McCain puede vincular a Obama con el plan Bush, y ver si la estrategia funciona. El paquete de rescate de Wall Street podría convertirse en el talón de Aquiles de su rival.
DAVID MIRÓ
Acostumbrados a reducir la relación PSC-PSOE al eje identitario se suelen pasar por alto otros hechos diferenciales que ayer resultaban fácilmente detectables en el discurso de José Montilla. El president ya hace tiempo que marca perfil propio dentro de la galaxia socialista española. Fue de los primeros en hablar abiertamente de crisis cuando era una palabreja vetada por Zapatero, y ayer volvió a realizar un ejercicio de realismo, sin grandes promesas ni recetas mágicas. No podemos hacer mucho para frenar la crisis, vino a decir, pero aprovecharemos hasta la última competencia que tenemos para que nadie se quede atrás.
El estilo Montilla (a años luz de los golpes de efecto de Zapatero) se basa en eso: decir las cosas por su nombre y actuar con pragmatismo, más allá de los clichés ideológicos. Huir del regate corto, fijar objetivos e ir paso a paso. El PSC es un partido de alcaldes, y por eso llevan en el ADN una obsesión enfermiza porque las cosas funcionen y los acuerdos se cumplan.
De ahí la dureza de Montilla cuando entiende que Madrid le escatima lo que es suyo, (Madrid no entiende que el Estatut es una ley estatal, dijo). De ahí también que se permita citar a Pujol y defender la cultura del esfuerzo en la escuela como Sarkozy. Un cóctel indigesto para una CiU dividida y desconcertada ante quien le está segando la hierba bajo los pies.