ANTONIO AVENDAÑO
Hasta ahora sabíamos que la Iglesia española está convencida de que Dios es católico. Y no sólo católico, sino también español. Lo que no suponíamos es que alguna autoridad eclesiástica pudiera creer que Dios es de Ciudad Real. El severo obispo Antonio Algora, titular de la diócesis enclavada en la manchega llanura, parece creerlo así, del mismo modo que parece suponer sin ningún género de dudas que Dios es licenciado en derecho canónico y de ahí que mire con tan malos ojos a las mujeres lesbianas y no soporte su presencia en las hermandades de Ciudad Real.
Y si además de ser lesbianas, cogen, se casan y lo van pregonando por ahí, entonces a Dios y al obispo de Ciudad Real, que en esto van a medias, no les queda otra opción que expulsar de la hermandad a las, por otra parte, amadísimas hermanas.
La expulsada de marras acudió a un juzgado de Puertollano y denunció al obispo, sí, pero la pobre dio con un juez más papista que el papa y que comparte la tesis de Dios y del obispo de que el casamiento de la mujer con otra señora puede definirse como “conducta manifiestamente escandalosa”. El pío juez de Puertollano parece creer que la Constitución está por encima de las personas, pero por debajo del derecho canónico. Así pues y en conclusión: que el miedo que dan ciertos obispos no es nada comparado con el miedo que dan ciertos jueces. Que Dios nos coja confesados. Sobre todo si somos de Ciudad Real.
MARCO SCHWARTZ
Rodrigo Rato comienza a exhibirse. Y, por la envergadura política del personaje, ello constituye una noticia inquietante para varios círculos de poder: para la dirección del PP, cuya debilidad aumenta con los días; para el aznarismo, que lo confinó al destierro; para el PSOE, que tendría en las próximas elecciones a un rival difícil de batir.
Diversos factores juegan en favor del ex vicepresidente. Tiene más posibilidades que otros dirigentes conservadores para generar consenso en el seno de su partido. No suscita un abierto rechazo en el centro ideológico, ni siquiera en sectores del centro-izquierda, ya que pese a haber sido un puntal de los gobiernos de Aznar, se las ingenió con astucia para transmitir una actitud de distanciamiento en algunos de los asuntos más polémicos, como la guerra de Irak. Además, disfruta de la confianza de los poderes financieros. Y su principal ámbito de acción es la economía, lo que le confiere un plus curricular en la actual coyuntura de crisis. (Eso sí, alguno le recordará el caso Gescartera, que salpicó a su Ministerio).
Resulta improbable que Rato se ofrezca a dirigir el PP. Más verosímil es que, si se consuma el fracaso de Rajoy en las diversas citas electorales del 2009, se alcen voces (aleccionadas o espontáneas) que lo aclamen como timonel. De momento, Rato ha empezado a moverse.
ANTONIO AVENDAÑO
En la comarca del Poniente almeriense hubo hace una semana un crimen en el que la víctima fue un negro y el homicida un magrebí. Sin embargo, en un lugar con tan elevada concentración de pobres de tan distintas y aun contrarias procedencias todas las combinaciones del crimen habrían sido posibles: asesino negro y muerto norteafricano; asesino magrebí y víctima blanca; homicida blanco y víctima negra, etc. Cazador blanco, corazón negro, habría resumido Clint Eastwood.
En estos lugares la gente, las autoridades y los periodistas le adjudicamos rápidamente color a los crímenes porque esa operación ayuda mucho a poner titulares, a construir relatos coherentes, a poner orden en la confusa realidad. En estos lugares el color de la piel lo carga el diablo. En estos lugares el color de la piel es a un tiempo la pólvora con que se carga el arma homicida y la inerme diana a la cual se dispara. El acero y la carne.
Son comarcas propicias para el odio pero no porque haya en ellas demasiadas razas juntas, sino porque hay demasiados pobres concentrados. En lugares así es fácil confundir las cosas y llamarle racismo a lo que sólo es miedo. Es verdad que en el racismo siempre hay miedo, pero a su vez en el miedo no siempre hay racismo. Conviene no confundirlos porque de esa confusión suelen derivarse grandes males y peores remedios.
Para evitar esa confusión, estaría bien que las crónicas hubieran dicho únicamente que en la comarca del Poniente un hombre había matado a otro. Simplemente. Sin entrar en colores. Pero eso, claro está, ya no sería periodismo. Sería más bien metafísica, y hoy en día la metafísica no le interesa a nadie.


DAVID MIRÓ
Fraga es una rémora de la historia”. La frase la pronunció ayer el presidente de ERC, Joan Puigcercós, cuando se le preguntó por las declaraciones del ex ministro franquista. Y es cierto. Fraga ya no pinta nada en el PP y es más una presencia incómoda (por lo que representa de nexo con el franquismo) que un activo. Por eso llama la atención que alguien que se presenta a sí mismo como centrista y moderado le ría las gracias en público a un cómplice de la dictadura.
Algo no cuadra. O la imagen que Gallardón quiere dar de sí mismo es más falsa que un duro sevillano o bien se siente obligado a tragar con los exabruptos de don Manuel para obtener el apoyo del sector histórico del PP (el que proviene de AP, como él) y, quién sabe, si también del aznarato para relevar a Rajoy.
La tentación de pensar en un Gallardón maquiavélico y calculador es grande, pero yo me inclino por pensar que sus elogios de ayer a la figura de Fraga fueron sinceros, que no había impostura. El alcalde de Madrid es hoy el auténtico heredero del fraguismo; es decir, de esa derecha hispana de base nacionalcatólica, pero adaptable a las circunstancias que se ha resistido a pasar por el tamiz neocon norteamericano que quiso imponer Aznar.
Fraga pasó de ministro franquista a padre de la democracia en un triple salto mortal. Ahora su heredero quiere emularle y regenerar a la derecha sin renegar de Fraga ni de lo que representa. O sea, otro salto mortal de un funambulista falso como un duro sevillano.
El ministro Moratinos formuló ayer una denuncia de suma gravedad al explicar en el Congreso la actuación de España en los infaustos vuelos de la CIA: el anterior Gobierno, presidido por Aznar, ofreció a EEUU la posibilidad de usar bases españolas para el traslado ilegal de presuntos terroristas talibanes a Guantánamo. Según Moratinos, existen documentos que así lo acreditan, si bien los expedientes originales se encuentran en paradero desaparecido.
El titular de Exteriores sostuvo que ese derecho de pernada con presos abordo nunca se ejerció, afirmación que atenuaría los efectos del servilismo del anterior Ejecutivo ante Washington y, de pasada, exoneraría de cualquier culpa al Gobierno de Zapatero, durante el cual aterrizaron en suelo español algunos vuelos de la CIA hacia o desde Guantánamo.
Con independencia de lo que establezca la justicia –que ya ha abierto una investigación sobre esta vertiente de la operación Libertad Duradera–, la comparecencia de Moratinos ha puesto al descubierto, con testimonios documentales, la ignominiosa sumisión de Aznar al presidente de EEUU, George W. Bush, que condujo a España a mantener un protagonismo activo en la guerra ilegal de Irak en contra de la voluntad de la casi totalidad de los ciudadanos. Será la justicia la que decida si existen motivos para incriminar a responsables del anterior Ejecutivo en la guerra sucia contra los talibanes. Ello no impide que, de momento, se les puede censurar política y moralmente.
MARCO SCHWARTZ
Se puede estar o no a favor de una infraestructura, pero en ningún caso se puede matar”. Lo dijo ayer Ibarretxe al condenar el asesinato de Ignacio Uría, cuya empresa participa en la construcción de la red de alta velocidad que unirá las tres capitales vascas. Para cualquier persona de convicciones democráticas y un mínimo de humanidad, las palabras del lehendakari constituyen una obviedad. Pero los etarras son otra cosa. La lógica –si así se puede llamar– que los anima es la del odio y la sinrazón.
Tal como afirma Ibarretxe, se puede estar en contra del AVE: de hecho, hay muchas asociaciones y personas respetables que rechazan la obra, ya sea por razones medioambientales o por convicciones sobre lo que debe ser un sistema ferroviario. Pero la oposición de ETA responde a otras motivaciones: para la banda terrorista, la denominada Y vasca persigue la “desestructuración” de Euskadi y su “dependencia” respecto a Madrid. Un lenguaje similar al que utilizaba el shogunato de Japón y al que usa hoy el régimen norcoreano para justificar su cerrazón a las contaminaciones procedentes del exterior.
Con independencia de las críticas que se le puedan hacer, el tren encierra en el imaginario colectivo una fuerte carga simbólica como portador de comunicación, de progreso y de modernidad (por eso se habla de “perder el tren de la historia”). No sorprende que, para un grupo terrorista de pensamiento atávico, este tren tenga una connotación diabólica. Como también lo tenía la autovía de Leizarán, cuyo trazado los etarras obligaron a modificar hace más de una década mediante atentados.
El AVE de Euskadi forma parte de un proyecto más amplio que unirá a Portugal, España y Francia por alta velocidad. Lo apoyan los representantes políticos de la casi totalidad de los votantes vascos. ETA ha decidido que es malo para su tierra. Tiene derecho a pensarlo. Pero no a matar.
JUAN CARLOS ORTIZ
Para quien no lo sepa, el periodismo de guerra nació en A Coruña hace exactamente dos siglos. Ha habido intentos de desacreditar este acontecimiento. Todavía hay quien insiste en que surgió en 1854, en la guerra de Crimea. Qué va. En julio de 1808, The Times ya había enviado a Henry Crabb Robinson a Galicia a cubrir la guerra contra el gabacho. Las crónicas de este legendario personaje no sólo son un manual sobre cómo era aquella España de cigarreras y guerrillas sino una auténtica lección de periodismo práctico.
Una de sus conclusiones es que aquí los periódicos, entonces toscas gacetillas, sólo eran una aburrida sucesión de pseudoinformación. Los españoles, concluyó, no estaban acostumbrados a leer noticias como los británicos o los alemanes. Por eso, cuando leían una de verdad, se les abrían los ojos.
Dos siglos después, el análisis de Grabb sigue siendo esclarecedor. Y más si se trata del PP. Tras el Congreso de Valencia, el giro a la lógica, pilotado por Rajoy, ha venido salpicado por un goteo de pseudonoticias. Ya saben, se topan con una crisis económica galopante a la que deberían haber sacado réditos espectaculares, y acaban con Zapatero posando con Bush en la Casa Blanca. Duermen en sábanas rojigualadas y un día nos enteramos que ellos también piensan que los desfiles militares son un coñazo. La emprenden contra la cúpula de Barceló en Ginebra y los manuales de arte hacen un hueco en su próxima edición para este blandiblú de colores. Mira que es mala suerte.
Pero la noticia con mayúsculas ha ocurrido en un hotel indio. La gran esperanza blanca, en otro momento llamado lideresa, ha pasado en unas horas de ser la heroína de Bombay a la cobardica de los calcetines. Esto es un auténtico parte de guerra. Sin líder ni lideresa, ha llegado la hora del sálvese quien pueda.
MARCO SCHWARTZ
Muy malos tiempos corren para Mariano Rajoy. El presidente del PP ha conseguido la nada admirable proeza de que ni siquiera los simpatizantes de su partido confíen en él: menos de la mitad de los votantes conservadores mantiene sus esperanzas en el líder, según revela el Publiscopio de noviembre.
A estas alturas no queda ya la menor duda de que el dedazo con que resolvió José María Aznar su sucesión hace cinco años ha resultado un rotundo fracaso. Ese fracaso se empezó a dibujar desde el mismo instante de la designación por el escaso entusiasmo que siempre ha suscitado el político gallego; pero, quizá, el curso de los acontecimientos hubiese sido muy diferente para él si su generoso mentor no hubiese practicado una estrategia de engaños con ocasión de los atentados del 11-M.
La gestión informativa de la masacre contribuyó, en buena medida, a que el PP perdiera las elecciones de 2004 y se convirtiera, desde entonces, en un campo de luchas intestinas de poder, que se han intensificado tras la derrota de 2008. Y Rajoy, con su falta de liderazgo y su estrategia errática de oposición, ha venido ayudando con gran eficacia a su propio hundimiento.
Zapatero no es que tenga motivos para proclamas triunfales. La ventaja del PSOE sobre el PP es menos que en los últimos comicios, y un 62% de los ciudadanos dice confiar poco o nada en él. Sin embargo, la encuesta le ha traído una noticia positiva: después de dos meses por debajo o igual que los populares en intención de voto, los socialistas recuperan su posición de ventaja.
No sorprende ese giro: Zapatero ha recuperado capacidad de iniciativa económica e internacional, mientras Rajoy malgasta su tiempo en apagar incendios territoriales del PP y atrincherarse contra los que pretenden quitarle la silla.