Griñán ha decidido ser Griñán, no el sustituto de Chaves
ANTONIO AVENDAÑO
Griñán ha decidido ser Griñán, no el sustituto de Chaves. Parece fácil, pero no lo es. Cuando lo que eres se lo debes a alguien, la primera tentación es parecerte a quien te ha nombrado. A Mariano Rajoy le ocurrió cuando fue designado sucesor por José María Aznar: se pasó cuatro años haciendo de Aznar. Y naturalmente no lo hacía bien: Rajoy era un Aznar postizo, blandorro, con un discurso calcado en los contenidos, pero sin esa determinación de hielo que tenía el ex presidente y que muchos confundían con tener razón. Rajoy necesitó cuatro años y una derrota para decidirse a ser él mismo. Si es que sabe lo que es, porque desde luego los demás no tenemos ni idea.
Griñán ha debido darle vueltas a la idea de ser o no ser Griñán. Y ha decidido serlo. Aunque no lo dijo explícitamente porque eso sería ofender a su antecesor, su idea es imprimir un ritmo y unas prioridades distintas a su gobierno. Quiere reformar y descentralizar la Junta y dar más juego político y financiero a los municipios. Ambas cosas tienen su riesgo: por si no las cumple, pero también por si las cumple. Aun así, cualquiera que pretenda ser él mismo y distanciarse de su antecesor está obligado a correr riesgos. Al propio Chaves le costó lo suyo llegar a ser Chaves: unos cuatro años.
Por lo demás, Griñán es un hombre de sólidos gustos literarios y eso en política no es del todo bueno porque la literatura nos hace adictos a la duda, al matiz, a la empatía, al relativismo. Por eso es tan importante que el presidente dé con un buen número dos: alguien directo, expeditivo, enemigo de sutilezas. Es importante ese segundo no sólo por razones psiológicas, sino porque si el número uno no cuenta con un buen número dos, él mismo se ve obligado a ejercer de número dos, lo cual es un lío y además muy poco práctico.









