Publicidad

Griñán ha decidido ser Griñán, no el sustituto de Chaves

21 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

ANTONIO AVENDAÑO

Griñán ha decidido ser Griñán, no el sustituto de Chaves. Parece fácil, pero no lo es. Cuando lo que eres se lo debes a alguien, la primera tentación es parecerte a quien te ha nombrado. A Mariano Rajoy le ocurrió cuando fue designado sucesor por José María Aznar: se pasó cuatro años haciendo de Aznar. Y naturalmente no lo hacía bien: Rajoy era un Aznar postizo, blandorro, con un discurso calcado en los contenidos, pero sin esa determinación de hielo que tenía el ex presidente y que muchos confundían con tener razón. Rajoy necesitó cuatro años y una derrota para decidirse a ser él mismo. Si es que sabe lo que es, porque desde luego los demás no tenemos ni idea.
Griñán ha debido darle vueltas a la idea de ser o no ser Griñán. Y ha decidido serlo. Aunque no lo dijo explícitamente porque eso sería ofender a su antecesor, su idea es imprimir un ritmo y unas prioridades distintas a su gobierno. Quiere reformar y descentralizar la Junta y dar más juego político y financiero a los municipios. Ambas cosas tienen su riesgo: por si no las cumple, pero también por si las cumple. Aun así, cualquiera que pretenda ser él mismo y distanciarse de su antecesor está obligado a correr riesgos. Al propio Chaves le costó lo suyo llegar a ser Chaves: unos cuatro años.
Por lo demás, Griñán es un hombre de sólidos gustos literarios y eso en política no es del todo bueno porque la literatura nos hace adictos a la duda, al matiz, a la empatía, al relativismo. Por eso es tan importante que el presidente dé con un buen número dos: alguien directo, expeditivo, enemigo de sutilezas. Es importante ese segundo no sólo por razones psiológicas, sino porque si el número uno no cuenta con un buen número dos, él mismo se ve obligado a ejercer de número dos, lo cual es un lío y además muy poco práctico.

El PSOE me lo quitó, el PSOE me lo dio

02 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

ANTONIO AVENDAÑO

El asesino siempre vuelve al lugar del crimen. La frase la pronunciaba ayer en la recepción por la inauguración del metro uno de los concejales de aquel primer Ayuntamiento democrático que en 1983 clausuraba, por razones técnicas pero también económicas, los túneles del metropolitano hispalense alegremente horadados en los años anteriores. Quienes mataron el metro un cuarto de siglo atrás lo resucitaron ayer. Los sevillanos bien podrían, pues, haber dicho ayer de su flamante metro lo dicho por el santo Job a propósito de otra cosa: el PSOE me lo quitó, el PSOE me lo dio, bendito sea el PSOE.
Esta primera línea del sur nada debe a la derecha andaluza, que antes del 83 exigía cerrar el metro y que después de esa fecha se pasó 25 años reprochando al PSOE que lo hiciera. Genio y figura. Algunos de los articulistas más graciosos de Andalucía que, pese a su talento para el chiste, nunca serán Anthony Burgess, convirtieron la traición socialista en todo un género literario. Como aquella veta ya no da más de sí, abrirán una nueva para glosar que este metro no es su metro, que es feote, que va lento, que las estaciones no tienen nombres cofrades; resumiendo, que este metro nunca jamás estará a la altura de la Sevilla inmaterial y faltona que ellos encarnan. Hoy se les verá en los periódicos, pero ayer no se les vio en la inauguración. Andarían ocupados leyendo el Libro de Job.