Opinion · Por encima de nuestras posibilidades

Nos han robado el Sol

Puede que algunos de ustedes aún no lo sepan, pero nos acaban de robar el Sol. Si en su paseo de hoy ha sentido los rayos del Sol de invierno más tibios que nunca, es porque esos rayos han dejado de ser de todos y de todas. Si ya ha hecho planes para tostarse en una playa este verano o simplemente está anhelando las tardes de primavera, sepa que el Sol que calienta su piel ha pasado a ser propiedad de las cinco grandes empresas eléctricas del oligopolio.

¿Cómo ha podido suceder algo así? Pues como casi todo lo que ha sucedido desde que ha llegado al gobierno el Partido Popular: a golpe de tijera y de rodillo. En esta ocasión los recortes han llegado al Sol con la aprobación definitiva de la Ley del Sector Eléctrico. Así que hoy somos bastante más pobres, si cabe, de lo que éramos ayer.

Pero ¿y cómo se privatiza un bien común como el Sol? Pues a través de una ley que impone que paguemos una tasa al lobby eléctrico por producir energía solar en nuestros hogares. A partir de este momento, si a usted se le ocurre producir su propia electricidad colocando paneles solares en su casa, se expone a que los inspectores den una patada en su puerta y a que le impongan una sanción de hasta 60 millones de euros. Para evitarla tendrá que “legalizar” la instalación y abonar un canon a las grandes eléctricas por las pérdidas que les supone que usted use el Sol, una energía limpia, para producir su electricidad  y no gaste la electricidad contaminante que ellos producen. Resumiendo, tendrá que pagar un peaje a una empresa privada por usar el Sol. El oligopolio no quiere competencia y el gobierno ha acabado con ella. El oligopolio quiere seguir produciendo energía contaminante y el gobierno cercena de raíz las energías renovables.

Para ello el PP justifica este robo, este saqueo, a través de un relato idéntico al construido por las empresas del lobby. Había que reformar el sector eléctrico porque era deficitario, para ello ponían el acento en las primas a las energías renovables. Mientras, callaban las ingentes cantidades de dinero público que están inyectando desde hace décadas en las centrales propiedad de las eléctricas o cómo la liberalización del sector a partir de 1997 ha dado como resultado un modelo perverso, pensado para producir sin control, con el único objetivo de la rentabilidad y con un elevado coste social, ambiental y económico. Ajeno a la racionalidad, al control público, a las demandas sociales y a la soberanía energética del país.

En esta pugna entre el interés general y las exigencias del oligopolio, el PP ha vuelto a gobernar contra el pueblo. Para cubrir las demandas de estas compañías, ha aprobado una reforma que aumenta y concentra su poder, que desafía el sentido común porque penaliza la autoproducción y que liquida el desarrollo de las renovables en un país con altísimo potencial, pero que a pesar de ello, sigue teniendo que importar más del 80% de la energía que consume, fundamentalmente en forma de combustibles fósiles. Una ley que socializa las pérdidas privadas cargando en nuestro recibo de la luz el déficit tarifario y que en un delirio extremo, privatiza el Sol.

Es evidente que la energía es fundamental para el desarrollo de cualquier sistema económico. Quien controla su  producción y su distribución, controla también una buena parte del sistema en sí. Por eso, si aspiramos a construir un mundo mejor, dentro un planeta finito con recursos cada vez más mermados, debemos pelear por un cambio del modelo energético. Basado en la producción descentralizada de energías renovables y con una drástica reducción del consumo. Pero más aún, sólo un modelo asentado en la planificación democrática de la energía, con control de la mayoría social podrá garantizar el reparto de los recursos y el desarrollo de un sistema económico redistributivo y socialmente justo.

Sin duda esta es una lucha de largo recorrido, por eso esta historia es de final abierto. Ahora frente a la política del expolio, de quienes nos roban derechos, recursos y hasta el Sol, debemos decidir si resistimos las consecuencias de una ley que ya es realidad y que es antagónica a nuestros intereses, a los intereses de la mayoría, o bien si damos un paso más y nos organizamos para impulsar acciones de #deSOLbediencia.

Sira Rego