La alegría constituyente

Por encima de nuestras posibilidades

José Manuel Mariscal Cifuentes
Secretario General del PCA

La pasada semana una compañera, joven camarada, bregada durante años en la UJCE, en luchas en momentos dificilísimos, los del fin de la historia, en los que todo iba a ir siempre a mejor, y que ahora vierte su experiencia en tareas en IU, me regaló la clave de la alegría constituyente.

Me dijo que llevaba años escuchando y sintiéndose heredera de nuestros padres y abuelos, admirando sus luchas, y que soñaba con tener la oportunidad de vivir una era de cambio: “ahora siento que la estoy tocando, que nuestros sueños pueden hacerse realidad”.

Esa es la alegría constituyente que ha desbordado las plazas. Las mismas plazas que el 15-M ocupó y que se han teñido de rojo, amarillo y morado.

Las elecciones europeas me han hecho caer en uno de los errores en los que estaba: creer que el 15-M estaba superado por el 22-M, como si el 15-M no hubiera sido, a su manera, la expresión de sectores de clase que han ido adquiriendo, desde entonces,  conciencia política desde la práctica movilizadora. El voto, como voluntad superadora de la resignación y la pasividad, o como mera expresión de rabia e indignación, no ha ido a parar a fuerzas fascistas, racistas o xenófobas, como en demasiados países de la Unión, sino a opciones políticas que plantean la necesidad de acumular fuerzas hacia un proceso constituyente, que plantean la cuestión del Estado y la sitúan en el centro.

La frustración de expectativas ha ido cuajando de conciencia de la solidaridad de intereses entre todos los miembros del grupo social, pero todavía en el campo meramente económico en una fase más estrictamente política (…) Es la fase en la cual las ideologías ya existentes se transforman en “partido”[1].

Gramsci se refiere a “partido” en sentido amplio, es decir al agrupamiento de fuerzas en torno a intereses de clase: la verdad teórica, según la cual cada clase tiene un solo partido, está demostrada en los cambios decisivos por el hecho de que los distintos agrupamientos, que se presentaban cada uno como partidos “independientes”, se reúnen y forman un bloque único. La multiplicidad existente al principio era solo de carácter “reformista”, o sea, concernía a cuestiones parciales. En cierto sentido, era una división del trabajo político (…) en los momentos decisivos, cuando las cuestiones fundamentales se pusieron en juego, la unidad se formó, el bloque se verificó”.[2]

Son momentos decisivos, de cambios decisivos. Y si trasladando la cuestión de clase a la España del siglo XXI, el “partido” dominante se agrupa en torno a los intereses de la oligarquía económica y financiera, el “partido” de la mayoría social trabajadora tendrá que seguir convergiendo en la movilización y crecer desde la praxis.

Lo dijo el PCE en su XIX Congreso: la salida de la crisis es neoliberal y autoritaria o democrática y anticapitalista. Por eso la socialdemocracia está en crisis, y lo va a estar en proporciones  mayores, porque está tomando “partido”.

La monarquía en España es la institución garante de la unidad de intereses entra la oligarquía económica y el poder político, el gozne indispensable del “partido” de los de arriba. Por eso la alternativa republicana no solo consiste en exigir que la jefatura del estado pase por las urnas, sino en construir desde el poder popular una alternativa democrático-republicana con un proyecto de país que garantice pan, trabajo y techo a la mayoría social trabajadora, desde una democracia protagónica, como gustan decir, y practicar, en el cono sur.

Las elecciones municipales de 2015 van a ser las más “políticas” de la historia desde 1979. No solo porque la reforma local ha dejado a los ayuntamientos sin competencias ni financiación, sino porque la situación política y social del país exige dar a esta cita electoral un carácter constituyente, con un claro y precioso antecedente: las elecciones municipales del 12 de abril de 1931.

El 2 de junio y la movilización ciudadana que reclama el derecho a decidir el modelo de estado, que reclama un referéndum para elegir entre monarquía y democracia y la apertura de un proceso constituyente en nuestro país, justifican aún más esta idea.

Las fuerzas políticas que reclaman la III República tras la apertura de un proceso constituyente pueden acudir unidas a las elecciones municipales. Presentar candidaturas de Convergencia Republicana o de un Movimiento III República o como queramos llamarlo no tiene por qué llevar consigo concurrir bajo una única lista, pero si al menos con compromisos políticos comunes que engarcen con la alternativa constituyente. A mí, Pan, Trabajo y Techo me parece una preciosa bandera tricolor.

 

Qué PCE para qué IU en esta fase

El debate sobre el modelo organizativo acompaña a la propia historia de los movimientos emancipadores. Y tenemos que adecuarnos a las “nuevas tareas de la nueva época”. Más Gramsci: los partidos nacen y se constituyen en organizaciones para dirigir las situaciones en momentos históricamente vitales para sus clases; pero no siempre saben adaptarse a las nuevas tareas y a las nuevas épocas, no siempre saben adecuarse al ritmo de desarrollo del conjunto de las relaciones de fuerza (y por ende de la posición relativa de sus clases) en un país determinado o en el campo internacional. (…) La burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora más peligrosa, si ella termina por constituir un cuerpo solidario y aparte y se siente independiente de la masa, el partido se convierte en anacrónico, y en los momentos de crisis aguda desaparece su contenido social y queda como en las nubes.[3]

El PCE tiene, de nuevo, la responsabilidad histórica de impulsar los cambios necesarios desde la unidad orgánica y la fortaleza de sus análisis. El PCE pertenece a una tradición que da a la lucha democrática una vocación unitaria. Su trayectoria histórica y la situación política y social, su pasado y el presente, le retan a tomar las decisiones adecuadas para este momento crucial en la historia de España. La vocación unitaria forma parte de su esencia política, y siempre ha sido más efectiva en los momentos en los que ha sabido interpretar el sentido histórico del momento, tres ejemplos: el Frente Popular, las Comisiones Obreras e Izquierda Unida.

En Andalucía, el Partido Comunista está siendo un factor esencial para impulsar los cambios en IU-CA. Hace una año, el PCA impulsó un proceso de renovación en sus estructuras de dirección desde la política y la unidad, midiendo los tiempos y poniendo en valor el trabajo de los y las que nos han traído hasta aquí. Este impulso renovador en las formas y en el fondo ha sido encabezado por Antonio Maillo: dirección colectiva, equipos de gentes bregadas en el activismo social o el municipalismo, audacia y convicción, juventud y experiencia.

El sometimiento, hace dos años,  a un referéndum del acuerdo programático firmado con el PSOE-A, la convocatoria de unas primarias abiertas a simpatizantes para elegir al próximo candidato a la presidencia de la Junta o la Asamblea de rendición de cuentas que se celebrará en septiembre, con un 50% de personas no militantes pertenecientes a colectivos sociales de base, son algunos de los ejemplos que demuestran  que el Partido Comunista no solo no es un lastre, sino que, unido y audaz, es un factor de impulso para lograr una IU de nuevo tipo, la tanta veces teorizada y nunca hecha carne: una IU movimiento político y social.

Es verdad que se ha corregido notablemente la inercia institucionalista desde la llegada de Cayo Lara a la coordinación general, con una IU que no sólo forma parte del conflicto, sino que es conflicto en sí misma, y es percibida como una amenaza objetiva de los privilegios del capital. Y es verdad que IU sale fortalecida en las elecciones europeas, con un millón de votos más que hace cinco años. Pero no es suficiente. Para construir el Bloque Político y Social que sostenga la alternativa tendrá que adecuar sus modos de hacer política al conflicto realmente existente, construyendo poder popular. Fácil de decir, duro de hacer, imprescindible.

A modo de conclusión

La alegría constituyente se expresó el 2 de junio en las plazas de España. Si en algo se parecen las fotos de este día con las de aquel 14 de abril, es en el gesto de alegría de cada uno de los rostros. Tocar un sueño con los dedos, sentirse y ser protagonistas colectivos de la historia, convierte la esperanza en alegría. Y la alegría constituyente es que la esperanza venció al miedo. El verbo soñar ya no se conjuga con la nostalgia: el futuro es de la juventud de la audacia, que es, como dice Maillo, lo que hay entre el temor y la temeridad.

La transición terminó el dos de junio. Ese día los nietos enterramos para siempre el silencio, el miedo y el dolor que cuarenta años de dictadura inocularon al país. Hace muchos años que rojos y rojas cerramos nuestras heridas, son otros los que aún supuran, pero el silencio de la Transición se ha roto para siempre, con la alegría.

 

[1] Gramsci. Nota de “El príncipe moderno”: Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerza.
[2] Gramsci. Nota de “El príncipe moderno”: Industriales y agrarios.
[3] Gramsci. Nota de “El príncipe moderno”: Observaciones sobre algunos aspectos de la estructura de los partidos políticos en periodos de crisis orgánica.