Por qué hay que destituir a la directora del Instituto de la Mujer: carta abierta a la vicepresidenta del Gobierno y a la ministra de Igualdad

· Opinión

Por Ana Pardo de Vera y Virginia Pérez Alonso, directora y adjunta a la dirección del diario Público.

Lucía del Carmen Cerón, directora del Instituto de la Mujer

La pasada semana, con motivo del décimo aniversario de la Ley de Igualdad, Público entrevistó a la directora del Instituto de la Mujer, Lucía del Carmen Cerón. En dicha entrevista, Cerón realizó una serie de afirmaciones que chocan abiertamente con la responsabilidad que ostenta y que ponen de manifiesto su incapacidad para ocupar dicho cargo, en tanto en cuanto dichas aseveraciones imposibilitan la consecución de las funciones y objetivos del propio Instituto de la Mujer, resumidos en esta frase:

“…tiene como funciones el promover y fomentar la igualdad de ambos sexos, facilitando las condiciones para la participación efectiva de las mujeres en la vida política, cultural, económica y social, así como la de impulsar políticas activas para el empleo y el autoempleo de las mujeres y la de fomentar y desarrollar la aplicación transversal del principio de igualdad de trato y no discriminación…”.

Pues bien, difícilmente puede “impulsar políticas activas para el empleo y el autoempleo de las mujeres” en condiciones de igualdad una persona que, admitiendo que las mujeres dedican cuatro veces más tiempo que los hombres al cuidado de la casa y los niños, afirma lo siguiente: “Por esto la mujer busca ese trabajo temporal, pequeño para ser una ayuda a la carga familiar”. Porque dar por sentado que las mujeres trabajan para contribuir a aliviar “la carga familiar” sitúa directamente a la mujer en una posición de inferioridad, de dependencia frente al hombre, le resta valor como individuo autónomo y ahonda en la concepción androcéntrica de la sociedad.

En cuanto a la violencia machista, en sus declaraciones, Cerón dice desconocer los motivos por los que ésta se produce (“[…] Que alguien acabe con la vida de una persona por celos, por sentimientos… por no sé qué. Es un no sé qué mal entendido […]”), a pesar de dichos motivos están recogidos de forma transparente en la legislación española y en la doctrina internacional:

La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, en su artículo 1.1, define la violencia de género como aquella que, “como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”.

En la Cuarta Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, la Asamblea declaró que este tipo de violencia “es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres, que han conducido a la dominación de la mujer por el hombre, la discriminación contra la mujer y a la interposición de obstáculos contra su pleno desarrollo”.

Es decir, que la directora del Instituto de la Mujer desconoce que la violencia machista, que en este país y sólo en lo que va de 2017 ha acabado con las vidas de al menos 16 mujeres (según datos oficiales actualizados hasta el 2 de marzo, que no tienen en cuenta, por ejemplo, a los menores asesinados; según otros colectivos, el número asciende a 20), es consecuencia directa de una sociedad patriarcal en la que la mujer ha estado tradicionalmente sometida al hombre y por tanto en una situación de manifiesta desigualdad por este motivo, realidad que empapa todas y cada una de las esferas de la vida en sociedad, desde el ámbito doméstico hasta el profesional.

Por si esta aseveración no fuera suficientemente trascendente y peligrosa, Cerón va más allá y afirma “que la mujer tiene que saber que hay que decir que ‘no’ a la violencia de género”. O, lo que es lo mismo, cae en el cliché de hacer responsables a las mujeres de luchar contra la violencia machista, cuando lo que debería hacer un organismo como el que ella dirige es en todo caso apelar a la responsabilidad de los hombres para que de forma directa o indirecta (a partir de la denuncia y puesta en evidencia de comportamientos machistas de sus iguales) sean ellos los que empiecen a liderar este cambio. Es como si a las víctimas de robos se las cargara con la obligación de combatir los atracos.

Estos son sólo tres ejemplos de las desatinadas respuestas de la directora del Instituto de la Mujer. Pero hay más (pueden leerlas en la propia entrevista o en este artículo de opinión de Marisa Kohan, periodista de Público especializada en temas de género).

Dichas aseveraciones serían gravísimas en boca de cualquier representante público, pero pronunciadas por la máxima responsable del organismo encargado de promover la igualdad de género resultan de todo punto intolerables.

En una democracia sana, estos comentarios habrían provocado la destitución inmediata de Lucía del Carmen Cerón. Dado que cuatro días después de su publicación nadie en el Gobierno parece haberles dado trascendencia alguna, recurrimos a esta vía para solicitar a la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, de cuya cartera depende el Instituto de la Mujer, y a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que en el ejercicio de sus responsabilidades públicas, en aras de una promoción efectiva de las políticas de igualdad de género y como mujeres también representadas por este Instituto, tomen en consideración esta entrevista para valorar la destitución de la señora Cerón y nombrar al frente de un organismo como éste, de extraordinaria relevancia para una normalización de la convivencia democrática y en igualdad, a una persona competente y capacitada para cumplir con los objetivos de esta institución, que vele de manera eficaz y no maniquea por los derechos de las mujeres.