Afganistán: la espantada poscolonial de España

Aun me acuerdo del rostro de un señor que un día de 2005 se me acercó en una conferencia para preguntarme: “¿Está usted segura de que la OTAN está utilizando armas radioactivas en Afganistán? ¡Mi hijo está destinado en este país!”. Preocupación comprensible de un padre, aunque inexplicable en un ciudadano en cuyo nombre matan a las personas de la parte del planeta que ni conoce ni le han hecho nada. Pues sí, una de las fuentes era el informe del Uranium Medical Research Center de mayo del 2003.

El silencio que rodea la guerra contra Afganistán es brutal. Quizás éste ha sido uno de los motivos por los que aquí —España— nunca se formó una opinión pública, y por ende, una movilización contraria a una de las agresiones militares de las últimas décadas con más víctimas civiles y provocada por los más viles intereses materiales.

¿Quién puede creer que los gobernantes de países con millones de pobres (unos 50 millones en Estados Unidos) sacrifiquen vidas y dinero de sus ciudadanos por la libertad de una señora de etnia tayika de Afganistán?

Ahora que el Gran Jefe Barack Obama negocia en Qatar con los talibán para mantener sus efectivos y bases militares después de la falacia de la opción cero de 2014, recibimos otra propaganda de guerra, dirigida a una audiencia considerada estúpida: los talibán no son iguales a Al Qaeda; los hay buenos y malos, y nosotros negociamos con los primeros para entregarles el poder a cambio de que nos dejen estar allí. ¡Al garete la “seguridad global” y eso de acabar con el nido de los terroristas del 11-S! Según Wikileaks, la OTAN financia a los talibán y a los señores de Guerra. Es como cuando un individuo que mata a tus hijos: juras venganza, atacas su casa, te instalas allí, le pagas un alquiler, mientras él con este dinero mata a otros hijos tuyos, a sus primos y a los vecinos. Se trata de los mismos que asesinan a los acusados de delitos sexuales, por lapidación o por lanzamiento desde una montaña, y los sepultan vivos bajo piedras mezcladas con el carbón encendido.

España también ha pedido a Kabul la autorización para quedarse después de 2014, cuando pederastas, violadores y asesinos (señores de guerra, traficantes de droga), afeitados y vestidos de chaqueta y corbata, que ya se han inscrito como candidatos a la presidencia, sustituyan a Hamdi Karzai.

Se trata de una guerra artificial, un montaje en todos los sentidos: Estados Unidos mantiene al gobierno de Pakistán, que a su vez arma y paga a los talibán, a la red Haqqani, al Tehrik-i-Taliban Pakistan (Movimiento talibán pakistaní), al Lashkar-e-Tayyeba (Ejercito de los Inmaculados), entre otros, para que el juego continúe.

Los objetivos no confesados

De los cerca de 100.000 soldados de la OTAN en Afganistán (sin contar decenas de miles de efectivos bajo otros nombres, como los siniestros Blackwater Xe Services), España ha sido el sexto país de la Unión Europea que más tropas ha enviado, y todo para cumplir con los siguientes objetivos oficiales: estabilizar Afganistán e impedir que vuelva a ser el santuario del terrorismo, fortalecer a su Gobierno, restablecer el orden y seguridad, acabar con el cultivo de droga y reconstruir el país.

Sin embargo, para una potencia media como España participar en esta agresión militar a un país centroasiático, que en principio carecía de importancia estratégica o económica, se debía a otros motivos:

* Ausencia de una política exterior independiente de la de Estados Unidos. También su retirada obedece a la agenda americana.

* Por ser “una apuesta política clara por convertir a España en un socio leal y fiable para la OTAN y para Estados Unidos”, según el General Ballesteros. Y luego llamaban “satélites” a los aliados socialistas de la Unión Soviética.

* Entrenarse como Estado mini-imperialista para futuros combates.

* Es una escuela para los 20.000 militares que dejaron los videojuegos de guerra para batallar en un escenario real.

* Participar en el Gran Juego librado en el corazón de Asia Central, por si caía alguna miga del botín de la guerra del Norte contra el Sur.

* Acceso a los recursos y mercados de esta región “perdida”, a través de Afganistán.

* “Si nos autoexcluímos de este combate democrático ¿qué dirán en Afganistán? Que nosotros estamos en el paraíso y preferimos ignorar esta llamada democrática”. Miguel Ángel Moratinos dixit.

Un balance para reflexionar

Lo que perdió España en aquella tierra fue, además de su “inocencia” y empezar a ir de invasión a invasión, a un centenar de militares y 3.500 millones de euros. Mientras participaba en los combates, el debate giraba en torno a la terminología de “si ésta es una guerra o en un escenario bélico” (????).

Ninguno de los objetivos ha sido conseguido. El caos reina en Afganistán y si una parte del país sigue bajo el control de los talibán, la otra lo dominan los señores de guerra. El proyecto de crear un gobierno fuerte centralista que protegiera los intereses occidentales no pudo ser. El impresionante mapa etnolingüístico del país propone un sistema federal de gestión, cuestión que no fue considerada por los ocupantes.

La provincia de Badghis, tierra de pistacho y melón y base de las tropas españolas, es, con 2.363 hectáreas cultivadas de adormidera, la principal productora de opio de la región. Un kilo de heroína afgana, que allí cuesta unos 100 euros, en España se vende por 32.000. El 90% de la heroína que se vende en el Reino Unido también es afgana.

La seguridad es un chiste. La Alianza sigue lanzando bombas sobre la población a pesar de la prohibición de sobrevolar las zonas pobladas. El número de civiles muertos y heridos causados por los ocupantes y los talibán no para de incrementarse. Los últimos muertos, varios niños esta semana.

Afganistán, además de seguir siendo un refugio para los terroristas, en estos 12 años se ha convertido en un productor y exportador del terrorismo a la carta a nivel mundial.

La pobreza se ha disparado. La presencia de miles de soldados de la ocupación, junto con la falta de trabajo y ayuda por parte de un gobierno que solo en 2008 recibió 20.000 millones de dólares de los donantes extranjeros para reconstruir el país, ha empujado a miles de mujeres con hijos a su cargo, viudas desamparadas, a prostituirse: un atentado contra su dignidad y también una amenaza a su integridad física bajo un régimen teocrático que las puede condenar a la peor forma de morir.

No hay rastro de “reconstrucción”. El proyecto de Deh-sabz (aldea verde), que prometía ser una ciudad nueva y equipada en el norte de Kabul y había sido diseñado tras expropiar las tierras de los campesinos y una inversión de 27 millones de dólares, ha sido abandonado por mala gestión, corrupción y falta de trabajadores profesionales cinco años después de poner su primera piedra. ¡Y menos mal, cada piso iba a ser vendido por 100.000 dólares!

En el marco de un sistema político inviable ha surgido una nueva burguesía parasitaria desligada de la producción de riqueza y dedicada al comercio de los recursos del país. El capitalismo nace sin tocar la arraigada estructura de las relaciones sociales medievales, sin ofrecer nada de progreso y avance para la población.

Eso sí, no faltan hoteles de varias estrellas para los jefes los países ocupantes. Por otro lado, y gracias al turismo o estancia de los empresarios y cooperantes extranjeros Kabul hoy es una de las ciudades más caras de Asia, mientras muchos de los habitantes de la capital no pueden pagar ni los alimentos básicos.

No será para estas personas la construcción del centro cultural privado español Kaghz paran en Kabul, que ha costado 150.000 dólares y que acogerá a 150 niñas.

La participación de un país como España en una guerra de Estados Unidos es otra versión de la banalidad del mal.

Decía Bertolt Brecht:

Hay muchas maneras de matar.
Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
Quitarte el pan.
No curarte de una enfermedad.
Meterte en una choza.
Empujarte hasta el suicidio.
Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
Llevarte a la guerra, etc…
Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado.

El “onegeismo”

En la película El Chico, Chaplin haciendo de cristalero pedía a su hijo adoptivo que rompiese a pedradas los cristales de los vecinos para que él los reparase. Uno destruye para que el otro construya. Desde el ataque a Afganistán una avalancha de onegés ha ocupado el espacio social del país, haciendo el trabajo que debe realizar el gobierno.

Con chóferes, mejores viviendas, seguridad privada y un sueldo muy por encima de sus compañeros afganos, muchos cooperantes invierten más de la mitad de las subvenciones en su propio bienestar, traicionando su compromiso de realizar un trabajo honesto. Una ONG de mujeres está creando varios salones de belleza con el fin de crear, afirman, puestos de trabajo, mientras venden todos los géneros de una marca europea de cosmética y enseñan cómo maquillarse (a lo europeo) con esos productos a un pueblo milenario que maquilla hasta a sus hijos varones recién nacidos con esencias naturales.

El caso de la ONG española Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA), es aparte. Su trabajo con las mujeres y los niños afganos es admirable.

Sin embargo, el deterioro de la situación de las mujeres no para. El número de encarceladas por “crímenes morales” aumentó en 2012 un 50 % respecto a 2011, y hoy al menos unas 600 mujeres detrás de las rejas.

De allí a otros ‘stanes’

La visita del presidente Rajoy a Kazajistán, el país más grande del mundo sin acceso al mar, segunda reserva mundial de uranio y con abundantes reservas minerales gas y petróleo, abre el camino a las empresas españolas. Antes de él, en el siglo XV, el primer político español que puso sus pies en Asia central fue el embajador Ruy González de Clavijo, de misión en la corte del Tamerlán (un guerrero criminal al estilo del mogol Gengis Khan) en Samarcanda. Su fin no era otro que establecer una alianza militar contra los turcos. Repsol ya ha firmado acuerdos con este país para extraer petróleo.

Asia Central es un buen lugar para las petroleras: no están allí esos molestos ecologistas. El mercado puede funcionar con total tranquilidad.

Por su parte, algunos de los países de esta región estratégica envían a España turismo de élite: el presidente uzbeko, Islam Karímov, ha nombrado a su hija embajadora del país en Madrid. Un nepotismo sin complejos, justo cuando el escándalo de la explotación de miles de niños-esclavos en la industria algodonera —cuyo producto terminan en los talleres de Zara—, era titular de la prensa.

Ahora el objetivo de la OTAN es conseguir un estatus legal en Afganistán para que ningún estado regional consiga expulsarle

Los pronósticos se cumplieron y Afganistán, al final, fue un pantano del que los invasores aún no saben cómo salir ilesos.