Punto y seguido

Nazanín Armanian

Libia: ¿guerra ficticia?

27 Mar 2011
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EEUU está tras el petróleo libio”, afirma el diputado demócrata por California, Michael Honda, a la vez que la republicana Candice Miller pregunta a Barak Obama “¿En qué otros conflictos querrá el presidente Obama que se involucren las fuerzas estadounidenses? ¿Qué parámetros usa para decidir el uso de la fuerza estadounidense?”

Que se diga que la agresión militar a Libia no es una guerra, que la OTAN es una solidaria ONG (cuyas bombas en Afganistán ya han sepultado a decenas de miles de inocentes) y que, además, sus misiles no han causado ni una sola muerte civil, resulta aun más insensato que las explicaciones de Bush sobre los daños colaterales de sus hazañas castrenses. El que tengan la bendición del Consejo de Seguridad y de la Liga Árabe –compuesta por títeres del Pentágono, contra quienes van dirigidas las revueltas- indica la complicidad entre la contrarrevolución árabe y los gobiernos occidentales.

Europa, con su Napoleón le Petit, a la cabeza, en esta guerra fácil recupera su protagonismo internacional; EEUU de Obama, amplía el perímetro de su Comando Africano, para abortar o canalizar las revueltas populares en la zona, y expulsar a China y Rusia de África. Ambos, distraen a sus ciudadanos que, mientras les embargan sus pisos, tendrán que pagar los costes de otra guerra. Cada misil Tomahawk que lanzan sobre Libia, cuesta un millón de dólares: doble banquete, para la industria militar y las petroleras.

Por cierto, Sr. Zapatero, la ocupación de Afganistán, también fue por razones geoenergéticas. Desde la caída de la URSS, Washington soñaba con apoderarse de inmensas bolsas de gas del Mar Caspio, y Afganistán – que “casualmente” comparte frontera con China- es la única salida para transportarlo hasta el Mar arábigo. Uno de los motivos del ataque a Libia es justamente la pérdida de esta batalla por la energía en Asia Central, a favor de Pekín, que ha construido el Gasoducto del Siglo, trazado desde el Caspio hasta su costa oriental.

Gadafi y la OTAN han ahogado la primavera árabe en las arenas de Libia, atrapando a sus gentes entre El Mal y El Peor.


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