Nace la Doctrina Putin, en 7 puntos

Decía Sun Tzu:  “La guerra hay que ganarla antes de declararla”.  ¿Conforme a qué datos y análisis el Pentágono y la CIA pensaron que su complot contra  Rusia —el de instalar un régimen anti-ruso en Kiev e integrarlo en la OTAN—  iba a fructificar? Si a pesar de contar con miles de agentes e informadores militares y civiles, públicos y ocultos  en este país, EEUU ha hecho un fiasco de gran calibre y de consecuencias imprevisibles, ¿cómo elabora su táctica hacia un país como Irán, donde no tiene ni embajada? (Ver EEUU y la OTAN planean desmantelar la Federación Rusa).

Los sectores belicistas del gobierno de EEUU cometieron la grave imprudencia de cruzar la línea roja con Moscú, pasando de guerras  periféricas (antes en Corea o Vietnam, hoy en Siria) a provocar un enfrentamiento directo con Rusia. Ahora, además de tragarse el cuento de la integración de Crimea a Rusia —en parte gracias al referéndum y el hábil uso del vox populi por parte del Kremlin— también han tenido que aceptar la propuesta de Moscú de cambiar la Constitución ucraniana para transformar el país en una federación, en un Estado-tapón no alineado, y así impedir que se convierta en otra base de la OTAN en sus fronteras. Y quizás sea mejor que no lo amenacen con más sanciones económicas si no quieren que los rusos saquen su dinero de Chipre o de Portugal y fuercen a Bruselas a un nuevo rescate.

Metamorfosis de Vladimir Putin

Existía, entre los principales dirigentes rusos, la idea de que “cuánto más dependamos de Occidente, Occidente dependerá más de nosotros”, que es lo más parecido a una absurda doctrina de seguridad de unos hombres que después de traicionar los ideales de un mundo justo, estaban ansiosos por hacerse un hueco en la élite del capitalismo global. Así, dejaron que EEUU determinase el rumbo del país, hasta que “los progresivos cambios cuantitativos generaron cambios cualitativos” y un dirigente llamado Vladímir Vladímirovich Putin sufrió este mismo proceso en su propia piel  y ahora está cambiando el rumbo de su país. De cómo sucedió, ésta es una resumida crónica:

* 1997: la OTAN firma con Gorbachov el Acta Fundacional, cuyo eje son “tres nóes”: que la OTAN no tiene “ninguna intención, ningún plan, y ninguna razón” para estacionar grandes contingentes militares en los 12 países del antiguo bloque socialista. La Alianza estaba engañando a los rusos. No tardará en romper su promesa en pedazos.

* 1998 y 1999: Putin, desde el gobierno de Yeltsin, reprime con dureza la rebelión de los chechenos con la idea de impedir la mayor desintegración del país. Ambos bandos cometen crímenes de guerra.

* Una vez sucedido a Yeltsin en 2000, Putin es tratado con mimos por un Occidente que así pretende desactivar su posible oposición a las aventuras bélicas en marcha, contar con su consentimiento para instalar bases militares en Asia Central, implicarle en la inmoral guerra contra Afganistán y utilizar su territorio para el tránsito de los convoy (Ruta Norte) a este país, y todo ello a cambio de nada: concesiones unilaterales.

* 2008: ve cómo Occidente y Arabia Saudí, desestabilizan el Cáucaso. Vuelve a emplear mano dura ante la brutalidad de los jefes chechenos.

* Putin y su equipo ya se dan cuenta de que el acercamiento a Occidente no ha beneficiado a Rusia. El enfoque brzezinskiano de la política exterior de Obama, de menos Oriente Próximo y más contención de Rusia y China, es claro y publico. Putin recoge la idea fracasada de Obama de formar un G2 con China, y fortalece sus lazos con el gran vecino.

* Putin proyecta una imagen de fuerza y seguridad y consolida su poder personal. Su postura anti estadounidense neutralizará a los militares “nostálgicos” que venían exigiendo una política exterior contundente en defensa de los intereses nacionales.

* Con el aumento del precio de los hidrocarburos mejora la situación económica de Rusia. La crisis financiera de Occidente hace que los países afectados aumenten su dependencia a los mercados e inversiones de las potencias emergentes, entre ellas Rusia ( Ver Nabucco: Europa esclava).

* Sospecha, al igual que los chinos, que las primaveras árabes están promovidas por EEUU para rediseñar el nuevo mapa de la región acorde a los actuales intereses y en perjuicio de Rusia y China.

* Libia es el nombre del penúltimo golpe que recibió de EEUU: la resolución del Consejo de Seguridad proponía una zona de exclusión aérea y no el cambio del régimen.

* Se opone a amenazas de Washington contra Irán y Siria y concede asilo a Snowden, intentando recuperar la autoridad moral que perdió al no oponerse al bombardeo de Libia.

* La profunda decepción del Kremlin por sus “amigos occidentales”, que en Ucrania alcanza tal punto que acaba con su pragmatismo y el realismo defensivo para dar paso al realismo a la ofensiva, da forma a su doctrina.

Así queda la Doctrina Putin

* Considerar la inestabilidad de los países vecinos una amenaza para la seguridad rusa y tener derecho a estabilizarlos.

* No fiarse de EEUU y la Unión Europea. Los trágicos fines de Saddam y Gadafi mostraron que ni una sólida relación con Occidente es garantía de salvar el pellejo.

* Elevar la autoridad de Rusia a nivel internacional para que EEUU no vuelva a menguarle como “una potencia regional”. Con su historia e ingente patrimonio energético y cultural ha demostrado, por ejemplo en la crisis siria, que es capaz de rescatar al propio presidente de EEUU de su autodibujada “línea roja”, evitando una nueva catástrofe bélica para el mundo.

* Resolver los conflictos internos y también con los vecinos.

* Advertir de que jugar con la “nueva” Rusia tendrá sus costes: una de las lecciones de Crimea.

* Barajar la utilización del concepto de “intervención humanitaria y la Responsabilidad de Proteger (R2P)”, donde considere necesario, como sus homólogos occidentales.

* Fortalecer las posiciones de Rusia en Eurasia, impedir la desintegración del país (Chechenia) y recuperar la influencia perdida en los ex miembros de la URSS y los viejos aliados (Cuba, Vietnam).

Lucha de clases o nacionalismo

La burguesía compradora rusa que dirige el gobierno desde el control sobre la exportación de los recursos naturales del país mantiene una estrecha, aunque compleja relación con la oligarquía internacional. Aun con sus rasgos particulares marcados por la historia y la cultura del país, no se debe descartar el uso del nacionalismo algo exacerbado ruso para exportar la crisis interna o canalizar el descontento de sectores más desfavorecidos, desde un discurso populista (Ver Putin: entre la paz, la Santa Rusia y la homofobia).

Según el Partido Comunista de Rusia (prohibido por Yeltsin en 1991, legalizado en 1993, y hoy la segunda fuerza política del país), la tasa de pobreza ha subido al 12,2%  en 2013, un punto más que el año anterior (en EEUU esta tasa es del 15% y en España, del 21%). Unas cifras que no deben menospreciar el gran trabajo de los rusos por levantarse del duro golpe de la desintegración de la URSS y las políticas de Yeltsin y compañía, que dejaron al 33,5%  de la población (49 millones de personas) en una escandalosa pobreza.

El índice de crecimiento económico cayó del 3,4 % en 2012 al 1,6% en 2013.

Los comunistas que acaban de ganar la alcaldía de Novosibirsk, la tercera ciudad más grande del país, denuncian la enfermedad holandesa de la economía del país: la dependencia de la economía a las exportaciones de hidrocarburo (un 70% del total en 2012) y que sólo un tercio de las ganancias llega a las arcas públicas. El resto se queda en las cuentas de los empresarios nacionales y extranjeros y a esta cifra se añaden los 50.000-70.000 millones que son extraídos del país por la “fuga de capitales”.

El PC, que ha apoyado el derecho de Crimea a la libre determinación así como la restauración voluntaria de la Unión Soviética, denuncia el abandono de unos 40 millones de hectáreas cultivables que han hecho desaparecer pueblos enteros y que la agricultura represente sólo el 4,4 % del PIB. En la Rusia emergente y de grandes magnates, la esperanza de vida es de 70 años, ocupando la posición 97 entre 180 países. Las políticas sociales del gobierno siguen siendo insuficientes, aunque el nivel de vida ha mejorado respecto a la década de los noventa.

Más presión a Rusia la empujará hacia una política exterior agresiva y a un ascenso de la ultraderecha en Rusia y en Europa.

Puede que el perfil de Putin sea idóneo para una nación en ascenso y el de Obama, para una en decadencia, aunque lo único seguro es que estamos ante el fin del Nuevo Orden Mundial de Bush y que la geopolítica tiene una naturaleza cambiante. Sólo se puede hablar de tendencias.