Punto y seguido

Nazanín Armanian

Una farsa y 11 motivos detrás de la agresión israelí a Gaza

21 Jul 2014
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“¿Qué pasaría si, dentro de una semana, fuesen secuestrados tres jóvenes de 14 años en una de las colonias?”, fue la pregunta-profecía lanzada por Tamir Pardo, jefe del Mossad, una semana antes de la desaparición de los tres jóvenes israelíes en Cisjordania, según publica el diario israelí Haaretz (Mossad chief’s chillingly prescient kidnap prophecy).

¿Insinúa Haaretz que se ha tratado de una guerra de bandera falsa?  ¿Que Netanyahu ha utilizado los 18 días de sufrimiento de los familiares de los chicos dándoles esperanza de encontrarlos vivos, a sabiendas de que estaban muertos, mientras detenía a cientos de activistas palestinos, mataba, mutilaba y dejaba sin hogar a miles de civiles inocentes?

Claro está que la reconstrucción oficial de los hechos es bastante difícil de creer: unos israelíes suben a un coche de matrícula palestina (¿o era israelí?) en Cisjordania, después piden ayuda a través del teléfono móvil,  pero a pesar del protocolo de guerra contra el terror en un país en estado de alerta constante nadie toma en serio su petición de socorro;  después de la detención (y seguramente de la tortura) de unos 600 palestinos “implicados” Israel seguía sin saber de los jóvenes, y no supo el lugar en el que estaban enterrados hasta 18 días después. Tampoco explicaron por qué los secuestradores no pidieron un rescate (como sí hizo Hamas tras capturar al soldado Guilad Schalit en 2006 para liberarlo en 2011 a cambio de cerca de mil hombres, mujeres y niños palestinos detenidos por Israel), o por qué nadie reclamó la autoría del crimen. Dieciocho días ha sido tiempo más que suficiente para acosar a los palestinos, culpar a Hamas sin ninguna investigación, prueba o indicio, y lograr el apoyo de la opinión pública interna y mundial para lo que se había planeado con anterioridad.

Si esta hipótesis se descarta, quedan otros posibles autores: los lobos solitarios, contra los que Hamas lucha, o el Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL), que reclamó la autoría del secuestro. Según Edward Snowden, el EIIL fue fundado por el Mossad, EEUU y Reino Unido con el objetivo de crear un avispero que involucre a los estados musulmanes de la región, protegiendo a Israel. En su macabro avance, esta semana lapidaron a dos mujeres sirias.  (ver: 23 observaciones sobre la nueva guerra líquida de EEUU en Irak).

A pesar de que Hamas comete asesinatos contra la población civil israelí, este crimen no lleva su marca. De hecho, los lanzamientos de cohetes se habían reducido a unos cinco por mes en 2013, cuando en 2007 eran cerca de 200. Junto con Al Fatah estaba formando el Estado palestino, y un hecho de tal calibre dañaría severamente su imagen ante los políticos occidentales que habían apoyado la fundación de dicho Estado. Sea como fuere, Netanyahu ha echado mano al Plan Dagan (elaborado en 2001) que prevé el uso de la muerte de civiles israelíes para justificar operaciones militares contra enemigos.

“Netanyahu es un mentiroso”, dijo una vez Nicolas Sarkozy, harto de artimañas y chantajes del político hebreo.  Para encontrar una magnífica descripción gráfica de la realidad distorsionada palestina está el artículo del periodista israelí Noam Sheizaf, titulado Why I object to this military campaign, even as missiles fall on my city.

Los porqués de la actual masacre

Durante los últimos años los distintos gobiernos israelíes han atacado Gaza para conseguir más apoyo de los belicistas en vísperas de elecciones, para preservar una coalición de gobierno, acallar las voces de protesta interna, desviar la atención pública de un escándalo o entrenar a sus tropas en un campo de batalla real, entre otros motivos. La actual agresión busca los siguientes objetivos nacionales, regionales e internacionales:

1. Limar las fricciones políticas de su régimen, además de permitir que un Netanyahu acusado por algunos socios del Gobierno —como el ultraderechista moldavo Avigdor Lieberman, exministro de Asuntos Exteriores— de fracasar en el intento de atacar a Irán,  o de impedir que el Estado palestino ganase legitimidad en la ONU, se presente de nuevo como un hombre duro. Liberman dimitió el 6 de julio por considerar blanda la lluvia de misiles y bombas que caían sobre la franja, forzando así al primer ministro a lanzar la ofensiva terrestre, a cambio de seguir dándole estabilidad a su Gobierno.

2. Impedir la formación de un Estado palestino, debilitando la infraestructura de Hamas, dañando su credibilidad y provocando que surjan nuevas brechas entre Al Fatah y Hamas, para acabar con la unión entre ambas formaciones. Tel Aviv no busca la destrucción de la organización derechista-islámica; la necesita para que siga gestionando el gueto de Gaza, para que impida el caos o que grupos descontrolados tomen protagonismo, y para que sirva de pretexto para atacar a los palestinos cada dos por tres.

3. El objetivo real de la agresión no es Hamas, “el terrorista”, sino el pueblo palestino, como en su día hizo Israel con el Líbano, Irak, Sudán, Libia o Siria.

4. Radicalizar a Hamas y provocar un conflicto interpalestino. Una mala idea, ya que un Hamas debilitado y acorralado no tendría nada que perder en una batalla tan desigual, en una sociedad tan peligrosamente frustrada. Tel Aviv piensa que podrá reinar en un estado de guerra permanente en la zona.

5. Hacer pedagogía del terror, en este caso dirigida a Mahmud Abbas, por atreverse a pedir el reconocimiento de su Estado en la ONU y acercarse a Hamas.

6. Apoderarse de los yacimientos de hidrocarburos en Palestina (ver: Israel detrás del gas de Gaza). En enero pasado, Mahmud Abbas y Putin negociaron la explotación del yacimiento del gas de las aguas de Gaza por Gazprom.

7. Librarse de la presión de Obama y Kerry, que les exigían esfuerzos en el proceso de paz con los palestinos, además de parar los nuevos asentamientos (ver: Israel: Aquí mando yo). Este ataque no sólo significa arruinar el plan de paz estadounidense, sino que además es un claro mensaje a Obama:  sin el apoyo de EEUU Israel es capaz de lanzar destructivas guerras sin que nadie, ni en Occidente ni en Oriente, tenga agallas de impedírselo o de amonestarle.

8. Recibir más ayudas militares de sus socios occidentales: Obama añadió otros 500 millones de dólares a la partida de 30. 000 millones prevista para el periodo 2009-2018, entre otras entregas militares.

9. El temor a que un Estado palestino se acerque a Moscú (como lo están haciendo Cuba y los países exsocialistas de Asia Central), ahora que su pueblo ha sido casi abandonado por los países árabes, Turquía e Irán.

10. Exhibir su poderío en la región, con la complicidad de Egipto, aprovechando la catastrófica situación en la que se encuentran: Libia, Sudán, Siria e Irak agonizan como estados y naciones; el Líbano carece de gobierno; Hizbollah está entretenido en la lucha contra los terroristas en Siria (ver: Siria es una trampa), e Irán se encuentra ocupado con las negociaciones con EEUU sobre el programa nuclear (la prioridad de Teherán es romper las sanciones económicas y dar una imagen más amable y menos radical).

11. Siendo uno de los principales fabricantes mundiales de armas, le interesa probar nuevos artefactos: un gas venenoso en 2001, el fósforo blanco con efectos de napalm en 2009, y el uso de explosivos de metal inerte denso ahora.

Se trata de emplear la guerra para conseguir objetivos que no ha podido lograr desde la política.

Nueva situación, nuevas políticas

A pesar de la propaganda israelí, Gaza/Palestina no es Hamas, una organización de derechas religiosa, con grandes sombras y poca luz en sus acciones sociales y político-militares. Hombres y mujeres laicas, creyentes de diferentes religiones, feministas o pacifistas forman parte de la resistencia palestina (ver: Lenin en Palestina), y teniendo en cuenta los profundos cambios en la zona, trazarán nuevas tácticas y estrategias para conseguir sus objetivos.

El resultado de esta guerra-masacre está siendo un triunfo militar de Israel contra los petardos de Hamas, a la vez que un fracaso estratégico por los crímenes cometidos contra la humanidad; un aumento de los sentimientos antiisraelíes (y antioccidentales) en la región y un duro golpe a Hamas y Al Fatah, que cae como víctima política, acusada con o sin razón de colaboracionista.

Avanza la construcción de un Nuevo Oriente Medio diseñado por el imperialismo estadounidense e Israel, edificado sobre los cuerpos calcinados de cientos de miles de personas, en el que un Gran Israel nacería si consigue hacerse con los territorios, el petróleo y el agua que pertenecen a sus vecinos.

Ante el arrollador poderío de este país y sus socios occidentales, los palestinos no pueden lanzarse a batallas suicidas y emitir declaraciones pasionales propias de políticos aficionados como que “continuará su lucha hasta la última gota de sangre”. En ocasiones, habría que dar un paso atrás para luego dar dos hacia adelante.


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