Punto y seguido

Nazanín Armanian

“Ecoterrorismo” y un mundo al revés

03 jul 2011
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La detención de varios activistas por los Derechos de los Animales, acusados de la liberación de los “peligrosos” visones, desvía la atención pública de los verdaderos responsables de la destrucción de nuestra habitat, además de pretender desacreditar el movimiento social en el que millones de personas luchamos por un mundo justo, ético y en armonía con la naturaleza.

La industria peletera no les perdona la revelación de sus macabros secretos, que ha causado una considerable caída en la venta de sus productos. Han entrado en crisis y tampoco hay que descartar  una fechoría de la competencia o un autosabotaje para cobrar el seguro.
Los visones, atrapados con cepo o “fabricados” en serie en cautiverio, malviven hacinados y mutilados en pequeñas jaulas, empapados de sus excrementos, para acabar despellejados, tras siete meses de tortura. Para obtener un solo abrigo, unos 60 visones o 250 ardillas son electrocutados, asfixiados con gas letal, o matados a mazazos (alrededor de 300.000 visones cada año, sólo en España), como las focas de Canadá. Lo mismo que sufren unos 20 millones de gatos y perros chinos, cuyo pelo adorna los juguetes que terminan en el cuarto de nuestros hijos.
Inglaterra ha prohibido estas granjas y otros países europeos lo estudian. En España, la ley ampara esta industria y la considera ganadería de abasto, de alimentación. ¿Es que se come visón en España?
En 1990, un empresario de Teruel en la quiebra, abandonó a unos 5000 visones enjaulados. Muchos murieron de inanición, otros se escaparon. ¿Fue entonces detenido el granjero?
La legislación, para colmo, condena a muerte al visón fugitivo, acusándole de depredador por comer cuatro truchas, mientras millones de peces son capturados cada día por individuos que vacían los mares.
Según el Partido Animalista no existe un delito tipificado como  ‘ecoterrorismo’. Y si se inventa, que persiga a los que no cumplen con el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, o a McDonald’s, por ejemplo, por devastar Amazonia: acaban con la biodiversidad, plantando soja para alimentar a millones de vacas, pollos y cerdos que luego se convierten en hamburguesas.

Busquen el terror legalizado en las plazas de toro, en las fiestas populares, tras las cortinas de los circos y los zoos, o en el grito estremecedor del animal en el matadero.

En un mundo racional, los detenidos serían los que omiten el socorro a una criatura maltratada. Estos activistas sólo se han puesto en la piel de ellos. La empatía es una virtud humana.


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