EEUU y los yihadistas extienden el “Arco de Crisis” a Asia Central

El llamado “Arco de crisis”, santo y seña del proyecto diseñado en 1978 por  Zbigniew Brzezinski, tiene por objetivo provocar tensiones étnico-religiosas en las proximidades de Rusia y China, desde el Cáucaso y Oriente Próximo hasta Asia Central y las costas del Océano Índico, valiéndose del fundamentalismo religioso. En 2012, la Agencia de Inteligencia de Defensa de EEUU reconoció al “yihadismo sin frontera” como un activo estratégico para llevar adelante sus planes. Una vez desmontados la URSS, Afganistán, Irak, Libia y Siria, Washington acompañado por su Estado Islámico (EI) vuelve a Afganistán –el país más estratégico del mundo— para hacerse con el control de Asia Central, patio trasero de Rusia y China, fronteras de la India e Irán.

El modelo a aplicar se basa en el terrorismo, el extremismo y el separatismo, aprovechando la fragilidad de los Estados autocráticos y lacios de la región, levantados sobre lazos étnico-tribales. Según el presidente ruso Vladimir Putin, el EI ya está presente en 25 de las 34 provincias afganas, incluidas las norteñas.

Tercer intento en Asia Central

La “internacional yihadista” creada por el Pentágono en 1978 en Afganistán con el lumpen proletariado afgano, pakistaní, árabe, uzbeko, tayiko, uigur, checheno, entre otros, fue el fruto del primer intento de conquista de esta estratégica zona por EEUU y sus socios europeos y árabes. El segundo, también frustrado, tuvo lugar en 2001, cuando Washington hizo de bombero pirómano, declarando la guerra contra los talibanes con los que hoy sigue viviendo en paz y armonía: “Los Taliban no son nuestros enemigos”, confesó Joe Biden.

El Estado Islámico, grupo religioso multiétnico, aparece en este tercer intento de la OTAN, ya que los Taliban no le sirven para esta misión, pues representan sólo a la etnia pashtun y no podrán atraer la simpatía de otras tribus, por ejemplo, en Tayikistán o Uzbekistán, los dos Estados más frágiles de la región, candidatos para estrenar el plan del Pentágono. Es más, el Servicio de Inteligencia Pakistaní (ISI), el padrino del Taliban, es el encargado de reclutar hombres para el EI, y así de paso invierte en el futuro de su criatura frente a los bárbaros del EI.

Objetivos del  “caos controlado” en Asia central

El Comando Central de EEUU (CENTCOM) —“responsable” de esta región—, tiene asignadas las siguientes tareas:

. Aplazar por enésima vez la retirada de las tropas de Afganistán bajo el pretexto del “deterioro de su seguridad”, como adelantó Ashton Carter, Secretario de Defensa de Obama, el febrero pasado.

. Convertir a los efectivos del EI en su carne de cañón, proporcionándoles además fuentes de financiación como el tráfico de  cobre,  esmeraldas, rubíes, tierras raras, y sobre todo el comercio de opio, para que esta guerra también le salga gratis a EEUU.

. Hacer que China rompa sus contratos sobre la minería afgana, por la inseguridad reinante, mientras se desgastaría en Xinjiang, luchando contra  la extrema derecha religiosa que pretende fundar un Uiguristán. Pekín, mientras respeta la libertad religiosa como un derecho individual, prohíbe sus exhibiciones colectivas descontroladas y emplea mano dura contra sus enemigos, y de paso también contra sus críticos. Los líderes chinos acusan a Turquía de entregar documentos de identidad turca a los uigures desde países como Tailandia, para luego trasladarles a Turquía e ingresarles en las filas del Estado Islámico. Que los uigures hablen turco y la mayoría sea musulmán no cambia su identidad étnica ni su nacionalidad china.

. Inhabilitar  el gaseoducto Turkmenistán-Uzbekistán- Kazajstán-China, el más largo del mundo.

. Envolver a Rusia en una pinza, desde Europa de Este (por Ucrania), hasta el Cáucaso pasando por Asia Central.

. Controlar el agua de Tayikistán, la principal fuente hidráulica de la región.

. Explotar las disputas fronterizas entre Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán en el valle de Fergana, que es la zona más fértil, más poblada y de mayor inestabilidad de Asia Central.

. Vender armas. El gobierno turcomano abandona su neutralidad para comprar equipo militar a EEUU, mientras  el uzbeko va a  recibir 200 vehículos anti minas. Moscú, por su parte, ofrece a Tayikistán —donde tiene una base militar—, 1.230 millones de dólares en asistencia tecnológica-militar.

. Cercar a Irán con el infierno de guerras,  y no solo por rebajar el disgusto de Israel, Arabia Saudi y Turquía por haber habilitado a Irán tras la firma del acuerdo nuclear. Quiere  mantener la espada de Damocles encima del cuello de Teherán, sacándole más y más ventajas. ¿Permitirá Washington que una de las principales reservas mundiales de hidrocarburo entre en BRICS o en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, formada por Rusia, Armenia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Bielorrusia? ¿Y Moscú? ¿Dejará que un Irán respaldado por EEUU, le coma el mercado de gas?

. Presionar a la India, otro miembro de BRICS. En este país hay suficiente caldo de cultivo para provocar disturbios entre los 30 millones de musulmanes y los grupos chovinistas hindúes, respaldados por el propio presidente Modi.

Si nadie detiene esta locura, las dimensiones de una guerra, que involucraría directamente a las cuatro potencias —China, Rusia, India e Irán—, serían simplemente inimaginables.