Opinion · Punto y seguido

Abbas Kiarostami y su batalla contra Ahriman

Se equivocó al pensar que podría eliminarle de la faz de la tierra negándole el lugar que le correspondía en sus películas. Y se vengó: Ahriman, el Amo de la Muerte, del Mal y de las Tinieblas, el “personaje invisible” de los guiones de Kiarostami, se ha llevado al maestro, poniendo un final inesperado al proyecto de vida no acabado del hombre misterioso del cine iraní.

Se nos ha ido Abbas Kiarostami, víctima de los médicos negligentes, los mismos que cada año matan impunemente a cerca de 19.000 pacientes en Alemania y 250.000 en EEUU. Si ya ser paciente es un oficio peligroso, lo es aún más (e incluso para los pudientes) cuando la medicina es un negocio, además de privado.

Kiarostami fue uno de los realizadores de la nueva ola del centenario cine iraní, junto con una veintena de magníficos directores como Jafar Panahi, Asgar Farhadi, Majid Majidi, Bahman Ghobadi, y directoras de la talla de Rakhshan Bani Etemad, Tahmineh Milani o Shirin Neshat.

 

¿Un cine alternativo?

En el cine Kiarostami, al que se le atribuyen una serie de innovaciones conceptuales y técnicas, destacan unos rasgos singulares desde el punto de vista social:

• El dualismo maniqueo persa de su enfoque: ciudad/aldea, niños/adultos o vida/muerte se enfrentan continuamente en una guerra de suma cero. Las ciudades embrutecidas frente a la “pureza” de las aldeas; los niños que dan lecciones de todo tipo a los mayores que andan perdidos; la muerte, esta “existencia” odiada que en la mitología iraní es la gemela de la vida —igual que la oscuridad a la luz—, no es sólo menospreciada por Kiarostami, sino totalmente ignorada. En su película Y la vida continúa sobre el terremoto que sepultó en 1990 a cerca de 35.000 personas y desplazó a medio millón más, no hay muertos, ni dolor, ni llanto, ni desesperación, y en cambio vemos a dos hombres que arreglan una antena con entusiasmo para ver el mundial de fútbol sobre las ruinas de la localidad. “¡Qué tiempos éstos en que hablar sobre árboles es casi un crimen porque supone callar sobre tantas alevosías!” decía Bertold Brecht. Y esto sucede mientras los kiarostamílogos califican su cine de neorrealista y vérité. La película El viento nos llevará gira en torno a los preparativos del funeral de una anciana centenaria que se niega a morir. Y en El sabor de los cerezos hasta un soldado (entrenado para matar y morir) trata de convencer a un hombre que quiere suicidarse de que la vida es bella. Pero, ¿por qué no tratar la muerte, sobre todo en un Oriente Próximo donde las dictaduras y las guerras han borrado la fina frontera que le separa de la vida? El exceso de la energía positiva en sus films recuerdan a los libros de autoayuda que animan a las víctimas deprimidas y atrapadas del sistema capitalista a recargarse de fuerza y esperanza para volver a servir al mismo sistema, pero ahora con una sonrisa: así, decenas de millones de lectores de este género no pensarán en cómo transformar una estructura político-social que les ha convertido en zombis, ni siquiera llegarán a cuestionarla: descubrirán que todo depende de su “actitud” frente a “su” vida; de “sálvese quien pueda” en esta jungla y si no lo haces es por tu “culpa”. Nada nuevo bajo el cielo, ésta es la principal tesis de los viejos libros religiosos.

• Ser apolítico. Según el propio director iraní, creaba un cine atemporal ya que lo político caduca. En la película sobre el terremoto, la cámara no mira la escasez de infraestructura, la ausencia de equipos de rescate, ni ofrece respuestas a la pregunta de “¿por qué el mismo terremoto en Japón sólo rompe unos cristales?, ¿por qué los desastres naturales no son tan naturales?”. En 2003, otro terremoto, en Bam, enterró a cerca de 50.000 personas. Los directores del cine comprometido iraní, tanto en la era de la monarquía del Sha (1944-1979) como bajo la actual República Islámica, a pesar de restricciones y riesgos, han defendido en sus obras la justicia social y las libertades políticas y personales. Por otro lado, parte del reconocimiento que recibió Kiarostami llevaba el sello político de su tiempo y del lugar de donde procedía. Corrían las décadas de 1990 y 2000. El capitalismo más belicista encabezado por el de EEUU arrasaba naciones enteras y preparaba la destrucción de Irán y de los iraníes, después de lanzar una masiva campaña de propaganda negativa sobre aquella nación (contando también con Hollywood que fabricó No sin mi hija, 300 o Argo), preparando la opinión pública para salvar a la humanidad de otro miembro del Eje del Mal. Kiarostami y su cine humano, tierno, responsable y poético fueron acogidos en este contexto por los intelectuales europeos y como representantes de una nación culta, civilizada y digna de respeto e incluso de admiración. También ocurre en este mismo marco cuando Europa entrega el Noble de la Paz de 2003 (año de la invasión liderada por EEUU a Irak) a una iraní, la jurista Shirin Ebadi. A dichos factores se añade que el cine europeo, aburrido, buscaba un gran director, un héroe. Y allí estaba Kiarostami para ser coronado y cumplir su deseo: dar una “imagen cercana y amable” de la gente de su tierra. Y ambas partes ganaron.

• La falta de una ideología que explique el mundo, con capacidad de transformarlo. Las cámaras de Kiarostami a veces dejaban de reflejar lo principal: En ¿Dónde está la casa del amigo? la amenaza de un profesor (ajeno a los problemas de sus alumnos) de expulsar del colegio a un estudiante si al día siguiente no entregaba los deberes pasa desapercibida, mientras la película gira en torno al sentido de responsabilidad de un compañero del niño en hacerle llegar su cuaderno de deberes que había cogido por error y así salvar al chaval de un duro castigo. No se discute el método medieval de enseñanza basada en infundir el miedo del profesor (en general de la autoridad) y otros fallos del sistema educativo-político. Sin embargo, traslada todo el peso de la responsabilidad de los adultos a un niño.

• Un cine del Movimiento Slow. La lentitud era la seña de identidad de las obras de Kiarostami, el saborear los instantes, recorriendo pequeños pueblos donde el tiempo transcurre con paciencia, en un mundo loco donde prima la velocidad.

• La ausencia de mujeres en sus películas iniciales que se mal-corrige en las últimas. ¡No se puede defender los derechos de la mujer sin aprender feminismo! Kiarostami no concibe a la mujer fuera de su relación con el hombre (en la película 10). Ellas aparecen débiles, maltratadas, humilladas y acobardadas, incluso por sus propios hijos varones, mini-demonios machistas. En el medio, una escena surrealista: que una mujer de la clase media alta pregunte a otra por qué se dedicaba a la prostitución. En otra, una joven se ha rapado la cabeza en protesta por la imposición del velo. Bueno, el velo es sólo el símbolo del apartheid del sexo femenino. En Irán existe un cine feminista y de gran calidad hecho por directoras como Tahmineh Milani, autora de La mitad oculta, (2001) por la que fue encarcelada acusada de tratar el amor rebelde y la vida de una mujer activista. Incluso la película rculo (2000) de Jafar Panahi, un hombre-director que hace un interesante esfuerzo por describir el círculo en el que las mujeres están atrapadas, aunque a él también se le escapa que ellas, cada día, amplían el diámetro del círculo. Detalles que deberían tener en cuenta los cineastas fieles a la escuela Kiarostami.