La estrategia de Trump para debilitar a Irán

Antes de abandonar la Casa Blanca, el presidente Obama ratificará la prorrogación de la Ley de Sanciones a Irán aprobada por las dos cámaras para otros diez años. La Ley elaborada en 1996 por el gobierno de Bill Clinton sanciona a las empresas que invierten en el sector energético iraní. El parlamento de la República Islámica, como represalia,  acaba de aprobar una moción de triple urgencia para reanudar las actividades nucleares. Que la Casa Blanca insistiera en que dichas sanciones no tienen nada que ver con el programa nuclear, sino con las pruebas de misiles balísticos y el pisoteo de los derechos humanos por las autoridades de Teherán, no ha tranquilizado a los iraníes que lo considera una traición al acuerdo que firmaron en julio del 2015 con las seis potencias mundiales, anulando su programa de enriquecimiento de uranio.

Los “beneficios” del acuerdo fueron varios: redujo la amenaza de una gran guerra entre EEUU e Irán; mantuvo a Israel como la única potencia nuclear de la región; abrió el mercado iraní, -controlado por China, Rusia y Turquía-, a las compañías europeas, y permitió el acceso al petróleo y gas de Irán a los clientes europeos y asiáticos, que no a  los estadounidenses ( y eso porque las propias leyes de EEUU aun les impiden trabajar en Irán).

La suerte del acuerdo nuclear

El futuro presidente de EEUU ha nombrado a dos asiduos iranófobos para dos puestos claves en su futura gabinete: el general James Mattis, apodado ‘Perro Loco’, uno de los comandantes que dirigieron las invasiones de EEUU a Afganistán y a Irak para dirigir el Pentágono y a Mike Pompeo, para la CIA. Sería la guinda  de los despropósitos que designara a John Bolton como Secretario de Estado.

Respecto al programa nuclear, el magnate cuenta con las siguientes opciones:

1. Mantenerlo, poniendo nuevas sanciones a Irán, castigándole por su programa de misiles balísticos.

2. Renegociarlo, e incluir en el acuerdo inspecciones a las instalaciones militares de Irán, cuestión que Teherán ha anunciado no admitir jamás.

3. Muy improbable, ya que China, Rusia y Europa (que compiten por invertir en este potente mercado emergente) se opondrían ahora que Irán cumple con las exigencias de la Agencia Internacional de Energía Atómica; además tal imprudencia empujaría a Teherán no sólo hacia el bloque chino-ruso al que EEUU por otro lado intenta desmantelar, sino a reanudar sus actividades nucleares. Situación que fortalecería la posición del sector militarista-fundamentalista en el poder capaz de llevar el país al borde de una catastrófica guerra.

4. Ignorarlo, centrándose en los problemas domésticos, si Arabia Saudí, Israel y los lobbies árabe y judíos dejen de acosarle.

Tensión en Irán

EEUU ha incumplido su parte del acuerdo de levantar las sanciones financieras y económicas. Obama ha paralizado la aplicación de dichos castigos pero no los ha suspendido. La población iraní, azotada por el desempleo y la inflación, se siente engañada por las falsas expectativas creadas. La burguesía compradora (llamada Bazar, la antigua palabra persa que significaba «el lugar de poner precio»), enemiga de invertir en la industria y que domina el poder desde 1979, ha sido la única beneficiaria de  la entrada de todo tipo de productos en Irán, que de paso está arruinando la producción nacional  forzando el cierre de cientos de fábricas y talleres.

Aumenta la presión por parte de los militares (a quienes no les disgusta un enfrentamiento con EEUU para justificar su presencia en la política) sobre el presidente Hasan Rohani, al que le acusan de haberse caído en la trampa de Obama, renunciando al programa nuclear a cambio de nada. Él se ha visto obligado a repetir varias veces de que fue el mismo “Líder”, ayatola Alí Jamenei quien supervisaba hasta los últimos detalles del acuerdo.

Todo indica que Trump reforzará las sanciones económicas contra de Irán, sin modificar el acuerdo nuclear: utilizará como pretexto el desarrollo de misiles balísticos, el apoyo al terrorismo y la situación de los derechos humanos en Irán. “La tarea urgente es impedir que Irán se convierta en una superpotencia” confiesa así el ex general israelí Yaakov Amidror el objetivo real de la obsesión de Donald Trump, Benjamín Netanyahu y el rey saudí Salman bin Abdulaziz por Irán.