16 motivos del acercamiento de Rusia al Talibán

Nazanin Armanian

Mientras EEUU mostraba su preocupación por los contactos de Moscú con los Taliban, los grupos religiosos atacaban los ciudadanos rusos en Chechenia y en San Petersburgo. El escenario de Asia Central cambia dando lugar a una nueva ronda del Gran Juego, en el que Afganistán pueda dejar de ser la colonia exclusiva de EEUU para entrar en otro destino trágico cuyos rasgos se van perfilando.

En diciembre pasado, Moscú celebró una conferencia sobre la paz en Afganistán a la que invitó sólo a China y Pakistán para hacer pública la nueva postura de Beijing y Moscú respecto a los talibanes. Rusia desde 2014 está compartiendo inteligencia con dicho grupo en su “lucha común” contra Daesh en Afganistán. Que los rusos nieguen haber entregado armas a los islamistas no ha calmado el malestar del gobierno del presidente Ashraf Ghani, que ve como las dos grandes potencias legitiman a la organización criminal de corte medieval que pretende derrocarle.

En una segunda cumbre de Paz y Seguridad para Afganistán, celebrada el 15 de febrero, Rusia añadió a la lista de los invitados a Irán, India, el régimen de Kabul y a EEUU quien se negó a participar. La buena iniciativa de buscar soluciones regionales a problemas regionales en sí muy acertada, aunque debería haber implicado a la ONU, para resucitar el papel de este organismo en resolver conflictos.

Pero, “¡Quién te ha visto y quién te ve!”. En 1980, la Rusia soviética envió al Ejército Rojo a Afganistán para proteger al gobierno progresista del Doctor Mohammad Najibulá (quien fue linchado literalmente por los Taliban en 1996), de la invasión de los “yihadistas” patrocinados por EEUU, Arabia Saudi y Pakistán. Y ahora la Rusia no socialista que colaboró con la OTAN en su invasión y ocupación de Afganistán, -sucedidas bajo falsas acusaciones del atentado del 11S-, ahora apuesta por la extrema derecha fundamentalista.

Los objetivos de Moscú

El gobierno de Putin, que considera a Daesh más peligroso que Taliban –por ser el primero un “yihadismo universal” y el otro con pretensiones exclusivamente locales-, alega tres motivos para justificar su postura:

  1. Compartir interés con Taliban en que Afganistán se convierta en un santuario para los yihadistas fugitivos de Irak y Siria
  2. Llevarles a la mesa de negociaciones para pacificar el país
  3. Conseguir garantías de seguridad para los ciudadanos rusos en aquel país.

Aunque, se podría añadir la siguiente lista a dichos objetivos:

  1. Utilizar a los talibanes, como el “enemigo de su enemigo”, para forzar la salida de EEUU de Afganistán, con la complicidad de Irán y Pakistán. Rusia, que está recuperando su influencia política en la región, ha conseguido desalojar a las tropas de la OTAN de Uzbekistán y Kirguistán.
  2. Fortalecer su posición en las relaciones con EEUU, ahora que Trump presiona sobre el asunto de Crimea.
  3. Potenciar su presencia en Asia central, para compensar la debilidad de los lazos con Occidente.
  4. Vengarse de la trampa que EEUU le tendió en los años 80, y pagarle con la misma moneda: Que Washington tenga bases militares en Afganistán es como si Rusia las tuviera en México, afirman.  
  5. Presentar a la banda terrorista como la única fuerza capaz de luchar contra Daesh (argumento falso) para sacar ventajas al gobierno de Kabul.
  6. Ofrecer alternativas a las políticas fracasadas de EEUU en Afganistán, cuya inestabilidad aumenta por día.
  7. Poder participar en el diseño del futuro del país, jugando la carta de Taliban, e incluso elevarles al poder en caso de la caída del gobierno pro estadounidense de Kabul.
  8. Crear vínculos de dependencia en materia de seguridad en el régimen de Ghani.
  9. Crear vínculos de dependencia en materia de seguridad en el régimen de Ghani.
  10. Entrar en el mercado afgano y sus inmensos recursos naturales
  11. Hacerse con el proyecto de gaseoducto transafgano, ahora que Occidente ha abandonado
  12. Contener el tráfico de droga, controlado por EEUU, que está destrozando la vida de millones de personas en la región.
  13. En caso de que no consiga instalar un régimen afín, hacer al menos que Afganistán recupere su antaño papel de estado tapón entre Occidente y Oriente.

Daesh en Afganistán

EEUU está creando una sucursal de Daesh en Pakistán y Afganistán con los elementos más radicales de Taliban; son quienes se niegan a negociar la reconciliación con Kabul, exigiendo la totalidad del poder en ambos países. El Pentágono, pretende así, provocar caos en China, Irán y Rusia. Necesitamos considerar oportunidades en las que podamos desestabilizar Irán por medios militares u otros medios”, son propuestas del jefe del Comando Central de EEUU, el general Joseph Votel. Daesh que ya controla las rutas que unen el país con Asia Central y con Irán, dejando libre la ruta a Pakistán, intenta consolidar la posición del grupo étnico Pashtun (que en su mayoría habitan Pakistán) arrinconando a los tayicos y hezaras (pueblos de habla persa) para tender una trampa a Irán y arrastrarle al pantano afgano. De hecho, el régimen “pashtun” de Ghani, que persigue a los grupos progresistas, también ha excluido a los políticos de otros grupos étnicos y religiosos.

Los talibanes no están interesados en paz, sólo pretenden buscar nuevos patrocinadores y utilizar las negociaciones para mejorar su posición. El relato de que los “moderados” de la banda de los mercenarios sanguinarios ahora convertidos en políticos, se unen a una alianza “anti-occidental”, adultera el concepto de la lucha antiimperialista. Considerar al grupo que representa la ultra derecha islámica como fuerza más civilizada que Daesh y Al Qaeda no es más que una artimaña para mantenerla en el escenario político en perjuicio de las fuerzas progresistas.

Rusia así no tiene ninguna posibilidad en conseguir la pacificación de Afganistán, con un EEUU que va a enviar a otros miles de soldados a este país para lanzar nuevas guerras. Utilizar a los Taliban, un grupo criminal e impredecible –que siguen bajo el mando del Pentágono-, para perseguir un juego de suma cero es, como mínimo, ingenuo. La situación preferida por EEUU es justamente mantener en Afganistán un estado de guerra permanente para justificar la presencia de 11 bases militares y el aumento de las tropas en el país.  

Los intereses del pueblo afgano no son tema de debate de ninguno de los actores de este escenario. Aparecía en un noticiero que 1100 niños afganos, algunos menores de 10 años, son prostituidos en Serbia en una vieja estación de tren, pasando hambre y frio. En otro diario, Jeremy Morlock, soldado estadounidense, narraba cómo se divertían en Afganistán con sus compañeros, matando a civiles y se llevaban de trofeo sus cabezas y dedos.   

Afganistán es el escenario del pulso entre potencias mundiales y regionales desde 1980, y no necesita más inestabilidad y conflicto, sino alternativas progresistas, para desmontar los escalofriantes planes del imperialismo en la región y que el pueblo afgano pueda vivir en paz de una vez.