El feminismo “blanco” criticado por el oscurantismo feminizado

Lo último para debilitar y desacreditar el movimiento universal de liberación de la mujer ha sido acusarle de representar al “feminismo blanco- occidental-cristiano”, de ejercer superioridad racial y de clase sobre las mujeres de otros países, razas y religiones, y elaborar recetas equivocadas para ellas, menospreciando su voluntad de sentirse felices como ellas desean.
La ofensiva proviene de las mujeres fundamentalistas islámicas –entre ellas numerosas conversas-, que tras el fracaso de sus planteamientos en los países “musulmanes” , se aprovechan del profundo desconocimiento de buena parte de los intelectuales y activistas europeos acerca de la historia del movimiento feminista de Oriente Próximo para vender su caducada mercancía, impidiendo el progreso.

 
Estrategias de conducir a la confusión

  • En Europa, estas acusaciones carecen de sentido: el feminismo español, por ejemplo, ha incluido en sus demandas una amplia batería de derechos (de educación, sanidad, trabajo, etc.) para las inmigrantes, quienes se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad. Derechos que las mujeres fundamentalistas no los piden ni para las mujeres de los países de Oriente Próximo dominados por la derecha religiosa. En su discurso no pasa de defender el velo y justificar la poliginia, no caben los problemas reales de las mujeres trabajadoras inmigrantes, como “los papeles”, un sueldo digno, etc.
  • Identificar, de forma intencionada, las conquistas de las mujeres trabajadoras de los países occidentales (por las que miles han sido perseguidas, torturadas y asesinadas), con el colonialismo de sus mandatarios. Así, han conseguido generar confusión y sentimientos de culpa en un sector del feminismo europeo, ocultando un gran detalle: que el colonialismo no habría sido posible sin la cooperación necesaria de los señores feudales y burgueses locales, en su mayoría además hombres muy devotos.
  • Ignorar la evolución del movimiento feminista, cuya teoría ha superado con creces los límites impuestos a su lucha por la eliminación de todas formas de explotación y opresión contra la mujer, de cualquier clase, raza, etnia y credo. En su largo y durísimo trayecto, el feminismo ha ido añadiendo a su agenda la lucha contra el patriarcado, el capitalismo, el imperialismo, los fundamentalismos y las teocracias o el cambio climático –que feminiza aun más la pobreza, e incluso aquellos abusos que se cometen en nombre de las “singularidades religiosas y culturales”: estamos ante el Feminismo Interseccional.
  • El uso despectivo del término reduccionista “feminismo blanco” para referirse al conjunto movimiento feminista europeo actualque es representante de las conquistas de las mujeres de izquierda en el Occidente capitalista y en el Oriente socialista. El “feminismo blanco” que nació en el siglo XIX en EEUU y Gran Bretaña, fue un gran paso en la lucha de las mujeres en dichos países, a pesar de desatender las demandas de las mujeres negras e indias, que lo corrigieron con su “feminismo negro”.
  • Que esta capacidad de autocrítica y progreso nace justamente del compromiso y de la naturaleza laica del feminismo, basado en la racionalidad y no en la “fe” y textos sagrados inamovibles. Por eso, cuando las sufragistas estadounidense convierten el derecho al voto en uno de los principales medios para alcanzar los derechos de la mujer, también incluyen el voto de las mujeres negras; o más adelante en los años sesenta, el movimiento feminista de Redstockings en Nueva York, señala con el dedo un detalle de suma importancia: que la comisión que estudiaba la reforma de la ley del aborto estaba compuesta por 14 hombres y una única mujer, una monja. Para concluir que “La sumisión de las mujeres a la supremacía masculina es una adaptación consciente a su falta de poder bajo el patriarcado” criticando los mecanismos del “lavado de cerebro” a los que las instituciones del Estado capitalista someten a los ciudadanos. El reducido coste de la explotación de las mujeres guarda una relación directa con su falta de conciencia y de organización frente a los poderes tramposos y manipuladores.
  • También el Islam, el cristianismo y el judaísmo han sido colonialistas. Durante su dominio sobre los pueblos conquistados, y tras décadas y siglos de guerra, les obligaban a cambiar de religión, de vestimenta, de nombres, de tradiciones e incluso del alfabeto y lengua, sometiendo sobre todo a sus mujeres. Aun hoy, las élites de dichas religiones siguen intentando colonizar las tierras estratégicas y ricas en recurso de África, Asia y Latinoamérica.
  • En su enfoque tribal los problemas de las mujeres “musulmanas” carecen de conexión con el resto de las mujeres, y las soluciones también. ¿Cómo se podría mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras bengalíes o gallegas de Zara siendo su dueño el español Amancio Ortega? A las mujeres “anti feminismo blanco” no se les ve en la sede de los sindicatos, defendiendo la igualdad de sueldos o un ambiente laboral libre de acosos sexual. El fundamentalismo se opone a la justicia social, a las libertades individuales y políticas, a los sindicatos y partidos de izquierda por ser inventos de los infieles occidentales blancos. Otra cosa es legitimar la compra de armas al mismísimo EEUU o Israel, los enemigos proclamados.
  • Tachar de “colonialismo blanco” al movimiento feminista significa decir que el marxismo es colonial por ser su fundador un hombre alemán, blanco y encima judío. Aún así, los ciudadanos “musulmanes y judíos” de Yemen del Sur disfrutaron entre 1964 y 1991 de un estado de bienestar y una estabilidad inaudita para su milenaria historia; lo mismo que los ciudadanos de los países “musulmanes” de Asia Central, o la católica Polonia cuyas mujeres hoy bajo un régimen de la extrema derecha católica, añoran los derechos que tenían durante la era socialista, a pesar de sus deficiencias.

Ser diferentes significa ser superiores
La escritora Martha Zein, denuncia la posición crítica de estas mujeres, que “ni siquiera defienden a las mujeres empobrecidas por su condición de clase y género, ni cuestionan el capitalismo cuando está disfrazado de la religión. El feminismo negro unió, la raza, el género y la clase para imponerse y lo hizo desde la calle, no desde los cómodos sofás”.
De algún modo, la posición de dichas mujeres pertenecientes a las clases media y alta, se asemeja a los defensores del vientre de alquiler: lo respaldan aquellos hombres y mujeres que no alquilarían el suyo. La principal preocupación de las mujeres de derecha religiosa es salvar a las féminas de su grupo de la “corrupción moral” que puede generar el discurso subversivo y contagioso de las mujeres activistas progresistas.
Hace unos 40 años, el intelectual palestino Edward Said intentaba convencer al mundo occidental que los ciudadanos del “mundo islámico” eran seres humanos normales, que no inferiores, con las mismas necesidades y aspiraciones que otros seres humanos. Si levantara la cabeza vería que también amplios sectores de algunos países de Oriente Próximo se creen diferentes, pero muy superior al resto de los mortales, por la moral y el credo que representa. La creencia de ser elegido por Dios imposibilita el progreso por despreciar la solidaridad y empatía con otros seres humanos. El discurso de la singularidad “cultural/religiosa” está al servicio de la división del movimiento feminista, y despolitiza el análisis sobre las raíces de los privilegios de unos a costa de otras, y también las propuestas para un mundo justo.
Es obvio que la prioridad de las feministas de la ciudad de Juárez o Kabul no es la misma que las suecas o de las japonesas. El feminismo sin adjetivos, que es una doctrina general que habría que adaptarlo a las necesidades de cada pueblo y en cada momento histórico, está utilizando tres herramientas principales para cumplir con su función:
1.La Maquinaria Política: instituciones gubernamentales e internacionales como la ONU; así como agrupaciones que organizan a las mujeres y hombres para sus objetivos.
2. Las Redes sociales de Apoyo sobre un tema en concreto, como la lucha contra la violencia de género, la lapidación, los crímenes de honor, etc.
3. La Creación de Lenguaje con el fin de incrementar las conciencias, como los términos “femicidio”, “micromachismos”, o “violación dentro del matrimonio”.
El asalto del neoliberalismo, el imperialismo y el oscurantismo religioso a los derechos de la mujer es un fenómeno global y los fundamentalismos feminizados no son precisamente un aliado en esta batalla, todo lo contrario. Fátima Mernissi o Shirin Ebadi, portavoces del islamismo burgués, sólo han intentado obtener alguna concesión del sistema, ni siquiera reformarlo, ni mucho menos desmantelarlo, mientras cientos de feministas han sido encarceladas y asesinadas por defender una vida digna todos: los hombres “normales” tampoco podrán ser felices viviendo al lado de una mujer humillada y desgraciada.