¿Quién se beneficia del terrorismo en Egipto?

Nazanin Armanian

Los terroristas intensifican sus ataques en Egipto y cada vez con mayor brutalidad. El último en una mezquita dejó cerca de 500 victimas (incluidas 24 niños), casi la totalidad de los hombres de la pequeña aldea Bir al-Abed situada en el Sinaí Norte. En los últimos años los terroristas habían atentado contra las fuerzas de seguridad, turistas, iglesias, activistas lacios, e incluso contra un avión de pasajeros ruso matando a 224 personas. Esta es la primera vez que sus bombas estallan en una mezquita, que además es sunnita, la rama del islam que profesa el “yihadismo” que opera en Egipto. Nada extraño: sus compañeros en Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Somalia, Rusia, EEUU, o Europa matan de forma indiscriminada. Que la mezquita fuese frecuentada por los sufíes, no tienen nada que ver con el objetivo estratégicos de los autores intelectuales de la masacre. El sufismo fue la primera disidencia en el islam, aunque fue elaborado sobre los fundamentos del culto al Sol persa, proclamando igualdad, amor libre, paz y hermandad, en su proceso de evolución integró diferentes elementos de las antiguas filosofías y religiones de Oriente Próximo. Uno de los padres ideológicos de esta escuela, Yalaleddin Rumi el poeta iraní (s.XIII), fue quien introdujo el baile y la música en un Islam dominado por los fanáticos y su culto a la muerte y tristeza. Los sufíes vivían como los hippies en las abadías (palabra persa que significa «oasis»), huyendo del clérigo hipócrita y corrupto. Una persecución que continua hasta hoy.

Terrorismo de estado

Como respuesta del atentado, el presidente golpista Abdelfatah Al Sisi bombardeó las áreas montañosas de Bir al-Abed, matando a un número indeterminado de personas. El apagón informativo impide conocer la identidad real de las víctimas. Sin duda, la política contrainsurgencia de Al Sisi ha fracasado y el alto número de “terroristas” detenidos o asesinados es su prueba.

En 2015 y durante una operación supuestamente contra el contrabando por los túneles que conectan el país con Gaza, el ejército dio sólo 48 horas a los lugareños para abandonar sus hogares, luego destruyó unas 1500 viviendas, y arrasó cientos de hectáreas de tierras de cultivo. Desde la desocupación del Sinaí por Israel en 1982, la represión y la discriminación de sus 1.4 millones de habitantes beduinos han sido la tónica general. El régimen mafioso de Mubarak les obligó a vender sus tierras para revenderlas a los constructores de hoteles de lujo sumiéndoles en una profunda pobreza, analfabetismo y desempleo. Lo cual obliga a muchos jóvenes a sobrevivir del contrabando de diferentes artículos, en el que obviamente está involucrada la propia policía. Aun así, el terrorismo “islámico” no es fruto de la exclusión de los musulmanes. El Estado Islámico que ha convertido la capital del norte del Sinaí. Al-Arish en su cuartel general.

La principal preocupación de los generales en el Sinaí es proteger la seguridad de Israel que no la vida y el bienestar de los egipcios que lo pueblan.

En el resto del país, miles de académicos, activistas seculares y de grupos religiosos moderado, periodistas, intelectuales, parlamentarios independientes y empresarios opositores han sido arrestados en todo el país bajo la rentable bandera de la “lucha contra el terrorismo”. Entre el 2013 y 2017, cerca de 60.000 personas han sido encarceladas y torturadas.  Las fuerzas reaccionarias de derecha, seculares o islamistas, han copado el escenario político, y mientras se unen para atacar a los intelectuales y partidos laicos progresistas, luchan entre sí para hacerse con el control de un mayor espacio.

Egipto, además de extensos desiertos, tiene un tratado de paz con Israel, dos vecinos en guerra: Sudán y Libia, dos grandes campos de gas Zohr y Nooros situados en el Mediterráneo oriental, y una oligarquía de militares y hombres religiosos, indiferentes hacia las necesidades básicas de la población como la vivienda, empleo o una educación accesible. Después de gastar 10 mil millones de dólares en la compra de armas desde 2014, Al Sisi inauguró en julio la base militar más grande en el Oriente Próximo en la costa mediterránea del país y siguió bombardeando Yemen junto con otros miembros de la coalición dirigida por EEUU-Arabia Saudí, convirtiéndose en el cómplice de la mayor crisis humanitaria del mundo que ha matado a decenas de miles de yemeníes.

Autores intelectuales del atentado

Obviamente, el objetivo de grupos como “Ansar Bayt al-Maqdis”,  o “Tawhid wal-Jihad”, que forman parte del ejército de mercenarios cuyas diferentes subgrupos están contratados por diferentes países, no es conquistar Egipto ni derrocar su gobierno, sino influir sobre sus decisiones. Entre sus posibles patrocinadores se encuentran:

  • La Hermandad Musulmana (HM): que tras el golpe de estado de Al Sisi contra el dirigente de este grupo, el presidente Mohammad Mursi, ha sido ilegalizada y duramente perseguida. Ante la progresiva pérdida de legitimidad del régimen y del ejército, la HM intenta recuperar su posición política.
  • Turquía: el país gobernado por la HM de Tayyeb Erdogan. Hace unos días, Egipto detuvo a 28 personas acusadas de espiar para Ankara, y el año pasado condenó el genocidio armenio de 1915 a manos de los turcos otomanos a pesar de que en el propio Egipto hay matanzas de los cristianos coptos sin que el régimen haga nada. Al Sisi había pedido a sus aliados en el Golfo Pérsico que incluyeran a Turquía en el mismo paquete de castigos y sanciones que han impuesto a Qatar.  
  • Qatar, otro país gobernado por la HM, y que al igual de Turquía es uno de los patrocinadores del Estado Islámico y sus sucursales. Doha ha dado asilo a varios líderes de la HM buscados por Egipto, permitiéndoles denunciar a la dictadura egipcia desde el canal de Al jazeera.  
  • Arabia saudí, que compite con Egipto por la hegemonía del mundo árabe. A pesar de que Riad financió el golpe de estado de Al Sisi el general se ha negado a enviar tropas a Yemen y a Siria, los dos países que junto con Irak y Egipto compartían el “nacionalismo árabe” secular, participando en el fracaso de los jeques en dichas guerras. Arabia no tiene el poderío de Egipto pero sí mucho dinero para seguir utilizando el terrorismo “yihadista” por el mundo contra sus rivales y enemigos.  
  • EEUU que dentro de su proyecto de reconfigurar Oriente Próximo su medida pretenda acabar con otro peso pesado árabe, después de haber destruido Irak, Libia y Siria; no sería la primera vez que haya utilizado el terrorismo yihadista. En 2011, Obama, que tuvo una compleja relación con el islam político, respaldó a los HM, mientras la política del magnate Trump se centra en vender productos militares a diestro y siniestro: “Los egipcios no han trabajado estrechamente con nosotros en el norte del Sinaí”, se quejaba Stuart Jones, ex subjefe de misión de la Embajada de los EEUU en El Cairo – “Esto [el atentado] sólo muestra que los egipcios necesitan nuestra ayuda con el entrenamiento y el equipamiento para vencer a las insurgencias“. Las tropas de EEUU están presentes en el Sinaí para proteger a Israel y vigilar los movimientos de Rusia en la región, que no luchar contra el terrorismo. Los generales reciben 1.3 mil millones de dólares al año en una ayuda militar dirigida a proteger los intereses de Washington en la zona.
  • Israel, que a través del director del “centro de estudios estratégicos” de Israel, Efraim Inbar, advierte que destruir el terrorismo “yihadistas” es un error y “locura” puesto que “La existencia continuada del Estado Islámico sirve a nuestros intereses”. Es así como los “yihadistas” no atacan intereses israelíes: hasta el terrorista llamado “El cordobés” ha prometido (re)conquistar España y su extenso territorio, pero no las tierras palestinas ocupados por un diminuto Israel. Será que la simpatía es mutua.  

El terrorismo de Estado, la dictadura capitalista, y el terrorismo del ejército “yihadista” se retroalimentan para hundir otro país del Mediterráneo en un caos generalizado y cuya principal consecuencia es un Egipto debilitado.