¿Atacará Rusia a Israel en defensa de Palestina?

“Contraproducente” y “desestabilizadora” son los adjetivos utilizados por Vladimir Putin al calificar la decisión de Donald Trump (sin nombrarle) de reconocer Jerusalén-Al Quds como la capital de Israel, al tiempo que invitaba a los palestinos e israelíes nuevas rondas de negociaciones por la paz. Rusia, tras marcar el curso de la guerra de Siria, asume el papel de mediador en este conflicto, aprovechando:

* El fracaso del enfoque de EEUU, su falta de honestidad al dar a Israel todo y a Palestina nada, y la caída en picado del prestigio de Washington en la zona.
* Recuperar su posición, golpeada en Oriente Próximo tras la desintegración de la URSS, e incluso mejorarla, mientras EEUU se desgasta en las interminables “guerras contra el terrorismo”.
* Las magníficas relaciones de Kremlin tanto con Israel como con Palestina, que le dan la posibilidad de jugar el papel del “justo mediador”.

La medida de Trump, por otro lado, muestra la falsedad del escándalo “Rusiagate”: los que han colocado a Trump en la Casa Blanca y ahora amenazan a derrocarle son los intereses proisraelíes que no rusos o venezolanos. La reconciliación entre Hamas y Al Fatah en el noviembre pasado y el temor de Israel de que por fin se fundase un estado palestino también influyeron en la repentina decisión de Washington.

Rusia y Palestina

Rusia es la única potencia mundial que defiende la causa palestina y además en los términos que ellos exigen: un estado independiente, y territorialmente integral con Jerusalén Oriental como su capital.

Los palestinos valoran la amistad de Kremlin, y no sólo porque pretende mantener su causa en el plano internacional, sino también porque desde la era soviética su voto en el Consejo de Seguridad siempre sido a favor de los palestinos.

Entre 2006 y 2015, el apoyo económico de Rusia a la Autoridad Palestina ascendió a 45 millones de dólares. Además, Rusia colabora con los palestinos en proyectos educativos, sanitarios, humanitarios y el turismo. El año pasado, las universidades rusas entregaron 150 becas a los palestinos para estudios superiores. Hoy, hay varios miles de palestinos de habla ruso, en su mayoría hombres graduados en las universidades en la antigua URSS, que además regresaron con una esposa rusa, y cuyos hijos hablan el idioma de Pushkin.

Sorprende que un importante factor que une a Rusia y Palestina sea la Iglesia Ortodoxa rusa. En el 2012, Putin inauguró un gran centro cultural-religioso en Belén en el que invirtió 40 millones de dólares con la idea de animar el peregrinaje ruso, como si los palestinos necesitaran aún más dosis de religión en sus vidas. En 2014, de los 3,3 millones de peregrinos que visitaron Tierra Santa, el 22% eran ortodoxos rusos.

Rusia e Israel

Putin se convirtió en 2005 en el primer jefe de Kremlin en visitar Israel. En este país viven cerca de un millón de judíos nacidos en Rusia o la Unión Soviética. La mayoría se trasladaron a las tierras palestinas a partir del 1919 atraídos por la ideología sionista, aunque tras la fundación de Israel, muchos judíos rusos eligieron a EEUU para vivir. Es curioso que Israel regale tierras palestinas a los inmigrantes de otros países por ser judíos, mientras impide el regreso de los palestinos huidos a su propia tierra.

Putin apoyó la fundación del Museo Judío en Moscú, autorizó la reapertura de muchas sinagogas cerradas en la era soviéticas (al igual que los templos de otros credos), y ha declarado su “feroz oposición” al antisemitismo y xenofobia (¿y por qué no también al anticomunismo, antibudismo o antiislamismo?).

El presidente ruso llegó a apoyar la Operación Filo Protector de Israel 2014 contra la asediada Gaza, alegando el derecho de Israel de “proteger a sus ciudadanos”; legitimaba el castigo colectivo de un pueblo indefenso: Israel acusó a Hamas de secuestrar a tres adolescentes israelíes, y mató bajo sus bombas a 1.462 civiles adultos y 551 niños palestinos durante 41 días de terror, mientras Haaretz señalaba un secuestro de “bandera falsa”.

Israel le devolvió al favor a los rusos absteniéndose a votar una resolución de la ONU que condenaba la anexión de Crimea por Rusia.
Pero, el cariño de Putin hacia Israel no le impedirá utilizar también la coacción para conseguir un cierto equilibrio de fuerzas en la región como el despliegue de misiles S-400 tierra-aire en Siria, vender misiles S-300 a Irán, o armar Hizbolá en Siria.
Propuesta rusa de paz

Putin aboga por una solución negociada entre los palestinos y los israelíes, basada en el derecho internacional y supervisada por un cuarteto de paz formado por la ONU, la UE. Rusia y EEUU. Lo que significa reactivar el plan que elaboraron con el gobierno de Obama: la coexistencia pacífica entre dos estados, y con Jerusalén Este como la capital de Palestina y Jerusalén Oeste la de Israel.

La semana pasada, tras visitar Siria y Turquía, el presidente ruso aterrizó en Egipto, donde consiguió vender al General Al Sisi una central nuclear, el derecho a usar una base aérea, invertir en diversos proyectos por el valor de 7 mil millones de dólares, que el canal de Suez se convierta en la principal terminal rusa para la distribución de productos rusos en la región, y también que el faraón egipcio, que es amigo de Mahmud Abbas y también de Netanyahu, jugase un destacado papel en el plan ruso de paz.

Moscú, que puede ser la sede de la próxima cumbre las autoridades de Israel y Palestina, en realidad no necesita ni espera resultados de sus iniciativas. Considera el mismo proceso un importante éxito.

Las más que escasas posibilidades del triunfo de la iniciativa rusa se deben a que:

Israel, después de la destrucción de los estados árabes fuetes como Irak, Libia y Siria, un Egipto domesticado, y una Arabia Saudí que le corteja para que utilice su poderío militar contra Irán, no ve por qué debe ceder ante los palestinos. Además, cuenta con una abrumadora superioridad militar respecto a sus enemigos, y también con el respaldo de Europa y EEUU.

Los palestinos se enfrentan con dos nuevos problemas: que EEUU de Trump les ha abandonado de forma radical, y que la tensa relación entre las EEUU y Rusia les perjudica enormemente.

Las partes implicadas ven las negociaciones como un juego de suma cero.

Israel nunca ha tenido una verdadera intención de permitir un estado palestino. Puede que algún día aquellos israelíes que consideran que permanecer como un estado chovinista étnico-religioso erosiona la imagen de su país, tomen el poder, o que la misma lógica de los vasos comunicantes contribuya a que este país se convierta en un estado democrático. Mientras, para avanzar su agenda, Moscú guarda dos carta en la manga: podrá presionarle a Tel Aviv (aunque sea sólo un poquito) con su derecho al veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, o con un mayor acercamiento a Irán.

¿Atacaría Rusia a Israel?
Corría el año 1967. En el mes de mayo, la URSS alertaba al presidente Jamal Abdel Nasser de una invasión inminente de Israel a Egipto y Siria, con el respaldo de EEUU y Europa Occidental mientras consideraba que el ejército israelí era débil y por lo tanto incapaz de mantener dos frentes de guerra abiertos. Según el “Informe Brezhnev”, la imprudente reacción de Nasser al aviso, cerrando el Estrecho de Tiran al paso de los barcos israelíes, condujo a una devastadora guerra en la que un imponente ejército israelí derrotó a las caóticas tropas de Egipto, Siria, Argelia e Irak. Así las cosas, la URSS descartó un apoyo militar a sus aliados árabes y se centró en buscar un alto el fuego a través de la ONU para detener la ofensiva israelí y así salvar los gobiernos de Egipto y de Siria. Pero, la resolución del 7 de junio de 1967 aprobada por el Consejo de Seguridad que exigía a Tel Aviv el cese inmediato de la guerra y regresar a la frontera del 5 de junio de 1967 fue ignorada por Israel: ocupó el Sinaí mientras se dirigía a Damasco. Entonces Moscú rompió las relaciones diplomáticas con Tel Aviv y envió un ultimátum al presidente de EEUU Lyndon Johnson, advirtiéndole de que, si Israel no se retiraba en unas horas de Siria, le lanzaría una acción militar. Johnson mandó a su socio detener la ofensiva.

Hoy, el escenario es otro, y sólo con una Plataforma Global Contra las Guerras e Injusticias, puede parar el avance de los imperialismos locales y mundiales.