Turquía hacia la legalización de la “violación continuada” de niñas

Nazanín Armanian

Ha sido uno de las tácticas más viejas del mundo de la política: lanzar un globo sonda, y de paso preparar la opinión pública para que acepte poco a poco una decisión tomada contraria a sus intereses.  Es lo que ha hecho Dyanat, una especie del “Ministerio de Religión” de Turquía al proponer bajar la edad del matrimonio de niñas a los nueve años. Sus dos “avales” son el hecho de que en esta edad ellas «ya pueden quedarse embarazadas», y que el mismo profeta Mahoma a los 54 años tomó como esposa a Aisha de 8-9 años. La cuestión o es “¿Cómo la casaron con un hombre mayor?” sino “¿Cómo pudieron casar a una niña de esta edad?”.

Los “matrimonios infantiles” tiene dos rasgos principales: son uniones sexuales entre una niña de entre 5 y 16 años con un varón siempre mucho mayor que ella, y que en la mayoría absoluta de los casos, los hombres que intervienen en el acto, ponen un precio a la venta (que no al alquiler) del cuerpo y el “alma” de la muchacha. Cuanto más joven sea ella y más mayor el pretendiente, más dinero exigirá el familiar vendedor. El terror que sufre la esclava sexual, además de nocturno, también será diurno: se convertirá en la criada de la nueva familia.

Las masivas protestas de las mujeres turcas y kurdas obligaron a Dyanat a recurrir a “Donde dije digo, digo Diego”, reírse de la inteligencia de los ciudadanos acusándoles de haberle interpretado mal. Las feministas piden el cierre de este organismo.

Al igual que en muchas iglesias cristianas, el abuso sexual a los niños y niñas es frecuente en las madrazas, escuelas teológicas. En Turquía, varias congregaciones islámicas son acusadas por las feministas de practicar tocamientos y violación a cientos de menores. También en Pakistán, organizaciones como Sahil que trabajan contra el abuso sexual de menores, hablan de miles de menores agredidos sexualmente por el clérigo-profesor de dichas escuelas.

La propuesta de Dyanat forma parte de las sigilosas maniobras del Partido para la Justicia y el Desarrollo en desmantelar el estado laico turco. Antes, intentaron despenalizar la violación recurriendo a la ley judeo-cristiana-islámica que perdona al delincuente sexual si se casa con la víctima.  Ankara también han cerrado los ojos a la poliginia recuperada gracias a las ‘novias de guerra’ sirias.

El régimen de Erdogan ha autorizado a los responsables islámicos (quienes consideran un pecado para los padres si su hija alcance la pubertad en la casa paternal y no en la del marido) oficiar matrimonios, a pesar de que esta unión en el Islam no tiene carácter religioso. Su único objetivo es legalizar lo que prohíbe el aun estado laico que es casar a las niñas pequeñas. Si en vez de estar obsesionados por el sexo, los hombres de dios se hubieran dedicado a eliminar la pobreza, el hambre ya se habría erradicado en el mundo.

En Irán, la República Islámica bajó en 1980 la edad nupcial para las niñas de los 16 años a 8. Aunque e parlamento, ante la fuerte presión social, aprobó una ley en 2000 que volvía a elevarla a los 18 años, el Concejo de Vigilantes (un órgano no electo de expertos en el Islam) la drogó por ser contraria a la Sharia, fijando esta edad en los 13 años. ¡Para conducir coche las mujeres deben tener cumplidos los 18 años mientras para formar la familia es suficiente haber soplado 7 o 9 velas! De hecho, el principal significado del velo que colocan sobre la cabeza de las niñas a de los 6-7 años es que ya son adultas y pueden entrar en el mercado de matrimonio.

En Afganistán, país convertido en República Islámica gracias a que EEUU-Yihadistas derrocaran su gobierno socialista, millones de niñas son violadas bajo dicha fórmula. Muchas mueren la misma noche de boda, o en un embarazo precoz, y otras, se autoinmolan de forma “preventiva” para no ser casadas. Un hombre de 60 años (la esperanza de vida en este país) puede llegar a pagar 3000 dólares y unas ovejas por una niña de 13. Afganistán es de los pocos países del mundo donde la expectativa de vida de las mujeres es menor que la de los varones: 49 frente al 51 años. Aesha Mohammadzai de 14 años es una de cientos de “esposas” afganas mutiladas por sus maridos: le cortó la nariz y las orejas, en la aplicación del eficaz método de “Pedagogía del terror”, advirtiendo a las chicas del clan de sus tentativas de rebeldía.  

En Méjico, donde la mayoría de la ciudadanía está excluida de los beneficios de sus enormes recursos naturales, 7 millones de mujeres empobrecidas fueron casadas cuando tenían entre 12 y 17 años, por quienes utilizan las trampas de una ley que prohíbe este tipo de uniones sexuales.

En Libia, antes de que la OTAN desmantelara el estado y lo entregara a los “yihadistas”, la edad media para casarse era de 32 años (2010). Pues, ellas estudiaban y trabajaban. Hoy, miles de niñas son violadas y vendidas a los pedófilos que llenas sus harenes y burdeles de menores.

En Argentina, Unicef denunció en 2015 que unas 90 niñas de entre 11 y 12 años habían sido madre.

En EEUU, decenas de miles de niñas judías “Hassidic”, algunas de tan sólo 11 años, han sido casadas.

Y en España, las autoridades miran para otro lado al enterarse del casamiento de decenas de niñas de entre 13-14 años.

Motivos de la compra-venta de niñas

En primer lugar, esta violencia integral contra millones de niñas acorada por los hombres, se debe a su creencia acerca del papel de la mujer en el mundo: ella existe “Para que Adán no esté solo” (Biblia) o para que “le sirva de quietud “al hombre (Corán).

Pero hay otros factores:

  • Restar una boca de la mesa vacía en una sociedad que tras excluir a la mujer del mercado de trabajo, le considera un ser improductivo.
  • Liberarse del agotador trabajo de vigilar la virginidad de la niña, ya que en un mercado de sexo donde la mujer es cosificada, ella tendrá más precio si es de primera mano.
  • Regalarlas en compensación por un perjuicio o saldar una deuda

Ellas, que en vez de jugar se convierten en un juguete, pierden la oportunidad de ir a la escuela, aprender, ser independiente y soñar.  A causa del “desequilibrio de poder” entre la pareja, ellas no podrán opinar sobre su relación sexual que siempre será coercitiva, o cundo tener hijos y cuántos. Las consecuencias de esta violencia también son de índole social y económico: excluye a millones de ciudadanas a contribuir al progreso social.

En imprescindible concienciar y educar a la sociedad al respecto, vigilar los grupos religioso y sus prácticas, empoderar a las niñas, y apartar la religión del poder.

La mirada hacia la mujer es uno de los principales barómetros de medir el grado del desarrollo de una sociedad y sobre todo de sus hombres.