Opinion · Punto y seguido

Afganistán: la ola de atentados y la estrategia de Trump para Asia Central

Un policía inspecciona el lugar de un atentado en Jalalabad hace unos días. REUTERS/Parwiz

 

Desde que Donald Trump ha ocupado la Casa Blanca se han disparado el número de atentados en Afganistán, que además se distinguen de los anteriores por su magnitud. Llevan la marca del Estado Islámico (EI), que no de los talibanes. Sólo en los últimos tres meses, cerca de mil afganos han sido víctimas del terrorismo en este desolado país. El EI extiende el arco de la crisis regional a Asia Central, zona de influencia de China, Irán, Rusia e India. Los afganos, atrapados entre el fuego cruzado de la OTAN, los talibanes, Al Qaeda (ahora bajo el mando de Hamza Bin Laden) y el Estado Islámico, no paran de huir del país.

Trump, que (al igual que Obama) mintió al prometer la retirada de las tropas de Afganistán, ha diseñado una plan para “ganar la guerra” y desatascar la situación en la que se han quedado las tropas, sin siquiera reunirse con el general John Nikolon, jefe de la OTAN en este país.

La estrategia de Trump para Afganistán

En Afganistán, EEUU se enfrenta con dos principales problemas:

  1. Que Pakistán, el guardián de los intereses de EEUU en Asia central, se ha acercado a China, cambiando drásticamente el equilibrio de las fuerzas en la región.
  2. Que los Talibán se han escapado del control del Gobierno pakistaní, dividiéndose en varios grupos con vida propia.

Sin embargo, las medidas propuestas por Trump y sus generales son simplemente suicidas:

-“Ganar la guerra” enviando a otros 4.000 soldados. ¿Conseguirán los objetivos de la ocupación del país, que no se logró con 200.000 efectivos de la OTAN durante 16 años, y gastar 35.000 millones al año?  EEUU, a pesar de su contundente presencia militar y de tener al Gobierno de Kabul de su lado, no ha podido contener la creciente influencia de China, Rusia, Irán, Pakistán e India en Afganistán, su colonia desde el 2001.

-Conquistar un mayor territorio del país, como la nueva misión de las tropas.

-Presionar al Ejército afgano para que obre con mayor eficacia. EEUU ha invertido 25.000 millones de dólares en la formación de las tropas afganas, pero miles de soldados han desertado, o han ingresado en las filas talibanes, o han vendido sus armas en el mercado negro.

-Incrementar el poder del Pentágono en Afganistán y darles más autonomía en la toma de decisiones, en perjuicio de la diplomacia, la política y los derechos humanos de los afganos.

-Incitar a una guerra sunnita-chiita en Afganistán (como lo ha hecho en Irak), echando mano a los wahabitas del EI para convertir la guerra imperialista en una civil. Cerca del 20% de la población afgana es chiita.

-Aumentar la producción de opio y heroína, con cuyas ganancias además financia a los grupos terroristas, siguiendo el modelo que ha aplicado en América Latina, como con la Contra.

-Centrarse en la ocupación militar de más provincias del país, en vez de desarrollar la democracia y de hacer mejoras económicas y sociales en Afganistán, imposibilitando el surgimiento del terrorismo, como era el enfoque de Obama. EEUU y los yihadistas han desmantelado el Estado en Afganistán, convirtiéndolo en un territorio sin ley.

-Organizar un golpe de Estado militar en caso de que el actual Gobierno de Kabul, de gánster y señores de la guerra, siga perdiendo territorio frente a los opositores armados, que controlan cerca del 70% del país.

-Reducir el papel del Gobierno afgano en favor del poder de los generales del Pentágono. El director del grupo mercenario Blackwater, Erik Pance, y el multimillonario inversor Stephen Feinberg se han reunido con Trump para convencerle de las bondades de la privatización de esta guerra.

-Debilitar a los talibanes y fortalecer al EI, ya que a la CIA le resulta más fácil controlar el ejército multiétnico y multilingüístico de mercenarios del EI que a los cohesionados talibanes pashtunes, que reciben apoyo de los servicios de inteligencia pakistaní. Dividir tanto sus filas como el territorio afgano están también en la agenda del Pentágono. Sus aviones bombardean las localidades de los talibanes, permitiendo que el EI llene el vacío que dejan. Este grupo ha reclamado la ejecución de al menos diez líderes talibanes en Nangarhar.

-Empezar a explotar los recursos naturales afganos, facilitando la entrada de las compañías estadounidenses para extraer minerales como hierro, cobre, zinc, oro, plata y, sobre todo, litio, cuyo valor alcanza el billón de dólares. China necesita este metal para seguir siendo la mayor fabricante de coches eléctricos del mundo. Preguntó el presidente afgano Ashraf Ghani  a EEUU: “¿Por qué las empresas estadounidenses no están aquí en lugar de las chinas? ¡Estamos sentados sobre un tesoro!”. Pobre el presidente de Alemania Horst Köhler, que al decir que las tropas alemanas estaban en Afganistán para “proteger los intereses económicos alemanes” (que no luchar contra el terrorismo y salvar a la humanidad) tuvo que dimitir. En julio pasado, Trump se reunió con Michael Silver, director de la compañía American Elements, especialista en tierras raras, y con Stephen A. Fienberg, presidente de DynCorp International, una de las mayores empresas privadas militares en el mundo (que al igual que Blackwater está acusada de violaciones de derechos humanos), para estudiar las fórmulas de proporcionar seguridad a las empresas mineras que pretenden trabajar en las regiones controladas por los yihadistas.

-Castigar a Pakistán por engañarle. Trump afirma que, a pesar de percibir una ayuda de 33.000 millones de dólares durante los últimos 15 años para luchar contra el terrorismo, Islamabad ha sido desleal con EEUU. En su visita al país centroasiático el octubre pasado, Rex Tillerson se reunió con los militares, expertos en hacer golpes de Estado, en vez de con su homólogo. El padre espiritual de los talibanes, Molana Samialhagh, ha exigido al Gobierno una contundente respuesta a las amenazas de Trump.

-Posible invasión a Pakistán para, supuestamente, destruir los refugios de los talibanes, aunque sus objetivos reales son otros:

1. Impedir que Pakistán se convierta en un aliado de China. Pekín ha invertido 74.000 millones de dólares en el Proyecto de la Nueva Ruta de la Seda del puerto de Gwadar y un corredor comercial que une China al Golfo Pérsico, como una pieza más del collar de perla marítimo que rompería un posible bloqueo en el Mar de China Oriental por EEUU. Además, es el primer socio comercial de Pakistán, le suministra armas y le vende instalaciones nucleares.

 

2. Hacer fracasar las negociaciones de Rusia con los talibanes.

3. Influir sobre la lucha entre la élite religiosa que intenta crear un verdadero estado islámico en Pakistán y la laica, que prefiere una relación con Occidente y China antes que con Arabia Saudí o Irán. En ambos grupos hay posturas a favor y en contra del imperialismo, como la Liga Musulmana, que considera a EEUU garante de la soberanía de Pakistán frente a la India. A Islamabad le resultará difícil librarse de las injerencias de Washington, sobre todo debido a la infiltración de los agentes de la CIA en los servicios de inteligencia pakistaní desde el inicio de la lucha contra el terrorismo.

4. Facilitar la influencia de la India en Afganistán, para de este modo contener a Pakistán, impulsando una carrera armamentística entre India y China, evitando la formación de Chindia, una alianza entre los dos gigantes. Afganistán podrá ser un pantano-trampa para India, como lo ha sido Siria para Turquía.

5. Ocupar militarmente la frontera de Durand, que separa Afganistán de Pakistán y así reducir la dependencia de las tropas pakistaníes.

6. Crear un Talibistán, una zona autónoma de facto en la zona de la etnia pashtun de Pakistán, alegando la incapacidad de Islamabad para salvar el mundo del terrorismo.

Los resultados de la estrategia de Trump no serán otros que:

-Propagar la guerra y la destrucción de la vida de los afganos, a beneficio de las compañías de armas como Boeing, Lockheed Martin o General Motors, que ya han recibido un encargo de fabricar 11.000 tanques a cambio de 2.000 millones de dólares.

-Hundir en el caos y en la inseguridad el patio trasero de Irán, China y Rusia, y así desgastar sus fuerzas e incrementar el costo de sus crecimientos económicos. Han paralizado la extracción de cobre de la mina de Aynak (valorado en 90.000 millones de dólares), bajo el control talibán en la provincia de Logar. Los yihadistas asesinaron en 2008 y en 2013 a sus gobernadores, Abdullah Wardak y Arsala Jamal. En las provincias petrolíferas de Sar-i-Pul y Faryab también fueron asesinados varios trabajadores chinos.

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Afganistán es el país más estratégico del mundo para la OTAN: le ofrece una ventaja geopolítica única sobre China, Rusia, India e Irán, siendo la plataforma para aplicar la doctrina Wolfowitz, que propone prevenir el surgimiento de un poder regional o global que pueda cuestionar la hegemonía de EEUU. El tiempo dirá cómo podrá hacerlo desde Afganistán, rodeado de cuatro potencias nucleares con ambiciones regionales.

Los intereses de EEUU en Afganistán van en dirección contraria de la paz y la estabilidad de este país.