Opinion · Punto y seguido

El fantasma momificado del penúltimo emperador de Irán

El 23 de abril, justo un día antes del aniversario de la coronación de Reza Sha en 1926, el fundador de la dinastía Pahlavi, la prensa iraní anunciaba el hallazgo de una momia durante unas obras en las proximidades del mausoleo de Abdol Azim, cerca de Teherán, donde se creía que había sido enterrado.

Las contradictorias declaraciones de las autoridades de la República Islámica (RI) han aumentado la confusión inicial: de negar la existencia de la momia a no saber a quién pertenece y al final revelar que había sido enterrado en un lugar secreto. Ignoraron los ruegos de los historiadores, la propia familia Pahlavi e incluso los expresos políticos de aquella monarquía y miles de ciudadanos que inundaron las redes sociales pidiendo que se le hiciera las pruebas pertinentes para conocer la identidad de aquel misterioso ser. Quizás la decisión de la RI se haya debido a que  durante las masivas protestas del pasado mes de enero, de entre decenas de pancartas que exigían la justicia social y la democracia, hubiese un par que mostraba la añoranza de la era de Pahlavi. Pero, a pesar de que esta teocracia, lógicamente, ha sido incapaz de proporcionar seguridad, paz, libertad, y justicia social, los iraníes en absoluto desean el regreso de la monarquía ni de ningún salvador en la figura del “príncipe” Pahlavi: “desgraciado el país que necesita héroes” dijo Bertolt Brecht, en el juicio de Galileo.

Los egipcios cuidan de sus momias con exquisitez sin que el general presidente Al Sisi sintiera celos hacia los faraones o detuviera a los egiptólogos.

Irán ya ha sepultado el carcomido sistema monárquico y no se ilusiona con un rey momificado. Lo que necesita Irán es una república laica y democrática.

El padre del Irán moderno

La figura de Reza Pahlavi es una de las más controvertidas de la historia moderna de Irán. Reza Mirpany (que tras la coronación cambió su apellido a Pahlavi «Invicto», apodo de los héroes míticos persas) fue un oficial rudo y cruel del ejército cuando fue enviado en 1921 a Guilán para aplastar la Republica Socialista Soviética de Irán, levantada a las orillas del Caspio. Sus méritos en cumplir la misión hicieron que los generales británicos -que habían decidido mantener ocupado el sur de Irán, aun después del fin de la Primera Guerra Mundial, con el objetivo de estrangular la Revolución Bolchevique Rusa-, le eligieran a él y a otro militar anti comunista en Turquía, Kemal Atatürk, para contener el avance de los “rojos”.

La directiva de la revista feminista “Nuestro despertar”, 1924
La directiva de la revista feminista “Nuestro despertar”, 1924

Aun así, Reza Pahlavi, un chovinista pan iranista, supo aprovechar la oportunidad y puso fin a siglos de decadencia de un imperio humillado por la agresión militar de los árabes, afganos, mogoles, turcos y rusos (zaristas); prometió instalar una república democrática, y se rodeó de intelectuales liberales y de izquierdas, e incluso en 1923 integró en su gabinete a un histórico comunista, Mirza Eskandari. Su progresismo duró poco. En alianza con la burguesía, los señores feudales y el clérigo enemigo de la república, se proclamó rey de Irán, instaurando la dinastía de Pahlavi. Aun así, realizó una serie de reformas que le valieron el apodo del “Padre del Irán Moderno”.

Reza Phalavi y la reina Tay Olmoluk
Reza Phalavi y la reina Tay Olmoluk

Desarabizó la lengua persa y la vestimenta iraní, recuperando las tradiciones, los credos y las celebraciones milenarias, construyó hospitales, carreteras, ferrocarriles, universidades, y lo más destacado: mandó prohibir el velo en 1935. Fue y es el único mandatario, no sólo del “mundo islámico” sino del mundo entero que se ha atrevido hacerlo. Con ello cumplía una de las principales demandas del movimiento feminista iraní. Aunque mantuvo la Sharia en la Ley de Familia, las mujeres pudieron entrar en las universidades, conducir, trabajar, viajar, actuar en el cine, teatro, e “incluso” cantar y bailar que hoy y desde el 1979 están prohibidos. Pero también mandó ilegalizar al Partido Comunista (ley que sigue vigente), detener, torturar y ejecutar a sus dirigentes, entre ellos a su Secretario General, doctor Taghi Arani (1903-1940); ordenó afeitar la barba de los akhund (despectivo de “clérigo”) que se oponían a sus medidas sobre la liberación de la mujer, y arrancarles el turbante y la sotana (acto equivalente a la “ex comulgar”).

Taghi Arani, fundador del Partido Comunista de Irán
Taghi Arani, fundador del Partido Comunista de Irán

Llegó a amenazar a bombardear la mezquita de Goharshad en Mashhad porque un clérigo allí había pronunciado un discurso contra la política “anti-velo” del monarca, mientras amasaba su fortuna confiscando los mejores terrenos del país (algunos, frutos de la desamortización de las tierras de la casta clerical) se quedaba con buena parte del dinero de la venta del petróleo en los bancos suizos.

Es cierto, que los iraníes han empezado a poner en valor sus aportaciones una vez que las perdieron con la RI, e incluso han perdido la mirada crítica que tenían hacia su figura.

Irán y los arios de Hitler

En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, Reza Sha, harto de las injerencias británicas en los asuntos de Irán, se acercó a Alemania, resurgida con Adolf Hitler. Le encantó la propaganda de la superioridad de la “raza aria”, grupo étnico al que pertenecen los persas. Por lo que, en La Sociedad de Naciones cambió el nombre de Persia por la denominación real del país, Irán «La Tierra de los Arios». Pero, el “aria” que Hitler no tenía nada que ver con la idea de “aria” de Darío el Grande: “Soy un persa, hijo de un persa, un ario de la raza aria” (inscripción de Bisutun, en el Kurdistán iraní). Sólo está presentado su linaje, su grupo étnico.

No había ningún parentesco entre los germanos y los iraníes, aunque sí había algo de admiración por parte de algunos pensadores alemanes hacia la naturaleza del imperio persa. Friedrich Hegel en su libro “La Filosofía de la historia” afirma que aquel imperio   ” es la luz que se ilumina por primera vez….constituye el verdadero comienzo de la historia universal“. Pero, a cientos de asesores alemanes invitados por el rey les atraían más el petróleo de sus “primos” arios y sus largas fronteras con la URSS que otra cosa. El racismo occidental demoniza y menosprecia la civilización de la gente de pelo y ojos negros, ¿Qué es sino la película 300?

Fue inútil que Teherán se declarara neutral en la guerra. Con el triunfo sobre el fascismo, los Aliados obligaron a Reza Pahlavi abandonar el país y abdicar en favor de su hijo, Mohammad Reza Pahlavi, El Sha.

El viaje de la momia

En 1944 Reza Pahlavi muere en Sudáfrica y seis años después El Sha decide trasladar sus restos embalsamados a Irán después de purificarlos en la Meca, y enterrarlos supuestamente en Abdol Azim. Los ayatolás cuando tomaron el poder, se vengaron de él, y a pesar de la prohibición islámica de profanar tumbas, destruyeron el mausoleo de aquel rey con bulldozer y dinamita y ¡Zas! no había momia, ni ataúd (que no se utiliza por el islam por la escasez de árboles en la región). También intentaron destruir Persépolis y la tumba del poeta Ferdowsi del s. X, a quien le deben los persas salvar su lengua tras la invasión árabe en el siglo VII.

No hubo cuerpo donde buscaban quizás por desconocer la “tradición bélica” de los conquistadores de Irán, quienes solían desenterrar a los muertos y exhibir sus restos como el último acto de deshonra de los vencidos. De allí, la expresión persa de “pedar dar avardan” «exhumar al padre» que hoy significa “tomar duras represalias contra alguien”. Por lo que las familias de las personalidades relevantes solían (y suelen) enterrarlas en lugares desconocidos, mientras les asignan una tumba con lápida, aunque vacía. Posiblemente, es por este mismo motivo por el que tampoco se han encontrado los cuerpos de Ciro el Grande o de Darío.

Una curiosa anécdota: el rey Mohammad Qayar (1742 – 1797) uno de los políticos más desalmados de Irán, extrajo los huesos de dos de sus antecesores, Karim Khan Zand (1688 – 1747) y Nader Sha Afshar (1705- 1779) y los enterró en la entrada de su palacio para pisarlos cada día. Fue Reza Pahlavi quien ordenó recuperarlos y enterrarlos dignamente en un mausoleo.

Sea cual sea la identidad de la momia es el patrimonio de Irán y debe ser preservado, y si es de Reza Pahlavi debe estar en una tumba conocida que no en una fosa secreta. Es lo que hace un pueblo civilizado.