Los No Alineados en Irán

Si no fuera porque es Irán la sede de la XVI reunión del Movimiento de los Países No Alineados (MPNA), este encuentro hubiera pasado sin pena ni gloria, como muchas otras veces. La campaña lanzada por Israel instando al secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, y a los países miembros a boicotear el foro, ha servido de publicidad para el evento y para que la República Islámica lo organizara a lo grande. La normativa del foro establece que cada tres años la cumbre se celebre en un continente y país diferente. En 2009 le tocó a África-Egipto y en 2015 será Latinoamérica-Venezuela.

Ban Ki-moon, después de varios días jugando a “asistiré, no asistiré”, por fin estará en Teherán, justificándose con el “voy a la reunión y no a Irán”. Los objetivos del viaje de quien debería ser la conciencia de la humanidad en vez de representar a los intereses particulares de EEUU son: mostrar la distancia que toma Barack Obama de Israel, ahora que Netanyahu insinúa que piensa atacar Irán antes de las elecciones en EEUU y además  exhibir su asistencia, ante la opinión publica, como un último esfuerzo diplomático para que Teherán renuncie a su programa nuclear. Si no, el responsable de la futura guerra es el propio país asiático.

El gobierno de Irán ha llevado al extremo la fama de la hospitalidad iraní y con el fin de que los 7000 invitados (¡250 solo de la India!) procedentes de 150 países disfruten de su estancia, ha declarado cinco días festivos en Teherán, pidiendo a los vecinos que se vayan de vacaciones. 110 mil policías garantizarán la seguridad de los visitantes, que harán turismo por la enorme capital del país.

La cumbre de Teherán se celebra en el medio de los grandes cambios en el Oriente Medio y norte de Africa, marcados por la llamada “primavera árabe”, la crisis siria y el aumento de tensión entre Irán e Israel. La ausencia más destacada es la de Bashar Al Asad, “por razones de seguridad”, mientras que las presencias más reseñables son las de egipcio Mohammad Mursi y la del palestino Mahmud Abbas. El presidente egipcio ha venido para transferir la presidencia de MPNA a los iraníes y mostrar su independencia con respecto a EEUU e Israel, mientras se niega a restablecer las relaciones diplomáticas con Teherán.

Es la primera vez que el presidente Abbas pisa Irán, país que apoyaba a Hamas, su rival. Su antecesor, Yaser Arafat, fue la primera personalidad extranjera recibida por el ayatolá Jomeini en 1979. Unas horas de charla sobre la solución de la cuestión palestina fueron suficientes para que no volvieran a verse más: ¿Dos Estados o recuperar, como sea, la tierra ocupada por Israel? Abbas, en este foro, pedirá incluir a Palestina en el mapa del mundo, en vez de eliminar a Israel de él. En septiembre lo planteara ante la ONU.

Irán ya ha conseguido su principal objetivo: mostrar que es imposible aislar a uno de los pilares de Oriente medio, a la segunda reserva de petróleo y gas del  mundo, y a 70 millones de consumidores, y eso a pesar de que algunos no alineados le traicionarán, como Irak que llena de petróleo el mercado vetado a Irán, o los saudíes, pidiendo a Washington que le corte la cabeza “a la serpiente” iraní.

Que el Movimiento defienda el programa nuclear pacífico de la República islámica no significa que tenga capacidad (incluso voluntad) de romper las sanciones impuestas por EEUU y la ONU sobre su sector energético y sus instituciones financieras, que impiden cualquier acción bancaria con Irán, entre ellas el cobro por la venta del petróleo, si no es en efectivo. Tampoco podrán evitar una agresión militar contra este país. Es Irán quien debe entablar negosaciones directas con EEUU para resolver problemas bilaterales.

Sobre Siria no habrá una declaración que defienda su derecho a soberanía, infringida incluso por algunos miembros del grupo, ni una iniciativa conjunta a favor de una solución política, a pesar de que la amenaza nada afortunada de usar armas químicas por parte de Damasco si es atacado pueda servir de pretexto a EEUU e Israel a una “guerra preventiva”.

¿Nuevo actor internacional?

MPNA está lejos de convertirse en un poder emergente, como Brics. Fundado en 1961, por Nehru, Nasser, Tito, Nkruma y Sukarno, pretendía ser un refugio de naciones recién descolonizadas en un mundo bipolar. Si ha sobrevivido al fin de la Guerra Fría en parte es gracias a su pasividad hacia los asuntos regionales y mundiales, su falta de organización y por sus objetivos incumplidos. Como si fuera una asociación de vecinos. Hasta la sede de su coordinadora está en Nueva York ¡y no en Kuala Lampur!  A dichos fallos se une el hecho de que intereses dispares han llevado a sus componentes a alinearse con las potencias neocolonialistas, destruyendo un socio – Irak, Afganistán, Yemen, Libia o Siria-, mostrando que no se ven prisioneros del sentido literal de su nombre.

MPNA se ha convertido en aquello contra lo que luchó en su día. Tres de sus principios básicos, el desarme, el respeto a la soberanía nacional de los países, y la lucha contra el subdesarrollo han sido ignorados por sus dirigentes. Sus  países (algunas excepciones aparte) son el destino y gran depósito de todo tipo de armas de destrucción masiva, y el hábitat de 800 millones de hambrientos del mundo, a pesar de sus incalculables riquezas, concentradas en manos de oligarquías corruptas y dictaduras despiadadas.

Presentar a MPNA como una forma de solidaridad horizontal sur-sur, alternativa a las imposiciones del Norte de las multinacionales, es echar arena a los ojos de la audiencia para ocultar la lucha de clase de millones de trabajadores que discurre con toda su fuerza en el seno de cada uno de los países. Es hora de replantar la utilidad de este movimiento con tales características, en sus costosísimas reuniones.