Las sanciones económicas suelen ser aplicadas a un país desde el Concejo de Seguridad de la ONU, y en teoría con el objetivo de cambiar aquella política que amenaza la paz y la seguridad internacional.
Sin embargo, ha sido EEUU el impulsor de la mayoría de las sanciones y lo ha hecho contra decenas de países que no han cumplido sus deseos (aunque bajo pretextos como “pisoteo de los derechos humanos “el desarrollo de armas de destrucción masivas”, etc.); a demás, es el único país que impone las leyes internas a otros, multándoles si comercian con los condenados. Somete a los civiles a un duro castigo colectivo pensando que así se lanzarán contra sus gobiernos, ignorando que con esta medida, las autoridades militarizan el presupuesto, crean mercado negro y exprimen aun más a los sufridos ciudadanos….y que un pueblo moribundo no se sublevar contra nadie.
Siria e Irán son las últimas víctimas de esta caprichosa medida, aunque ha sido Iraq el caso más dramático, un verdadero crimen contra la humanidad.
Entre 1991 y 2003, y después de semanas de bombardeos sobre la infraestructura civil, hogares y escuelas, Washington le aplicó a Irak las sanciones más largas y severas jamás impuestas a un pueblo en toda la historia. Esperaba que el fin de la Guerra del Golfo Pérsico coincidiera con una rebelión del pueblo contra el dictador. No sucedió, por lo que decidió castigar su inmovilidad. Así insinuó Bill Clinton: «las sanciones se mantendrán mientras dure Saddam».
La larga lista de los artículos prohibidos por su posible uso para construir armas de destrucción masiva incluía, papel, lápices, leche en polvo, cloro y muchos medicamentos. Si el genocidio es un crimen intencional contra un pueblo, cerca de medio millón de niños y un millón de adultos iraquíes murieron a causa directa de la sanciones, cuando los Convenios de Ginebra prohíben cualquier traba a la libre circulación de alimentos y de medicinas, incluso durante las guerras. A los niños les negaron alimentos, salud, un hogar, una educación y el derecho a un futuro. En 1996, un periodista del programa “60 Minutes” de la CBS preguntó a Madelene Albright si merecía la pena seguir con el bloqueo cuando han muerto más niños que en Hiroshima. “Es el precio que creemos que merece la pena pagar” Contestó. ¡Claro! ¡No se trataba de sus hijos!
El objetivo perverso de prolongar las sanciones era impedir que la nación iraquí levantara cabeza en décadas, mientras saquean sus recursos naturales. Así, consolidaban el proyecto de empobrecer aquella sociedad, debilitarla sustancialmente y anclarla en el subdesarrollo para décadas. Un montón de escombros y una generación nacida entre bombas, terror y hambre, garantizarán el éxito del plan.
El PIB del país cayó a los niveles de 1949, llevando al 70% de la población en 1994, por debajo del umbral de la miseria. Un año antes de la guerra un dinar iraquí equivalía a tres dólares, cuatro años después, un dólar era 1.700 dinares, que significa el paro, la inflación, el hambre y la desesperación de los trabajadores…
Ante la cifra escandalosa de víctimas EEUU y la ONU aplicaron la política de “alimento por petróleo”: por el que permitían a Irak vender su fuel sin recibir el dinero, retenido por el Banco de Nueva York (¡), para ser dividía en tres partes: una para indemnizar a EEUU, Arabia Saudí y Kuwait, otra destinada a los sueldos multimillonarios de los inspectores de la ONU y la última a la compra de alimentos, cubriendo el 20 % de las necesidades primarias de un pueblo que agonizaba sobre un mar de Oro Negro.
Hoy en Siria, las sanciones ya han causado la devaluación de su moneda y disparar el precio de los alimentos, robando el pan de la mesa de los más pobres.
En Irán, el bloqueo al Banco Central y al petroleo por parte de EEUU y la Unión Europea ha creado una atmósfera prebélica. El “bazar” (la burguesía comercial), al igual que durante la guerra con Irak (1980-88) acapara los productos básicos para venderlos a precios de lujo en el mercado negro. El comercio exterior ya es una cuestión de seguridad nacional, y bajo el dominio de militares y empresas que gestionan.
Más sanciones son igual a más corrupción, ocultamiento de datos reales del paro, de la inflación, culpar a los extranjeros de los males que padecen y aumentar la dependencia del país a los estados que esquivan el bloqueo.
Cuentan que Kennedy retrasó el embargo a Cuba hasta disponer de un millar de sus habanos, para luego imponer la multa de un millón de dólares y diez años de prisión a cualquier compatriota que, en cualquier parte del mundo, fumase los puros cubanos. Anécdota que desenmascara la hipocresía de pudientes, lo absurdo, irracional y surrealista de las infracciones, que oculta el drama de los sancionados.
En un cable secreto fechado el 13 de diciembre de 2006, el vicecanciller de Estados Unidos William Burns detallaba la estrategia y las actuaciones encubiertas de su país para debilitar y derrocar al presidente de Siria Bashar al-Assad. En el cable se proponía explotar la inexperiencia del joven oftalmólogo, airear sus trapos sucios, incitar a los kurdos, utilizar el recurso de “la amenaza islamista” y oportunidades como el asesinato del Primer Ministro libanés Rafic Hariri, para acusarle del terrorismo, y todo sobre un caldo de cultivo hecho por la propia dictadura corrupta. Objetivo: eliminar lo que hoy es el último obstáculo al dominio total de la OTAN sobre el levante mediterráneo.
Las protestas cívicas democráticas están siendo utilizadas por el Pentágono que temeroso de que la suma de las reformas ya iniciadas, el rechazo de la población a la intervención extranjera y el ascenso de los fundamentalistas islámicos (en un país multiconfesional) rebaje el nivel de las protestas, está acelerando la operación fin de Assad, a pesar de que la oposición, fragmentada, está lejos de ser una alternativa viable.
Turquía, brazo oriental de la OTAN y convertido en el centro del mando de esta operación, amenaza a Damasco de cortar la electricidad que suministra al país, y está reclutado, con la cooperación de Arabia Saudi y Catar, a cientos de muyahedines, viejos mercenarios de las guerras de Afganistán, Chechenia y Libia, registrados en la “base de datos” (Al-Qaeda, en árabe), de los Señores de Guerras que ya han dejado su carta de presentación en las protestas: estallar coches bombas, matando a decenas de personas, con la idea de provocar un conflicto civil -al estilo de Líbano en los 80-, bajo el disfraz de una guerra santa suní contra los herejes chiitas alauitas. De este modo, y una vez que Washington se asegure de que Israel se quedará fuera del alcance de las represalias de Assad, establecerá un corredor humanitario en la frontera turco-siria, allanando el camino para el ataque final, que además podrá provocar la división del país en cantones árabe- suníes, kurdos, alauitas y drusos.
Las tropas de Estados Unidos desplegadas en la frontera jordana-siria y la base Incirlik de Turquía preparan la “zona de exclusión aérea”, a pesar de la amenaza de los misiles rusos.
El doble veto de Moscú y Pekín a las sanciones del Consejo de Seguridad, preludio de una intervención militar a la que se oponen, demuestra la importancia de Siria en el tablero euroasiático. China necesita la paz para vender sus productos y considera que el ataque a Siria desestabilizará toda la región, y es un paso más hacia la agresión a Irán, su proveedor de petróleo. Para la Rusia de Putin, Damasco no solo es su único aliado árabe y su acceso al Mediterráneo oriental, sino también el lugar donde puede demostrar su capacidad de recuperar la influencia “soviética” en el escenario mundial tras perder a Libia. Aun así, el Kremlin puede dar una sorpresa: llevarse a Assad y su familia a Rusia si a cambio Obama abandona la idea de integrar a Georgia en la OTAN. Ambos ganarían: uno como un eficaz actor internacional y el otro se presentará triunfante ante las elecciones presidenciales…..y el pueblo se libraría de una terrible guerra.
Escenario complejo que no descarta un golpe de Estado. El fundador del Ejército de Liberación Siria, el coronel Husein Harmush exiliado en Turquía, ha sido ejecutado después de que, según la prensa asiática, unos oficiales turcos, tras drogarle, le entregasen a Damasco canjeado con varios militantes del PKK. Otro militar, el general Habib Mahmud, Ministro de Defensa, “murió de infarto” en 2011, y su compañero Ghazi Kanan ministrodel Interior “se suicidó” en 2005. La CIA y el MI6 mantienen los viejos contactos que establecieron con los militares y los agentes del Mukhaberat sirios cuando luchaban juntos contra el “terrorismo islámico”.
Los Hermanos Musulmanes, que gracias a EEUU y Turquía y la Liga Árabe y para gran disgusto de Israel y las minorías religiosas cada vez son más fuertes, han rechazado la oferta de entrar en el gobierno. Siria ya es post Assad. Incluso su protegido Hamás le ha abandonado, trasladando su sede a Catar. Hasta se niega a organizar manifestaciones de apoyo en Gaza.
Dicen que Siria es un país de tamaño microscópico, pero de cósmica influencia e impacto regional. Su inestabilidad afectará al Líbano, Jordania, Israel, Palestina e Irán.
Una intervención imperialista causará miles de vidas, y un gobierno instalado por las potencias extranjeras y gestionado por la ultraderecha religiosa nunca será democrático ni independiente.
La suerte de la rebelión democrática siria, secuestrada y aplastada, ya se decide en los oscuros sótanos, y va en camino de convertirse en un peligroso conflicto internacional.
Tras bombardear al pueblo libio durante siete meses, el gobierno de Sarkozy ha decidido penalizar a los negacionistas del genocidio armenio ¡97 años después de los hechos!, provocando la furia de Tayyip Erdogan. Si no ha habido una carga de conciencia –como en el caso de los alemanes y los judíos-, ¿por qué no el genocidio de los indígenas americanos? ¿Y por qué no solo una condena formal como en otra veintena de países? Su insaciable afán de protagonismo y la búsqueda del voto de los armenios franceses de cara a las elecciones de abril (la diáspora de esta comunidad, dirigida por curas y banqueros, es una de las más influyentes del Occidente), no explican esa medida si se tiene en cuenta la dimensión del daño que sufriría Francia al estropear sus privilegiados contratos económicos con Turquía (ya ha bloqueado los 7,9 millones de euros de su inversión en el gasoducto Nabucco), que además es una de las principales vías de la energía que llega a Europa. Descartamos, por razones obvias, el “compromiso con los valores humanos universales” como impulsor de su ocurrencia.
¿Piensa Sarkozy que Erdogan se calmará pronto, como pasó cuando el congreso de EEUU –que no Barak Obama- reconoció aquel horror? Podrían existir más motivos: chafar las aspiraciones turcas de ingresar en la Unión Europea, capitulación frente a las presiones de Israel, y hacer un guiño a la República de Armenia “aliada estratégica de Rusia -país que visitó el pasado mes de octubre y es su segundo socio económico después de Rusia.
Este pequeño país transcaucásico, base militar de Rusia, es para Moscú el contrapeso de Azerbaiyán-Turquía (brazo euroasiático de la OTAN), y para Occidente -que busca reducir su dependencia energética del Golfo Pérsico y también el peso internacional de Moscú- un trampolín en aquella región de inmensos recursos gasíferos. La UE estudia la entrada de Armenia en el club para evitar que se integre en la Unión Rusia-Bielorrusia.
Erdogan “el sultán”, que critica a China por su trato “casi genocida” a la minoría étnica uigur y no ve genocidio en Darfur, admite la matanza de los armenios durante la era Ataturk –sin implicar al gobierno otomano- y considera que formó parte del horror vivido por toda la población del imperio en la Primera Guerra. Se niega a llamarlo genocidio no sólo porque en su país es un delito y un tabú, sino porque perdería el apoyo de la mayoría turca con la memoria colectiva dañada por el cambio del nombre del país, la escritura y la identidad, y por una historia oficial escrita por los vencedores. Además tendría que asumir las exigencias de Armenia respecto a las tierras ocupadas en 1921 y pagar cuantiosas indemnizaciones a millones de damnificados.
Sarkozy, desde una miopía política, debilita así al Primer Ministro turco que acaba de salir de una dura batalla contra los militares, daña las relaciones entre Ankara y Erevan reanudadas recientemente, siembra más odio entre los turcos y los armenios y pone en peligro a esta pequeña comunidad en Turquía, además de empujarle a los brazos de Rusia y China.
Sorprende el silencio de los hijos y nietos de aquellas víctimas ante el abuso del mandatario galo de aquella barbarie.
La matanza de los armenios empezó en 1894 y el plan de su exterminio se lanzó en el abril del 1915 con la ejecución de unos 250 intelectuales. Luego, al menos 300.000 fueron ejecutados o murieron de hambre y frío durante las deportaciones forzosas. El pretexto del gobierno era alejarles de la zona de guerra con Rusia. Miles de mujeres fueron violadas, no se libraban ni las que se raparon la cabeza para no tentar a los soldados. Así lo cuentan los cronistas iraníes que fueron testigos directos de los hechos.
Aún se ignoran las verdaderas razones del primer genocidio del siglo pasado. El colaboracionismo de un sector armenio con los invasores rusos no justifica un castigo colectivo. Se trataba de nacionalismo “panturquista” cuyo objetivo eran las minorías étnicas –incluida la kurda- para limpiar lo que consideraban “la tierra de los turcos”.
Paradójicamente, en la actual República de Armenia hay quien hace la vida imposible a miles de kurdos (atentados, quema de viviendas) para forzarles a marcharse, mostrando hasta qué punto los hijos de las víctimas no suelen aprender de la historia.
La realpolitik manda: Irán, con una importante comunidad cristiana, conmemora públicamente el genocidio. La republica de Armenia es su aliada contra Azerbaiyán chiita y socia de Israel y de la OTAN; y Tel Aviv ahora ha decidido reconocer aquellos hechos para reírse de Turquía, que he dejado de ser aliada.
Revisar la historia y las múltiples responsabilidades de esa atrocidad es un trabajo de historiadores, no de políticos. Y ninguna ley debe prohibir la revisión continua de las acciones humanas colectivas o individuales.
En este caso no hace falta una guerra para ubicar el diminuto país del Golfo Pérsico. Los grandes deportistas pasean su nombre impreso sobre el corazón por todo el mundo. Catar «Tierra» (frente a Bahréin que significa «Mares»), está gobernado por el jeque Mohammed Bin Thani, un peculiar sátrapa astuto y sagaz que sentado sobre la tercera reserva mundial de gas (disputada por las empresas de Estados Unidos y Francia) ha sabido utilizar el petróleo y el canal televisivo Al-Jazeera para conseguir un crecimiento económico del 18,5% y convertirse en un actor internacional.
Los pintorescos rascacielos y el brillo de los petrodólares hacen que la dictadura absolutista política-religiosa de Thani aparezca como un modelo alternativo frente al saudí, aunque compartan la vigencia de la pena de muerte, la mirada misógina hacia la mujer (incluso hay una ley que reglamenta la entrada de las solteras menores de 35 años al país….las mayores de esta edad se libran de la prohibición, ¡porque no interesan a los hombres!), y la ausencia total de libertades e instituciones democráticas como el Parlamento y los partidos. Se le aplaude porque ha roto con los tópicos y a pesar de practicar el wahabismo ha abierto una iglesia católica…
En vez de democratizar, el Emir compra voluntades para lavar su imagen. Así, en su propaganda desaparece el 85% de la población -1,4 millones de trabajadores inmigrantes varones- que carecen de los escasos derechos de ciudadanía que disfrutan los aproximadamente 300.000 cataríes de pura cepa. Esta composición de la población hace que solo haya una mujer por cada cuatro varones. En una situación de semiesclavitud, con un sueldo de hambre y los pasaportes confiscados por el Estado, los trabajadores extranjeros son víctimas de abusos y malos tratos por parte de sus patronos que los llevan al borde del suicidio. En el año 2007 unos 20.000 trabajadores inmigrantes huyeron de sus empleadores mientras el gobierno regala la nacionalidad a los ricos y famosos de todo el mundo e inaugura una mezquita faraónica con capacidad para 42.000 fieles.
La política interna está en línea con la diplomacia. Al-Jazeera, cuyos debates plurales dinamizaron el panorama audiovisual del mundo árabe, desde la invasión de Afganistán en 2001 alimentó la farsa de la guerra contra el terror, convirtió al terrorista de ultraderecha bin Laden en un héroe y ha recaudado millones de dólares en derechos gracias a la exclusiva de sus videos. En la guerra contra Irak dividió el mundo en naciones y no en clases, como si los dirigentes iraquíes no fueran también responsables de la tragedia que todavía continúa sufriendo ese pueblo. Para el canal catarí –patrimonio de la familia real-, que ya exige el velo a las locutoras, no existen la oposición al Emir ni las protestas de Barhéin aplastadas por los tanques de Riad.
Catar, que alberga una base militar estadounidense, se lleva bien con todo el mundo: EEUU e Irán, Israel y Palestina, Marruecos y el Polisario… lo que no impide que participe activamente en la lucha contra la Primavera Árabe. Inyecta armas y dinero a la parte siniestra de la oposición anti-Assad de Siria después de haber participado, junto a la OTAN, en el bombardeo de la población libia y de regalar a los rebeldes 400 millones de dólares y un canal de televisión. La injerencia de Doha en los asuntos libios es tan grande y descarada que circula la broma de que Doha es la nueva capital del país. También ha financiado al partido tunecino Nahda y medió para que el gobierno islámico mantenga buenas relaciones con Washington; abrió una oficina talibán para legitimar las negociaciones del Pentágono con el grupo terrorista; y si es cierto que financia a la banda armada somalí Shabab, que se enfrenta a los grupos antiyihadistas respaldados por EEUU, entonces ambos aliados atizan el fuego de la guerra civil y la terrible hambruna que sufren los somalíes agonizantes sobre un mar de petróleo. ¡Cómo se desperdician cientos de millones de euros en los peligrosos caprichos de un jeque!
Quizá el régimen catarí sea el menos malo de la zona. Pero las relaciones económicas internacionales deben utilizarse para presionar a gobiernos de este tipo para que respeten los derechos humanos más elementales.
El presidente de EEUU, Barak Obama, debe pensar que Irán es pan comido para que declare que la Nueva estrategia de defensa en 2012 es contener a China. Adicto a la guerra, Washington, que ha borrado la palabra “paz” de su diplomacia, considera a Pekín un peligro para “sus intereses nacionales” en el Pacífico y Asia Meridional, y para su hegemonía unilateral planetaria.
Con el 5% de la población mundial el país occidental tiene un prosupuesto militar siete veces mayor que el gigánte amarillo, posee fuera de sus fronteras alrededor de 900 bases militares, once flotas navales que pasean por todos los océanos, y cientos de miles de soldados esparcidos por el globo, y aun así está preocupado por una China sin tropas ni instalaciones militares fuera de su territorio.
Regreso a Asia es el “santo y seña” del Pentágono para allanar el Extremo Oriente y tomar el Mar de China cuyos fondos marinos, además, ocultan millones de barriles de petróleo y billones de pies cúbicos de gas. El pretexto no le faltará: Velar por la seguridad marítima mermada por las supuestas armas nucleares ocultas de China, luchar contra el terrorismo islámico y la piratería, y ayuda “humanitaria” en los desastres naturales.
La primera potencia militar en su lucha contra la principal potencia económica, pretende controlar el estratégico Estrecho de Malaca, que une el Mar de China Oriental (al que Hilary Clinton llama Mar Occidental de Filipinas) con el océano Indico y Europa. Por sus aguas circulan la mitad del tonelaje mercante mundial, y los 20 millones de barriles del petroleo del Golfo Pérsico, destino Japón, Corea del Sur y China.
Beijing avanza, sin colonizar ni ocupar países. Consigue sus objetivos mediante el sereno y sutil método “acupuntura” en vez de “ataques quirúrgicos”. Ha construido, por ejmplo, el ducto más largo del mundo que lleva el gas del Caspio desde Turkmenistán a sus tierras, sin pegar un solo tiro, mientras decenas de miles de soldados de la OTAN llevan una década en Afganistán sin poder construir el gasoducto transafgano.
Que el coloso asiático sea, además, el único proveedor de tierras raras – usadas en microchips y la alta tecnología-, aumenta el nerviosismo de EEUU, que actúa antes de verse superado por Pekín: se apodera de las fuentes de energía (Irak, Sudan, libia, y ahora prueba con Irán), estrecha su alianza con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), arma a Taiwán con sistemas antimisiles, y en Myanmar, apoya a la oposición presionando al gobierno para que suspenda la construcción de un importante gasoducto a China. Por otro lado, aumenta el número de los 70 mil soldados que tiene en Corea del Sur y Japón, fortalece el Comando Estadounidense del Pacífico, refuerza las bases militares en Corea del Sur, Tailandia, Taiwán, Indonesia, Filipinas y Australia, e impide la formación de “Chindia” (China+India). Reducir a Pakistán, y un escaño en el Consejo de Seguridad sería el premio a India a cambio de su cooperación, que junto con Japón harían de contrapeso al enemigo.
Pekín ante una situación de desventaja geopolítica en Europa, África y Asia comienza a reaccionar, sin perturbar sus relaciones con Washington. Su armada realizó, en noviembre, unas maniobras militares sin precedente cerca de las fronteras de Pakistán, para advertir a EEUU que no toleraría una invasión al país centroasiático. También incrementó, en 2011, su presupuesto militar en un 12%, cayendo en la trampa de la carrera armamentística, que tiene incluida un Guerra de las Galaxias.
Despunta la nueva Guerra Fría.
No pudo ser. La estrategia de Barak Obama de desligar la política exterior de EEUU en Oriente Próximo de la agenda israelí ha fracasado. Ahora arrastra a su país a una guerra con Irán que no deseaba. Creía, y así lo decía durante la campaña electoral del 2008, que la hegemonía mundial de EEUU pasa por la contención activa de China (de allí su insistencia en aumentar el número de las tropas en Afganistán, país fronterizo con aquel gigante), y no desgatar el ejército en guerras locales. Ha sucumbido a las presiones de Netanyahu, de los jeques saudíes, de las empresas armamentísticas y también a su propia ambición, pues, para repetir el mandato necesita el apoyo del lobby pro israelí, que a cambio le exige acabar con Irán, en el cumplimiento total de la Doctrina Doble Contención (Dual Containment Policy): tumbar a Irak e Irán como potencias a beneficio de Israel. ¿Sigue el consejo de Sara Palin que le sugirió lanzar una guerra contra Irán para ganar las elecciones, cuando perdió los comicios del noviembre del 2010?
La República Islámica tampoco le facilitó una salida: despreció la oferta de diálogo (Obama llegó a felicitar la reelección del presidente Ahmadineyad en el junio del 2009, a pesar de las masivas protestas contra el fraude electoral), y en vez de aprovechar la influencia que tiene en Irak, Afganistán y Palestina para imponer la paz, o utilizar la diplomacia y los foros internacionales para sumar aliados hizo todo lo contrario; por si fuera poco le pidió lo imposible -repudiar a Israel- como señal de la buena voluntad.
El “carismático” Presidente puede lanzar la bomba atómica sobre la nación iraní. Ya bombardeó a miles de civiles en Yemen, Afganistán, Pakistán o Libia sin mancharse y salió indemne ante una opinión pública anestesiada, que vuelve a caer en la trampa de inexistentes “armas de destrucción masiva”. El embajador chino ante la ONU, Li Baodong, ha advertido al director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica Yukiya Amano, de no fabricar pruebas “sin fundamento” para justificar un ataque contra Irán.
Obama no ha aprendido la lección de Irak: el precio de eliminar a un rival de Israel en la zona y bañar en oro negro al gobierno “petrolero” de Bush fue que EEUU perdió a un valioso colaborador, Saddam Husein. Teherán también demostró con su cooperación en las guerras de Irak y Afganistán que, sin convertirse en un aliado, puede dejar de ser un adversario. Incluso, más allá de las palabrerías, los ayatolás han sido capaces de vivir en la coexistencia pacífica con todos los vecinos, incluido el Estado judío.
Que el actual inclino de la Casa Blanca tampoco haya respondido a ¿Por qué nos odian? en los países musulmanes agredidos, explica su nefasta política en Pakistán: humillar a su gobierno y lanzar bombas y misiles contra los civiles, lo que ha convertido a este pilar del dominio de EEUU en la región en un formidable enemigo. Ignora la fragilidad del techo de cristal de ese odio. Hasta Bush impidió, en 2008, un ataque israelí a Irán. Algo sabe el jefe del Mossad, Tamir Pardo cuando afirma que “un Irán nuclear no amenaza necesariamente la existencia de Israel”. Lo que sí podrá amenazarle será la ilusión de “éxito” de los primeros ataques.
La Decisión final del asunto iraní pasa por el embargo de su petroleo, de cuya renta depende el 65% del presupuesto del Estado. Y a pesar de la lluvia de armas que cae en Oriente Próximo, la orgía de la industria militar de EEUU no estimula la economía, como antaño, por avances tecnológicos en la producción.
China intenta minimizar sus pérdidas y quedarse en el “triángulo petrolero” (Golfo Pérsico-Mar Negro-Caspio). Washington, después de expulsarle de Sudan y de Libia, intenta cortarle el petroleo iraní (su tercer suministrador tras Arabia y Angola), hacerle dependiente de la compañías occidentales, y de paso, suspender su suculento negocio con Irán que asciende a 29 mil millones de dólares, sin contar las concesiones de la explotación de campos petrolíferos, o el proyecto de construir siete refinerías.
Por otro lado, el avance de los comunistas en la ex Unión Soviética, acelera el cerco de la OTAN a Rusia, ahora desde Irán (si cae), lo mismo que un día soñó Hitler.
Se reactiva el Plan del Teatro Iraní a Corto Plazo (Iran Theater Near Term, TIRANNT), gestado en 2003, en el que se había identificado cientos de objetivos para bombardear, y también arrancar la provincia petrolífera de Juzestán, en las orillas del Pérsico.
Catástrofe humana, medioambiental y crisis energética. Y aun así, no se oye el “No a la guerra”.
Dos mil años antes de que la iglesia católica adoptara la fecha de nacimiento del dios Mitra para la Natividad de Jesús de Nazaret, los arios medos y persas, que veneraban aquel señor de la hermandad y la verdad, nacido de una virgen en una cueva, habían fusionado su cosmovisión con el culto mazdeo a Mehr, diosa solar del amor, el calor y la luz, homenajeada en el solsticio de invierno por los habitantes autóctonos del territorio que se llamará Irán, la Tierra de los arios. El festejo, llamado «Yalda» (Día de luz), tenía lugar el primer día del primer mes del invierno, bautizado «Dei» (de ahí el término deidad), estaba marcado por el baile de antorchas y velas que ahuyentaban a Ahriman, el anti-diosa, el señor de las tinieblas y del frío. A partir del siguiente día, la Reina del Cielo aumentaría su presencia en el firmamento. La fiesta hebrea «Janucá» (luces), también coincide con estas fechas e ideas.
El Mitraismo se extendió por las tierras romanas, e incluso se convirtió en 274 en la religión oficial del imperio, hasta que el cristianismo consiguió parar su avance, adoptando parte de los ritos y los mitos de aquel credo iraní. Se llegó a afirmar que los moghs -sacerdotes mitraístas, mal llamados “Reyes Magos”-, habían aprobado la nueva fe visitando al Niño Jesús en Belén. Hecho improbable, conociendo los celos de aquella casta sacerdotal hacia las religiones rivales. Antes, habían perseguido duramente a los zoroastrianos y los maniqueos.
Los obispos tras cubrirse con la mitra, se hicieron llamar padre, como los moghs, celebraron el bautizo y la oblación del pan redondo como el cuerpo del sol, y tomaron nota del mito de la concepción virginal de Sushians, El Salvador mítrico, que aparecerá algún día para llevar la paz al mundo. Idea recogida también por el chiísmo -el Islam iranizado-, en la figura de Mahdi.
En Oriente Medio, los mitreos se transformaron en mezquitas, dejando su huella en el minarete «lugar de fuego» y en el Mehr-ab «agua de Mehr», y en Occidente en iglesias, templos que guardan su forma original de cueva.
En Yalda se adornaba el ciprés, árbol de los deseos y se repartía ayil, mezcla sagrada de siete frutos secos, mientras los ancianos contaban cuentos ancestrales alrededor de la hoguera. Luego profanaban la tumba de la sandía –enterrada en verano (¿entierro de la sardina?….ambos ritos de zayesh/renacimiento de la naturaleza, propios de las culturas agrícolas)- dando la bienvenida a la estación cálida. Al alba, la salida del sol marcaba el final de su Natividad….
Y el mundo, una aldea.
¿Otra crisis energética? EEUU redobla la presión a Europa para boicotear el petróleo y las finanzas iraníes, aprovechando el asalto a la embajada británica en Teherán por los fieles del jefe del Estado Alí Jamenei, quienes revisan el resultado de lanzar piedras al tejado propio. Irritados por la sanción londinense al Banco Central iraní y la emisión de la BBC-TV en persa, aquella acción, además pretendía marginar aún más al presidente Ahmadineyad y desautorizarle en la política exterior. Él se desmarcó de la toma de la sede diplomática, y en la víspera de las elecciones legislativas pidió la liberación de los líderes reformistas Hosein Musavi y Mehdi Karrubi. Busca aliados porque teme que su facción no reciba autorización para concurrir a los comicios. Por otro lado, el incidente fue un alivio para David Cameron, que consiguió extender una pantalla de humo sobre la huelga histórica de 2 millones de empleados del sector público. Los seguidores de las teorías conspiracionistas ven la mano de MI6 detrás de aquella provocación.
En Irán la situación se tensa, mientras Occidente prepara la declaración oficial de una guerra, que ya inició en sus versiones mediática, política y económica hace años, y a las que ha sumado atentados contra científicos y centros militares iraníes.
Teherán sopesa si un buen ataque no sería la mejor defensa. La ocupación de la representación diplomática también es un mensaje: Irán es capaz de realizar acciones imprevisibles, como por ejemplo, cortar el suministro de petroleo a Europa, elevar su precio (ya bastante ajustado) hasta las nubes y rematando las agónicas economías de Italia, España y Grecia, que importan el 80% del medio millón de barriles que República Islámica envía, a diario, al continente. La Unión Europea sigue sin una política exterior propia e independiente de EEUU, que garantice los intereses de sus ciudadanos.
Esa misma inseguridad energética ha sido uno de los principales factores de las guerras invasoras que se lanzaron sobre Irak y Libia, los países que junto con Arabia Saudí deberán sustituir a Irán en el suministro de fuel. Sin embargo, Libia tardará algunos meses en volver a recuperar el nivel de su exportación anterior a la guerra, y Arabia Saudí e Irak carecen de capacidad de producir este extra para evitar el caos en el mercado, además, su crudo distinto al de Irán, debería procesarse, lo que aumentaría los costes.
A Teherán no le costaré recolocar su mercancía en Asia. De hecho, China, el principal comprador de su petróleo, recogerá encantada lo rechazado por Europa, y a precio de ganga. Otros dos beneficiarios de esta crisis serían Rusia, el segundo exportador mundial, se hará de oro por el incremento de los precios, y la industria nuclear, que publicitará su producto como energía de suministro garantizado.
Para España, prescindir de los 140.000 barriles que compra al país asiático, puede que no sea una anécdota más en las relaciones entre ambos países, como lo fueron cuando antaño los comerciantes españoles dejaron su huella en el nombre de la moneda iraní “rial”, o que, al parecer, el rey Juan Carlos, en 1977, pidiera al Sha 10 millones de dólares (¿de las arcas públicas?) para consolidar su monarquía[1] y financiar la campaña electoral de UCD para contener el avance de la izquierda[2].
[1] Sobre esos millones, algo se ha transcendido en la prensa. Pueden mirar:
· * THE DECLINE OF SPANISH SOCIAL DEMOCRACY 1982-1996, Vicente Navarro (pdf)
* http://ddd.uab.cat/pub/analisi/02112175n39p237.pdf
* http://thespanishview.blogspot.com/2010/09/cni-spanish-secret-service-kings_07.html
* [2]http://www.caum.es/CARPETAS/dossieres/contenedor/dossieres2008/LADEMOCRACIAdosier.pdf
Gulnaz, la joven súbdita de la República Islámica de Afganistán, tutelada por la OTAN, que fue encarcelada por ser violada y a la que cuadriplicaron la pena al poner un recurso, es el rostro de las mujeres de su tierra, gobernada por un tal Karzai que, en un alarde de compasión, la indultó a condición de que se convirtiera para toda su vida en la esclava sexual de su agresor –que anda libre-, evitando así otros 12 años y estar a merced de los carceleros. Solución que pone en evidencia su mentalidad misógina y su incompetencia en establecer la ley. Ni le facilitó una casa de acogida -existentes gracias a las feministas-, ni pensó en el peligro que correría la hija de ella, que estará bajo el mismo techo que su padre delincuente sexual.
Su propuesta, nada original, aparece en la Biblia (Deut. 22: 28-29), en caso de que la muchacha fuese virgen, y como un castigo ejemplar al violador, quien así llevará de por vida el estigma de ser esposo de una deshonrada. Era, también, una salida “decente” para ella y su familia, miembros de una comunidad de tribus. Por otro lado, la violación de una mujer, casada o viuda, era un pecado que llevaría a ambos a la muerte por apedreamiento. Islam, religión hermana del judaísmo, recopiló dichas normas, hoy en desuso en todos los países que profesan este credo, salvo en unos cuantos gobernados por la ultraderecha religiosa.
La Unión Europea ha prohibido la exhibición del documental “In justice”, que trata el caso de Gulnaz y otras presas, para no enturbiar sus relaciones con el gobierno fantoche de Kabul, donde diez años después de la falsa promesa de su liberación, millones de mujeres siguen siendo agredidas hasta la muerte.
Esta lacra, fruto de una sociedad patriarcal de clanes, y su débil Estado central, ha ido en aumento por el apoyo extranjero a los grupos reaccionarios religiosos, protagonistas absolutos del escenario político afgano, que han ahogado todo intento de desarrollo del país.
Aunque parezca increíble, las mujeres de Afganistán tienen derecho al voto desde 1964 y, siendo República Democrática, dirigida por el marxista Najibullah (1987-1992), constituían el 40% de los maestros y el 70% de los médicos. Hasta contaron con una mujer ministra, la doctora Anahita Ratebzad, hoy exiliada.
Tras el asesinato de Najib (linchado como Gadafi, junto con su familia, cuando estaban en la sede de la ONU en Kabul), por los talibán-EEUU, se rompió el proceso de evolución natural de la sociedad. Hoy, sólo el 13% de mujeres están alfabetizadas, su esperanza de vida es de 43 años -las tasas más bajas del mundo-, y cientos se autoinmolan por la desesperación.
¿Dónde están los que se desgarraban las vestiduras por la mujer afgana? ¿O todo formaba parte de la pantomima que justificó la invasión a este estratégico país?
Entusiasmo, decepción, caos y pucherazo en la premier electoral del nuevo Egipto. La población cree en las elecciones, los comunistas, socialistas y la plaza Tahrir pedían su boicot, el repliegue del ejército y un gobierno de salvación nacional formado por demócratas que preparase los comicios para más adelante, ya que los ciudadanos desconocen el programa de los candidatos. Con el lema “Todo el poder para el pueblo”, les llamaron a la desobediencia civil y a una huelga general. Sin embargo, el teatro siguió su función sin que nadie se percatara del pacto secreto de los principales partidos con la Junta Militar, que les reserva el derecho de veto en los asuntos castrenses.
Saldrán los elegidos de los que no votan: EEUU, Israel y Arabia Saudí; y harán que la remodelación parezca un cambio sustancial.
La importancia de Egipto reside en su capacidad de frenar a Irán y Palestina, en ser la principal refinería de petróleo africana, y tras Nigeria y Argelia la tercera reserva continental de gas. Sus principales clientes son EEUU, India, Italia, España y Francia. Por si fuera poco, controla el Canal de Suez, la conexión Mar Rojo-Golfo Pérsico-Mediterráneo cuyo cierre alargaría entre 10 y 15 días el viaje a Europa y América.
Para Israel, la tierra de los faraones es una cuestión de seguridad nacional, además del proveedor del 40% del gas que consume, aunque los sabotajes (ya van siete) de los conductos están causando apagones constantes en el país hebreo, cuya pesadilla sería ver en El Cairo un gobierno de los Hermanos Musulmanes (HM) próximo a Hamás e Irán.
Washington, que sacrificó a Mubarak para salvar el sistema, busca consolidar el poder militar con un señuelo civil: El-Baradei, también apoyado por los HM. Pero este elitista abogado, próximo al modelo “turco” es opción de EEUU, no de Israel, que le llama «agente de Irán», y no porque su esposa sea de esta nacionalidad, sino porque siendo director de la Agencia de la Energía Atómica insistía en el carácter civil del programa nuclear iraní. Y ahora iza la bandera palestina, amenaza con revisar el Tratado de Camp David y con una guerra si Israel ataca Gaza. Algunos, para tranquilizar a Tel Avive, califican esos gestos de teatro electoralista.
Frente a los HM que negocian con Teherán y Ankara, Arabia Saudí apuesta por los salafistas y el ejército. Los oficiales reciben de la Casa de Saud unos cuantos miles de millones de dólares para impedir el desmoronamiento del “mubarakismo”. Los grupos religiosos, que en su propaganda equiparan lo “secular” con lo “ateo”, como recurso anti izquierda para atraer más votos, ajenos a la teología islámica de la liberación, como mucho podrán mantener un capitalismo de Estado, paliado por la caridad, al tiempo que se pondrán a “reislamizar” la sociedad, creando más focos de tensión.
Los generales amarran el poder. Poseen el 25% del PIB, mediante sus negocios en todos los sectores económicos (desde energético hasta agrónomo y la construcción), mientras el 40% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y la caída del turismo y de la inversión extranjera lleva al país a la bancarrota. La lentitud de las reformas y la permanencia de los generales en el poder serán los dos principales factores que mantendrán vivas las reivindicaciones de Tahrir. Pues, la democracia es laica, civil y justa en el reparto de los beneficios económicos, si no es así, no es democracia.
Y una dictadura religiosa pretoriana no sería lo peor. EEUU no descarta la intervención militar si el ejército no acaba con las protestas.
En el Nilo, la luna sigue atrapada.