Iba Obama a desechar el escudo antimisiles privando así a la industria militar de unos 60.000 millones de dólares? Al parecer sólo se trata de cambiarlo de ubicación, y de paso invertir otro tanto en una nueva generación de misiles para Europa, que además serán instalados antes de lo previsto para colocar aquel artefacto, que obviamente iba a apuntar a Rusia. ¿Ha habido algún trueque con Moscú? Washington necesita a Rusia con el fin de abastecer a sus tropas en Afganistán, además de su voto a favor de mayores sanciones contra Irán, para así seguir con su política de castigos no militares a este país y neutralizando las presiones de Israel para atacarle.
Rusia, incapaz de disuadir a Teherán de que congele su plan nuclear, ha decidido abandonarlo. La inestabilidad y la militarización del régimen islámico tras las fraudulentas elecciones presidenciales lo convierte en una causa perdida. “Si Rusia no utiliza sus relaciones con Irán para parar su ambición nuclear, los israelíes se verán obligados a actuar”, advirtió Simón Peres. El Kremlin no quiere otra guerra en su proximidad. Según este planteamiento, Moscú hubiese pedido recuperar a cambio Ucrania y el Cáucaso –corredor clave en transporte de hidrocarburos–. Por el momento, ha suspendido la venta de misiles antiaéreos S-300 a Irán y el 8 de septiembre lo excluyó de la cumbre de los países ribereños del Caspio, saltándose los acuerdos previos que exigen la presencia de todos los miembros. Pero puede que la decisión de Obama se deba a otros factores: la falta de eficacia del escudo frente a los misiles de Iskander (“Alejandro”) rusos, y sobre todo a un acuerdo con Israel, el actor invisible del escenario que, según el diario Maariv, había propuesto a Bush implantarlo en ese país o en la Turquía otanizada, para así elevar su muro de seguridad frente a Irán. Tel Aviv, que prevé utilizar los buques de EEUU para instalar sus misiles anti-misiles Jetz, crearía así una plataforma flotante para más mosqueo de Rusia, preocupada por la presencia militar y económica de Tel Aviv en Georgia, región que intenta recuperar, y en Osetia del Sur, donde demostró que “sí, puede”. Será la guinda a la mayor maniobra militar conjunta de Israel y de EEUU en la historia –prevista para octubre–, mirando a Irán. La trama geopolítica global continúa.
Desafiando al instinto de supervivencia, hay personas capaces de poner fin a su existencia, convirtiendo su propio cuerpo en una bomba. Estremecedor, y no por la brutalidad que implica ni por sus consecuencias, sino porque lo normal es que uno mate sin arriesgar la vida y, si puede aniquilar a cientos de personas con un avión no tripulado, sentado en su despacho, incluso será galardonado como héroe. La religión condena el hecho de quitarse la vida, entendido como un desafío a la autoridad de Dios, pero no entregarla en pos de una causa colectiva o divina, como Santa Apolonia, que se lanzó a la hoguera evitando renunciar a su fe y aun así fue considerada mártir. Es el “suicidio altruista o sacrificial” de Durkheim.
Morir matando es la otra vertiente del auto de sacrificio. “¡Muera yo con los filisteos!”, gritó Sansón al caer prisionero tras matar a decenas de filisteos mientras pedía a Dios que le devolviese su fuerza para ofrecerle en sacrificio su vida y la de ellos. Así, acuñaba de paso el concepto de “daños colaterales” o de “castigo colectivo” a los inocentes por estar en el bando contrario. Los fedaínes –literalmente, “quienes se sacrifican”– del Viejo de Alamut, Hasan Sabbah, hicieron temblar los pilares del imperio islámico con atentados selectivos contra los sultanes que oprimían a los pueblos avasallados, quitándose la vida si no lograban escapar tras el magnicidio. El retorno del sacrificio humano como ofrenda a un principio supremo o a un valor que peligra es capaz de convertir en kamikazes a los pilotos japoneses, en suicida a un defensor de las libertades en una dictadura, o a un palestino, iraquí o afgano que, a falta de tanques y cazabombarderos, utiliza piedras, zapatos o su propio cuerpo para defender su tierra de los agresores.
Niños discapacitados en los atentados suicidas de Al Qaeda y presos con cargos delictivos reclutados por el Pentágono para abastecer a sus tropas en las guerras. Carne de cañón de perversas intenciones. En octubre de 2005, dos comandos del Régimen Especial de Reconocimiento del ejército británico fueron detenidos en Basora, Irak, disfrazados de árabes y armados con detonadores de control remoto cuando abrían fuego contra una manifestación chiíta. ¿Pretendían justificar la ocupación bajo el pretexto de que “si nos vamos, se matarán entre ellos”?
Cuando Berlusconi se disculpaba por los comentarios sobre el color rosa del Gobierno de Zapatero, cometiendo otras impertinencias, recordaba a aquel bufón que le tocó el trasero a su rey mientras este subía las escaleras del palacio. “¿Pero cómo te atreves?”, increpó el monarca. “¡Majestad, pensaba que era la reina!”, respondió el bufón. Berlusconi aparte, sus palabras revelan hasta qué punto la política sigue siendo el feudo de los hombres. Antiguamente, diosas que presidían los cielos fueron eliminadas en favor de varones profetas de carne y hueso que santificaban el dominio del hombre sobre la mujer, estafada con eso de que “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”.
La mera presencia de una mujer en un Gabinete es un triunfo social, aunque no siempre implica un avance en los derechos de la mujer. A menudo se trata de retoques políticamente correctos, como asignarles carteras femeninas de Sanidad o Educación sin transformar la relación entre mujer/ Estado. Aún hay casos peores: Sarkozy hizo ministra a la líder de una organización feminista de los suburbios para desactivar el movimiento y Ahmadineyad maquilla su Gobierno archimachista y de dudosa legitimidad, con una ministra ultraderechista, férrea defensora de la discriminación de la mujer. Otras veces, los clanes de poder utilizan a esposas o hijas de políticos para llevar a cabo sus propios objetivos: Benazir Buttho o Violeta Chamorro. Esto ocurre mientras la gran parte de las mujeres padece discriminaciones legales, económicas, culturales y políticas.
Otro factor importante es el programa de la mujer política o el del hombre político. Meri Ilich, la escritora serbia, propone la genial medida de que cada ministerio esté gestionado a la vez por un hombre y una mujer, a fin de confluir enfoques y sensibilidades. El techo de cristal y la vara más alta para medir la capacidad de una mujer hacen que la supuesta “igualdad de oportunidades” para todos y todas se desmorone en el seno de sistemas que poco espacio dejan para su participación política. La discriminación positiva, un reparto justo de las riquezas y una revolución cultural contra las concepciones patriarcales, paliarán la subrepresentación femenina en el poder. Una democracia sin paridad no es democracia.
El fin de la gira europea de Netanyahu coincide con la reunión de los 5+1 para tratar la cuestión nuclear de Irán y con las declaraciones de Al Baradei, que denuncia la exageración sobre la capacidad de Irán para fabricar la suprema bomba.
A pesar de estar cercado y amenazado por potencias poseedoras de unas 26.000 armas nucleares, la mera tenencia de un programa nuclear ha colocado a Irán a la cabeza de la agenda política de la comunidad internacional, que le acusa de querer colarse en su club. Así, desde 2003, la virtual bomba iraní ha duplicado la venta de armas a la región y a Arabia, Turquía y Egipto, y además estudian hacerse con una real para que Israel deje de tener su monopolio en la zona.
EEUU, Francia y Alemania no se acuerdan de que firmaron acuerdos con Reza Pahlevi para construir unas 20 centrales nucleares que, según los rusos, tenía el objetivo final de fabricar bombas atómicas en un Irán que delimitaba vastamente con la URSS. Una industria nada rentable –ni para uso civil– en un país repleto de sol y gas natural, y que además sufre unos 4.000 terremotos al año.
Proyectos paralizados tras la caída del Sha y sustituidos por la doctrina de la “doble contención” de Henry Kissinger, que en 1980 ideó contener el desarrollo socioeconómico, político y militar de Irak e Irán a beneficio de Israel. Tras provocar una guerra entre ambos países para que se destruyeran mutuamente, completaron la contención de Irak, mandándolo a la Edad de Piedra. Ahora le toca a Irán que, aunque paralice su proyecto –como en 2003–, será objeto de más presiones bajo otros pretextos.
Hay quienes piensan que EEUU y sus aliados atacaron Irak porque sabían que no tenía aquellas armas, y no a Corea del Norte justamente porque las posee, concluyendo que tener armas nucleares es garantía de integridad territorial. ¡Error! La caída de la URSS como ejemplo. Irán, para defenderse en esa jungla donde reina la ley del más fuerte, podría utilizar su petróleo.
Aun así, el desplome del precio del crudo –que intensificará la crisis económica iraní, su talón de Aquiles–, unido a la debilidad del régimen tras la reciente convulsión social, ha cambiado las prioridades de Teherán: mano dura dentro y flexibilidad fuera. De ahí que hayan disminuido el ritmo de producción de uranio enriquecido. Pero allí acecha Israel. En 1980 bombardeó, con impunidad, el reactor nuclear de Irak, Nadie se atrevió ni siquiera a comparar sus efectos con los de Chernóbil. ¿Acaso es más peligroso vivir en un mundo sin el equilibrio del terror?