Opinion · Quien quiera oír, que oiga

Huir de la impotencia

Dos aspectos llaman la atención de la actualidad política de la última semana: la ‘abulia’ del Partido Popular y la ‘falta de realismo’ del Partido Socialista, como ha demostrado Pedro Sánchez, su secretario general. Hace unos días, en su videoblog de El País, Iñaki Gabilondo se mostraba sorprendido ante la inhibición de Mariano Rajoy, esa mezcla insólita de pasividad y soberbia de quien cree que el poder le pertenece por derecho natural. El presidente en funciones ha adoptado la actitud clásica de la aristocracia meridional española (los denominados ‘señoritos’): sentarse a mirar desde arriba cómo se pelean los demás, para después (y solo después) intervenir esperando que del naufragio ajeno quede algo de provecho.

Más sorprendente aún es la posición del Partido Socialista, que parece dispuesto a pactar con Ciudadanos una suerte de ‘Gran Coalición en diferido’,  al mismo tiempo que mantiene una retórica de guiños constantes a la izquierda. Nos reencontramos aquí con el famoso ‘efecto Laudrup’, que consiste en mirar a la izquierda amagando un envío hacia ese lado, para finalmente pasar el balón hacia la derecha.

Sin embargo, la coyuntura actual demanda otra cosa: realismo y compromiso. El contexto político exige tomar partido; “tomar partido hasta mancharse”, como escribió Gabriel Celaya en un célebre poema. Eso significa tener en cuenta a esa mayoría de españoles que han votado cambio, progreso, decencia y fin de las feroces políticas ‘austericidas’ que han llevado a una parte de nuestro país a tener dificultades para llevar una vida mínimamente digna. Se trata de esa España para la que el 29 de febrero no es una anomalía del calendario, sino una verdadera amenaza para su nevera. Compromiso significa también ser conscientes de que solo con fortaleza política y con un proyecto claro y progresista, podremos sentarnos a hablar con el “Directorio europeo”. Compromiso, en suma, supone tener el firme propósito de transformar este país revirtiendo las políticas que nos han hecho más pobres, más desiguales y con menos derechos.

Pero este febrero que comienza también exige realismo. Realismo es saber que las esperanzas de once millones de votantes que han pedido cambio quedarían frustradas si no se consigue una alianza de progreso entre PSOE, Podemos e IU. Pasarle el balón a la derecha es una decisión que conduce, en última instancia, a la impotencia de esa mayoría social que llenó las calles para luchar por la sanidad pública, la educación pública, la regeneración democrática, el derecho a la vivienda o el empleo digno. Darle el balón a la derecha es frustrar la esperanza de un pueblo al que ya se ha machacado mucho, y condenarle a la impotencia política. Tirar el gozo de los humildes al pozo de los barones.

Pedro Sánchez se encuentra en un cruce de caminos. Debe elegir entre el aire limpio de la montaña o las aguas estancadas del pantano. El líder del PSOE lo sabe: puede escuchar lo que ha votado la ciudadanía socialista (una alternativa de cambio: ‘el Gobierno de los once millones’) o, por el contrario, puede someterse al dictado de sus barones menos leales y del ex presidente del Gobierno Felipe González.

‘El Gobierno de los once millones’ podría representar en el Parlamento a la mayoría social progresista de este país. Podría dar voz y entidad política al grueso de la población española que ha tenido que sufrir, por un lado, las políticas del Partido Popular y, por otro, el intento de las élites de retrotraernos al siglo XIX por el camino de la austeridad. Somos once millones para plantar una primera semilla, una primera esperanza, un primer paso que nos aleje de la sordidez de estos últimos cuatro años. Por eso, en este momento decisivo, exigimos a Pedro Sánchez realismo, valentía y compromiso.