El PP y el síndrome Andreotti

23 Feb 2016
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El imparable torrente de casos de corrupción avanza y amenaza con cobrarse piezas de “caza mayor”: el PP está carente de liderazgo y se encuentra sin sustituto a la vista. A Mariano Rajoy le empieza a pesar demasiado el fardo de la corrupción valenciana, de la que desde el año 2004 fue, como mínimo, sujeto pasivo o narrador omnisciente. Difícil no acordarse del “Rita eres la mejor” o del más reciente “Rita está completamente limpia”, y más difícil aún es olvidarse del bochornoso blindaje de la ex alcaldesa de Valencia a través de su nombramiento en la Comisión Permanente del Senado. Todo ello con el beneplácito del todavía presidente en funciones. El tsunami de detenciones (y deserciones) en la Comunidad Valenciana es imparable: hoy mismo ha sido arrestado en su domicilio Alfonso Grau, ex vicealcalde de Valencia y antigua mano derecha de Rita Barberà. De hecho, los investigadores de la operación Taula empiezan a definir ya al PP de la Comunidad Valenciana como una “organización criminal”. O, como decía la semana el senador de Podemos Ramón Espinar: “el PP no es un partido con tramas mafiosas en su interior, sino una trama mafiosa con forma de partido”.

No cabe duda de que el liderazgo de Mariano Rajoy está en llamas, pero lo interesante es que si mira al banquillo tampoco encuentra fácil recambio. Soraya Sáenz de Santamaría no puede salir al rescate porque ella misma está salpicada. Desde que saltara a la opinión pública el caso Aquamed, implicando a su hombre de confianza (el subsecretario de Presidencia, Federico Ramos), Sáenz de Santamaría se mantiene en un discreto segundo plano. Eso explica por qué en las últimas semanas el PP la mantiene escondida. Del PP de Madrid y del aguirrismo es mejor no hablar: de ahí es difícil que salga alguien mínimamente limpio.

La debilidad manifiesta de los populares toma cuerpo en recientes hipótesis como la de un gobierno de consenso encabezado por José Manuel García-Margallo o en las declaraciones más o menos disparatadas que apuntan a un gobierno presidido por un “tercer hombre”. No se trata de prestar oídos a la rumorología política del momento sino de hacerse eco del síntoma: el grito de socorro desesperado de una élite en graves apuros.

Atento a llamada encontramos al partido de Albert Rivera que se posiciona sin rubor como la fuerza auxiliar de PP y del bipartidismo. Muleta o bastón de las élites, lo cierto es que Ciudadanos se ha convertido en un andador para dinosaurios políticos en momentos de dificultad. Al igual que antes lo hizo en Andalucía y en Madrid, los de Rivera tratan ahora de reproducir la jugada a escala nacional. Su deseo de poder sólo es comparable con su pretensión de reflotar la nave del establishment político y empresarial, muy dañado por la connivencia cada vez más manifiesta entre corrupción política, corrupción empresarial, saqueo e injusticia social.
En un texto muy conocido, Foucault sostiene que el saber transita por diferentes etapas en las que una ciencia explica mejor los fenómenos que el resto. Al acercarnos al PP, nos debatimos entre la geología y la arqueología. La actual tectónica de placas, fruto de los casos de corrupción, se manifiesta en terremotos internos de gran intensidad en el seno del PP. Cada vez es más evidente que estamos en la antesala de una erupción volcánica que puede llevarse todo por delante. Conscientes de que cuando el magma encuentra un punto débil por el que salir arrasa con todo, los dirigentes del PP empiezan a sentir inquietantes temblores debajo de sus pies. Hay pánico y se escrutan todos los signos de la Tierra. No cabe duda: el Partido Popular se encuentra en un momento geológico.
El reto ahora es hacer del PP un objeto de estudio de la arqueología política. Se trata de hacer del PP un asunto político del pasado, una pasión para arqueólogos. Sea como sea, lo cierto es que la descomposición del “Clan de los Genoveses” se parece cada día más al de la Democracia Cristiana de Andreotti aunque nuestro escenario político tiene una variación fundamental: el pueblo se ha dotado de una alternativa al gobierno de las elites, la posibilidad de un movimiento popular democrático: Podemos.

PD: La cadena se rompe siempre por el eslabón más débil. “El progresivo debilitamiento del Partido Popular es la novedad más importante de la actual fase de interinidad en España…” Juliana dixit.


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