Tres contra uno y seguimos en pie

09 Jul 2016
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Reconocer los hechos es la única manera de afrontar correctamente nuevas tareas. El 26 de junio se ha saldado con la inesperada victoria de la Gran Coalición: El aumento de votos del PP y el sostenimiento, por la mínima, del PSOE como segunda fuerza política en votos y escaños. Ésta es la dura y fría realidad de la nueva aritmética parlamentaria resultante de las urnas.

Unidos Podemos y sus diferentes confluencias territoriales no han conseguido alzarse con la victoria en votos. Aún así y a pesar de los ataques y el cerco al que se sometió a Unidos Podemos, los resultados revelan la consolidación de un nuevo espacio político de las clases populares, autónomo de las élites y con una gran capacidad de intervención política en la sociedad. Podemos y sus confluencias se han consolidado como la herramienta electoral adecuada para el amplio proceso de empoderamiento popular de rescate de la democracia con más de 5 millones de votos y siendo la fuerza política hegemónica entre los menores de 45 años. Es decir; se confirma el fin del bipartidismo estático y se consolida un escenario de geometrías políticas dinámicas.

Es la economía estúpido”

Las confrontaciones electorales se diseñan sobre líneas discursivas estratégicas de confrontación política destinadas a seducir al electorado y conseguir su movilización. Es evidente que el PP, frente al tsunami de corrupción en el que se ha ahogado, decidió apostar por una línea discursiva basada en la instalación de un marco economicista: “La recuperación económica esta en marcha”.

Las ideas fuerza de un mensaje político electoral deben ser sencillas, comprensibles y anudadas a la realidad inmediata de los votantes a los que se pretende movilizar. Todo para conseguir un único objetivo concreto: El voto. Desgranemos por tanto el discurso ganador de estas elecciones:

“1. Hemos dejado de caer. 2. Antes se destruía empleo neto, ahora se crea. 3. El PP es el único partido capaz de sacar a España de la crisis. 4. La corrupción es un mal endémico de la vida política que afecta a todos los partidos en todos los países. 5. Más vale malo conocido que bueno por conocer. 6. Con las cosas de comer no se juega. 7. Un gobierno con Unidos Podemos pondría en peligro la recuperación económica y nos conduciría a la recesión”

Una serie de mensajes concretos enfocados a crear certezas en ele electorado y presentar al PP como garantía de estabilidad. La instalación del marco de la “recuperación económica”, promovido por las fuerzas conservadoras, se ha producido en el contexto de una reducción de la “disciplina austeritaria” durante 2015 que, unida a la burbuja bajista del precio del petróleo, el desplazamiento del turismo a nuestras costas (derivado de la inestabilidad en Oriente Medio) y la barra libre de crédito del BCE, han generado una leve sensación de mejoría en la población de nuestro país.

El 20D los expertos demoscópicos afirmaron que, por primera vez en mucho tiempo, se había producido la abstención de casi un millón de votantes conservadores hastiados por la nausea de la corrupción y que, todavía, no terminaban de creer que la recuperación económica no fuese un espejismo. Para movilizar a ese potencial electorado conservador absentista el PP debía recuperar su crédito como partido de gobierno y única opción conservadora viable.

Desde el primer momento tras las elecciones de 2015 el PP se ha encastillado en el Gobierno en funciones, despreciando la actividad parlamentaria al negarse a comparecer y construyendo un mensaje sencillo: “Mientras los demás hablan, nosotros gobernamos, mantenemos la estabilidad económica y creamos empleo”. La cultura política mafiosa se impuso entre diversos sectores sociales; “la corrupción es un problema pero eso no me da de comer, lo importante es que el PP crea puestos de trabajo”. Frente a los discursos ciudadanistas, se impone la realidad material de lo cotidiano, sobrevivir en un mundo adverso; “lo que plantea Unidos Podemos es muy justo pero enfadará a Alemania y eso, nos convertirá en Grecia “, entonces si que vendrán “recortes de verdad” porque “el PP evitó el rescate”.

El PP como partido orgánico de masas, no debemos olvidar nunca su millón de afiliados, se convirtió en el principal interlocutor de las élites para el control del poder político por medio de la corrupción. Pero el patrón, el PP, tomó cierta autonomía con respecto al dueño de la hacienda para hacer valer su papel, para perpetuarse en su parcela de poder. La aplicación rigurosa de los dictados austeritarios le conduciría irremediablemente a su destrucción como actor político, por eso durante 2015 rebaja la presión austericida y le da oxigeno a la economía. No por convencimiento político, sólo por supervivencia orgánica. Su propio instinto de supervivencia le ha llevado a no cumplir como debiese los dictados del IBEX35. El informe de la Comisión Europea es contundente: La rebaja en los criterios austeritarios fue premeditada y subordinada o condicionada por las diferentes citas electorales. En la sala de mandos de Génova son conscientes que sólo con discursos vacuos no se sostienen proyectos políticos con voluntad de gobierno. Los discursos que sostienen los proyectos políticos amplios son aquellos que responden a demandas concretas y consiguen convencer a las personas de que están defendiendo sus intereses materiales; discursos inscritos en lo que tiene que ver con sus vidas particulares expresados en términos generales, abstractos y movilizadores de las emociones primarias.

No hay siete millones de oligarcas, ni siete millones de corruptos. Hay siete millones de personas convencidas de que el PP es la opción política más viable para salir de la crisis y para crear empleo. Esta hipótesis es respetable, después del sufrimiento provocado por la crisis y de la aceptación del marco inducido de la “recuperación económica del país”. El problema esencial de esta narrativa es que no es cierto que se esté produciendo una recuperación económica del país. No se ha producido un cambio en el modelo productivo, al contrario, se ha frenado cualquier tentativa de transición energética; el sistema financiero español y europeo sigue enfermo, el proyecto de UE está en resquebrajándose y no se han creado mecanismos de protección de los sectores económicos estratégicos del país. La protección social es insuficiente, manteniendo importantes bolsas de exclusión social, sin derechos asistenciales, instalando la precariedad como forma de vida entre los menores de 45 años y la exclusión entre los parados de larga duración, mayores de 50. La economía sigue siendo un elemento clave en la política; La economía política sigue siendo determinante.

La fuerzas auxiliares del PP en el cerco a Unidos Podemos

La posibilidad del establecimiento de un nuevo espacio político frente al austericidio que trastocase el sistema político encendió todas las alarmas entre las fuerzas vivas del régimen. Todos los recursos debían ser empleados para parar el empuje irrefrenable de un nuevo sujeto político que amenazaba el control de las instituciones por las élites. La utilización de las cloacas del Estado, las campañas de intoxicación y desprestigio, la fabricación de pruebas falsas, etc., todo vale con tal de frenar a Podemos, más exactamente; con tal de evitar que las clases populares hiciesen de Podemos una fuerza política autónoma de las élites, con capacidad de recuperar las instituciones y la soberanía popular.

Defensa central derecho, Albert Rivera

La emergencia de Podemos puso en guardia a las élites que desconfiaban del PP como fuerza que pudiese sostenerse en el poder en solitario. La degradación económica de los últimos años, los recortes y la escandalosa corrupción política hicieron que sectores económicos privilegiados creyeran necesario el impulso de una fuerza política que sin intermediarios condicionados por sus equilibrios internos y por su propio instinto de supervivencia, defendiese sus intereses. Las palabras del presidente del Banco de Sabadell fueron premonitorias: “Hace falta un Podemos de derechas”. Necesitaban una fuerza política sin estructura, leal y que cumpliese sus dictados impulsando un discurso ciudadanista vacuo como testaferro político de los intereses del IBEX35 y de la banca. Luis Garicano desde el consejo de administración de Liberbank (abandonó el cargo en el banco en abril de 2016) fue el encargado de diseñar su plan económico. Rivera encabeza el partido del IBEX35 y sitúa a Podemos como su principal adversario político -es normal, son los representantes los intereses del capital financiero y pretenden seguir por encima de la Ley.

Algunos ejemplos recientes de las políticas defendidas por el partido del IBEX son de sobra conocidos:

-Son contrarios a situar la emergencia social como política prioritaria del Estado.

-Defienden un nuevo recorte en los derechos laborales rebajando el coste del despido

-Defensores de las grandes corporaciones, manifiestan su intención de trabajar a favor de la concentración empresarial, en definitiva, a favor de que el pez grande se coma al chico.

-Como portavoces de las entidades financieras, respaldan el sobreendeudamiento de las familias y pretenden que las familias se queden con deuda en caso de perder su casa.

-En cuanto a libertades públicas no están de acuerdo con la derogación de la Ley Mordaza y, como ejemplo significativo, se mostraron fervientes partidarios de imponer prisión preventiva a dos titiriteros por representar en carnaval una obra de mal gusto.

Por tanto, un proyecto político en las antípodas de Podemos, fabricado en el laboratorio ideológico del IBEX 35 y lanzado ex profeso contra la fuerza morada emergente.

Rivera fue protagonista del primer “catenazzo” o “el Pacto de cerrojazo”

El acuerdo Rivera-Sánchez fue concebido como un cerrojazo político a la posibilidad de un cambio a favor de la mayoría social. El ofrecimiento de un gobierno de cambio y de progreso por parte de Pablo Iglesias a Sánchez había sacado del carril de competición a Mariano Rajoy en su camino a la investidura. Era necesario salir al rescate del soldado Sánchez, acorralado por una base social y electoral que prefería sin duda un gobierno con Podemos que una Gran Coalición. El comando de asalto político del IBEX 35 entro en escena. El “Pacto del Cerrojazo entre PSOE y Ciudadanos mantuvo los títulos y los epígrafes programáticos del PSOE pero redactados y completados con los contenidos de los “chicos de Garicano” -algo que no resultó especialmente difícil por la perfecta sintonía existente con Jordi Sevilla, “gurú económico del PSOE”. La “operación cerrojazo” tenia unos objetivos que Rivera no ocultó, aunque no se convirtieron en mainstream en los medios: “Hemos evitado que Podemos esté en el Gobierno”. Con su habitual locuacidad Rivera sentenciaba: “El acuerdo entre PSOE y Ciudadanos es perfectamente asumible por los votantes del PP”.

Su actitud no ha cambiado desde entonces. Todos los cañones de Rivera apuntaron siempre contra Pablo Iglesias. La cosa llegó de lo mezquino y lo cómico. Su campaña del 26J comenzó con su viaje electoralista e irresponsable a un país en plena crisis institucional, poniendo en peligro la neutralidad del nuestro. Llegando a su cenit en el debate del programa de Jordi Évole, que rozó el esperpento:

-“Albert eso son cuentos chinos”

-“China China comunista”

-“Muy sagaz Albert

-“Es que me la has puesto a huevo”

En estos últimos meses, Albert Rivera ha sido el defensa central derecho marrullero que ha tenido como objetivo fundamental declarado; “evitar que gobierne Podemos” y atacar a Pablo Iglesias como su activo más valioso. El resultado electoral de Ciudadanos es un precio asumible dados los beneficios políticos obtenidos por el IBEX 35 con esta operación: Ciudadanos ha sido un producto rentable para la banca.

Defensa central izquierdo, Pedro Sánchez.

Tras las elecciones del 20D la dirección de PSOE había cambiado. Nuevos dirigentes ostentaban las principales responsabilidades y a lo largo de la campaña electoral habían centrado su discurso en los recortes, los servicios públicos y la recuperación de derechos laborales. Intentando diferenciarse de Podemos en la cuestión territorial, manteniendo un discurso inmovilista en esta cuestión. Supuestamente, las diferencias fundamentales con Podemos se encontraban ahí. Tendimos la mano al PSOE, con grandes sacrificios por nuestra parte, porque, aunque no olvidamos su responsabilidad en la imposición del modelo austericida y en la quiebra constitucional que supuso la reforma de agosto de 2011, debíamos arriesgarnos y comprometernos con nuestro país. Tendimos la mano, ante la posibilidad de establecer una agenda política para afrontar la emergencia social, redistribución de renta, reorientación del aparato productivo en el marco de un proceso de transición energética y una línea de resolución democrática de la cuestión territorial. Estábamos dispuestos a poner en un segundo lugar las enormes diferencias con el PSOE para poder defender los intereses de la mayoría social conformando un gobierno de coalición, donde evidentemente, era necesario exigir ciertas garantías de cumplimiento. Una de ellas, sin duda, era estar en el Consejo de Ministros representados proporcionalmente en relación a los votos obtenidos en las urnas. El PSOE ante esta posibilidad arremete contra Podemos en general y contra Pablo Iglesias en particular. Se abre paso “el discurso de las sillas” pero el mainstream olvida que, en este debate, Pedro Sánchez no quiere que se respete la voluntad popular expresada en las urnas en forma de votos para la conformación del Gobierno, si no un gobierno “en solitario del PSOE” facilitado por los votos de Podemos y sin ningún tipo de compromiso expreso.

Pedro Sánchez nunca quiso nada con Podemos. Era imposible asumir ese chantaje y traicionar a nuestro electorado, y lo sabían. Como recordábamos antes, la oferta de gobierno conjunto realizada por Pablo Iglesias descabalgó a Mariano Rajoy de su camino a la investidura y abrió las puertas de la Moncloa a Pedro Sánchez. Fue “la sonrisa del destino” a la que Pedro Sánchez dio la espalda porque no quería ir con Podemos ni a la vuelta de la esquina. Su único objetivo era disciplinar a Podemos a los dictados de los verdaderos representantes de los intereses de las élites, Ciudadanos, y someterlo a un duro castigo que relegase el nuevo proyecto político al papel de una fuerza subalterna o muleta del PSOE.

El fracaso de la “operación cerrojazo”

La operación cerrojazo fue articulada en torno al acuerdo de Sánchez y Rivera, escenificado en la sala constitucional del Congreso como el acto fundacional de un nuevo centro político, fue en realidad un acto político en el que la nueva dirección del PSOE escenificaba su rendición de Breda ante las élites. Desde el PSOE era necesario lanzar un mensaje nítido, Pedro Sánchez con su acuerdo garantizaba que no habría cambio, que las instituciones seguirían al servicio de los privilegiados, que no subirían los salarios (la dignificación del SMI: 6 euros, políticas sociales sin dotación económica, mantenimiento del sobreendeudamiento familiar, etc.) y los acuerdos de Estado se harían con el PP. Es decir que la alianza PSOE y Cs tenía un doble objetivo: a) El primero y más importante alejar a Pablo Iglesias del gobierno y blindar los intereses de los privilegiados ante la posibilidad de la apertura por Podemos de una agenda social y la resolución democrática de la cuestión territorial. b) El segundo disputar al PP la hegemonía en la Gran Coalición pero manteniendo el acuerdo en las cuestiones centrales para el país (techo de gasto, UE, política internacional, educativa y otras). Para que la operación fuese posible era necesario que Podemos y sus confluencias fuesen sometidas a una presión lo suficientemente intensa que les obligase a facilitar un “gobierno de la gran coalición encubierta”. Al fin y al cabo, Podemos era una fuerza recién llegada y podían convertirse en los tontos útiles de la XI Legislatura. Estrategia que quedó patente en las técnicas de filibusterismo parlamentario implementadas por la gran coalición desde la constitución de las Cortes.

En cualquier caso, la labor de disciplinamiento de Podemos por parte del PSOE se ha basado en un ataque constante, sin tregua y centrado siempre en la figura de Pablo Iglesias. Podemos no podía aceptar el “Pacto del Cerrojazo” de Pedro y Albert, porque era un pacto que suponía el enterramiento de la posibilidad de una cambio político favorable a las clases populares, cerraba la posibilidad de una agenda social, de una política de reactivación económica y de una solución democrática a la cuestión territorial. Cuando al fin descubrieron que no podían secuestrar a Podemos comenzó el tiempo de Rajoy.

Rajoy gobierna porque Sánchez se rindió ante Rivera.

El PSOE, en la legislatura fallida del 20D, ante la posibilidad de una acuerdo progresista con Podemos, prefirió esconderse detrás de un acuerdo con el partido del IBEX-35. Pedro Sánchez nunca realizó ningún gesto, movimiento o manifestación de la que se pudiese deducir que fuese a gobernar con Podemos. Sólo quería sus votos, lo que no era capaz de ganar en las urnas, pretendía ganarlo mediante el filibusterismo parlamentario.

Al no ceder a su chantaje, el PSOE convirtió a Podemos su único adversario, convirtiéndose en el defensa central izquierdo del Gobierno del PP. Pedro Sánchez actuó de forma premeditada contra la posibilidad de un gobierno de cambio, poniendo los intereses de su partido por encima de los intereses del pueblo. El insulto y el desprecio permanente ha sido la forma en la que los dirigente del PSOE se han dirigido hacia Podemos. Conscientes de que el activo más valioso de Podemos es Pablo Iglesias, contra él han descargado toda su ira. No soportan la capacidad natural de conexión de Pablo con los sectores populares, la facilidad para traducir sus dolores en un discurso político y así significar la España de “los nadie” cuando pierden el miedo y se deciden a cambiar las cosas. Esos ataques contra el liderazgo de Pablo han tenido su episodio más nauseabundo cuando han querido azuzar la división interna, diciendo que con Iñigo Errejón el PSOE si se entendería: Imperdonable y ridículo.

Cerco al cambio.

Las negociaciones con el PSOE, los dimes y diretes y las ofertas de entendimiento al PSOE después del “Pacto del Cerrojazo” fueron acompañados de la desmovilización del activo popular levantado el 20D. El cambio político quedaba encerrado entre las paredes del Congreso y la gente corriente relegada a meros espectadores de un espectáculo de mal gusto. Cometimos el error de dejar que nos encerrasen en su juego de “la politiquería”, aceptamos el tablero, cuando nosotros lo que hacemos bien es patearlo. Nos encerraron en sus tiempos y procedimientos kafkianos hasta el punto de encontrarnos, el último día teniendo que surfear una propuesta realizada por Compromis realizada sin consultar a Podemos ni a ninguna confluencia.

El discurso permanente de tender la mano tiene sus límites. Cuando al que se la ofreces te golpea sin decoro es el momento de repensar el ofrecimiento. Nosotros, es cierto, que tenemos en nuestro ADN la cultura cristiana de poner la otra mejilla, pero mejillas hay sólo dos. Tocaba quizás otra enseñanza bíblica; la de la necesaria expulsión de los mercaderes del templo. Era evidente que el proyecto de cambio estaba siendo sometido a un cerco político sin precedentes en la democracia española. Podemos y sus confluencias estaban siendo sometidas a un asedio político de tres contra uno. Quizás debimos ser más claros aquellos días en nuestro mensaje y trasmitir a la mayoría social expectante que la “dirección renovada” del PSOE, con su acuerdo con Cs, se oponía al rescate de la democracia y se entregaba, con armas y bagajes, a las élites cerrando toda posibilidad de un cambio.

Vuelta a la casilla de salida.

La rendición del PSOE ante las élites supuso la vuelta a la casilla de salida. Nos encontramos en un proceso de rescate de la democracia, en el que el pueblo no puede ser un observador, y la labor del instrumento político debe ser proponer tareas útiles que empujen el proceso de empoderamiento popular que emergió el 25 de mayo de 2014. Un espacio político que, si bien no parte de la reflexión organizada de los movimientos sociales, si hace de catalizador de una reacción química que se construye desde el grito de Si Se Puede. Un grito que condensa una nueva cultura política emergente, nacida del 15M, de las Mareas y de los Stop desahucios, que cree en la posibilidad de triunfo de los de abajo y no asume la ideología de la derrota histórica. Con la traición del PSOE se cerraba la XI Legislatura y toda posibilidad de un gobierno que llevase a las instituciones el impulso de un movimiento que empuja cambios desde el empoderamiento popular.

El PSOE ante el 26J sólo ha tenido una enemigo a batir: Unidos Podemos.

El PSOE renunció desde el primer minuto a ganarle las elecciones al Partido Popular el 26J. Se ha negado a responder a la pregunta de con quien pactaría después de las elecciones y ha asumido, como discurso político de campaña, que “Rajoy gobierna porque Podemos no votó a Sánchez”. Todo ello aderezado con un relato reaccionario y demagógico contra el populismo, repitiendo los mantras de la Campaña del PP contra Podemos y extendiendo la catalanofobia por Andalucía. Un error estratégico que ha facilitado el aumento electoral de las fuerzas conservadoras.

La propuesta de Unidos Podemos en esta campaña electoral se basó, esencialmente, en proponer un gobierno de coalición al PSOE “a la valenciana”. Por responsabilidad con el país, para facilitar un futuro gobierno, no hemos respondido a los ataques. Ni si quiera en el debate de candidatos: “Pedro, el adversario es otro”.

En mi humilde opinión un acuerdo con el PSOE como principal propuesta electoral es todo menos sexy y tengo dudas de que la consigna “a la valenciana” tenga el efecto de movilizar a los abstencionistas crónicos que abandonaron el sillón el 20D para votar a Podemos, máxime cuando el PSOE no sólo no calla, sino que ladra frente a cualquier propuesta de entendimiento.

El 26J deja imágenes imborrables para el recuerdo.

El PSOE festejó el peor resultado de su historia y la derrota en los territorios históricos de Andalucía y Extremadura. Festejó ser tercera fuerza política en Madrid, Comunidad Valenciana, Baleares, y convertirse en una fuerza residual en Cataluña. La imagen dejaba claro que su único objetivo era impedir un gobierno de Unidos Podemos, aunque supusiese la entrega del país al PP y al austericidio. El objetivo del PSOE se centró en impedir un cambio para rescatar la democracia de manos de las élites y de esa forma poder seguir jugando a Canovas y Sagasta. Pero a pesar de todo: el bipartidismo ha muerto y sólo es posible maquillarlo por medio de alguna triquiñuela que permita una “gran coalición encubierta”.

El proceso empoderamiento hizo crisis el 20D pero no se ha cerrado el 26J.

Los procesos electorales nunca son lineales. Un dato para el recuerdo; en 1979 el PSOE después de fusionarse con el PSP de Tierno Galván obtuvo menos votos que en 1977.

En este tránsito histórico no debemos olvidar que el pueblo debe ser protagonista del cambio. Sus dolores, sus anhelos, sus aspiraciones, sus esperanzas y su capacidad para construir realidades diferentes, deben ser el hilo transversal con el que tejer la solidaridad social que nos permita ganar. El movimiento popular democrático que nace el 25 de mayo no ha dejado de crecer, impulsando un modelo político democrático de participación directa que ha dado como resultado la mayor movilización política de la historia de la democracia desde el 78. Ya fuimos cercados antes y a pesar de las dudas de muchos, propios y extraños, nuestro pueblo ofreció una de las demostraciones de dignidad más grandes de la historia de la democracia con la Marcha del Cambio del 31 de Enero. Centenares de miles de personas se movilizaban desde los cuatro puntos cardinales del Estado, para manifestar su deseo y su compromiso con la realización de un cambio que rescate la democracia. Es innegable que, como sujeto político, cuando confiamos en la capacidad de respuesta de nuestro pueblo avanzamos.

Prohibido olvidar.

Somos hijos e hijas del sufrimiento provocado por el saqueo sistemático que nuestro pueblo viene sufriendo de forma ininterrumpida desde el estallido de la crisis de 2008. El epicentro del terremoto político que ha sacudido éste país se puede localizar el 15 de mayo de 2011. Desde entonces todo ha cambiado.

Nacimos por un fallo en el software de Matrix. Pablo Iglesias, el troyano del pueblo, se introdujo en el debate político de la televisión cabalgando sobre la contradicción de los mass media que debían optar entre subir la audiencia o silenciarle. ¿Quién iba a pensar que ese joven profesor que enardecía los corazones del populacho, repartiendo estopa en los platos, se iba jugar el todo por el todo presentándose a unas elecciones? ¿Quién iba a pensar que iba a reunir más de 100.000 firmas en 24 horas para que se presentase a las elecciones? Pablo Iglesias ha sido la hipótesis puesta en práctica.

El 25 de mayo de 2014 se produjo la reacción química inesperada.

Hubo un error de cálculo del sistema y supimos aprovecharlo políticamente. Como suele suceder, la respuesta popular emergió de donde se suponía no había espacio. En las contradicciones de la crisis surgió un nuevo sujeto político que despertó las simpatías de amplísimas capas de la población española. Un sujeto político que se negaba a ser una fuerza subalterna y que ya después de dar la primera sorpresa electoral, manifestó de forma impertinente para los poderosos que Podemos no había nacido para ser una fuerza testimonial.

Se extendieron los Círculos como espacios de participación, de construcción política, territorial y sectorial. Se estableció la participación directa para las grandes decisiones, listas, elección de órganos, aprobación de las tesis políticas y del modelo organizativo. Se estableció la independencia económica de los bancos y la limitación salarial… se puso en marcha una “maquina de guerra electoral” que se extendió por todo el territorio, con todas las dificultades que eso supone, desafiando las viejas lógicas políticas con el espíritu de victoria. Ese es el motor de Podemos; la esperanza que se puede ver en los ojos de la gente que acude a los actos políticos más masivos desde la Transición. La ilusión contagiosa porque las cosas puedan ser diferentes y sólo depende de nosotras mismas para conseguirlo. Ya hemos ganado muchas batallas. Los Carteros del Cambio ejemplificaron una propuesta clara de remover la cabeza y los corazones y sobre todo un mensaje: “El cambio no lo hacen los dirigentes y los partidos lo hace la gente”.

El 20D fue la campaña por el cambio constitucional y las “Cinco garantías democráticas”. La campaña de la propuesta de un nuevo marco de convivencia, donde fueran respetados los derechos de todos y donde nadie se quedase fuera. Desde la épica de la remontada y del empuje popular, se consiguió un resultado histórico. Pero quizás, después del 20D pasamos de la épica, el desborde y la participación a mandar a dormir al gigante popular, a pedirle que esperase, que estábamos negociando.

Después de una legislatura fallida quisimos rendir cuentas de nuestro trabajo, algo que está bien. Lanzamos una precampaña bajo el lema “El congreso en tu plaza”. Pero quizás nos equivocamos porque en ese momento político lo que realmente necesitábamos era situar la necesidad de llevar “tu plaza al congreso”. En este caso el orden de los factores si alteraba el producto, lo necesario era situar en el centro del debate político la urgencia de rescatar la democracia y una agenda social prioritaria, asumiendo como adversarios a las tres fuerzas políticas que se habían conjurado para impedirlo.

Arriesgarse a ganar.

El 26-J deslindó los campos, el miedo ganó a la esperanza por falta de determinación y protagonismo popular. La plebe echó de menos a su mejor tribuno encendiendo sus corazones y movilizando a los abstencionistas crónicos que se quedaron dormidos viendo un debate soporífero e insoportable. La gente echaba de menos al irreverente, el Cholo del fútbol de contacto, el que electriza a su equipo y lo pone en disposición de cumplir con las enseñanzas de Dantón: “Audacia, audacia, siempre audacia”.

Quizás fuimos conservadores en exceso. La viabilidad de un nuevo proyecto histórico de los de abajo pasa por la construcción de un pueblo sin miedo. A la mayoría social no se le quita el miedo poniéndonos blanditos, simpáticos y formales, sino mostrando la determinación para cambiar las cosas. Somos hijos de un proceso de empoderamiento popular, de importantes sectores sociales de nuestro país que ya no delegan en las fuerzas políticas del régimen, si no que impulsan un nuevo espacio político-social propio para la transformación de la mayoría social en mayoría política.

El invierno se acerca y alberga horrores.

Pronto pueden volver “los hombres de negro”, “los caminantes blancos de la Troika” Nos enfrentamos a un futuro incierto, y lejos de consolidarse la supuesta recuperación económica, podemos encontrarnos a las puertas de una nueva tempestad. La Comisión Europea amenaza con dos procedimientos sancionadores, uno más conocido por exceso de déficit y otro, derivado del incumplimiento reiterado de la legislación comunitaria en los procesos de ejecución hipotecaria, realizado por el gobierno para proteger a sus banqueros amigos. Nos encontramos a la espera de la Sentencia TJUE referida a la cláusula suelo que podría dar al traste con los balances financieros sostenidos sobre el abuso ilegal de las entidades bancarias a sus clientes. Por si todo esto fuera poco se resquebraja el proyecto político de la UE tras el Brexit. El IBEX35 ha sufrido la mayor caída de su historia, un 12%, lo que supone un 3% más que la tras la caída de Lehman Brothers. Con un acumulado de perdidas en torno al 20%. Los principales bancos españoles han caído un 20% a pesar de que, algunos de ellos, no tenían aparentemente exposición de activos en la City de Londres. Se ha impuesto el corralito en importantes fondos de inversión de la City. Se está produciendo una bajada mundial de las bolsas y el petróleo ha empezado a subir. Se empiezan a oír voces autorizadas pidiendo un rescate bancario en Italia de 40.000 millones de euros. Con los ahorros familiares agotados, una nueva ofensiva austericida de recortes y privatizaciones puede agudizar de forma brutal el dolor social causado por un modelo incapaz de satisfacer las necesidades de las personas. La dureza de la situación social y económica, lejos de mejorar o cronificarse, apunta a un nuevo empeoramiento generalizado.

Debemos ser capaces de convocar a la sociedad española a enfrentarse a la llegada de nuevos “hombres de negro” que, como “caminantes blancos” amenazan la vida de la gente humilde y trabajadora, y de la sociedad entera. Todas nuestras fuerzas, todas nuestras energías deben concentrarse en ser útiles para nuestro Pueblo, en ser una herramienta útil para reforzar y amplificar su proceso de empoderamiento.

La mejor manera de decir es hacer”.

Una nueva prueba empieza ahora. Cinco millones de corazones rebeldes y cinco millones de esperanzas son un motor político descomunal y desconocido para la mayoría popular que representamos. La situación dibuja un nuevo mapa institucional para el movimiento popular democrático: La mitad de las grandes ciudades del país gobernadas por ayuntamientos del cambio, grupos parlamentarios activos y sólidos en todas Comunidades Autónomas en muchas de las cuales, somos decisivos para los gobiernos autonómicos. 71 diputados, 22 senadores: Un activo político enorme e impensable cuando estalló la crisis en 2008.

Debemos tender la mano a la mayoría social, independientemente de a quien hayan votado, estableciendo una estrategia de la fraternidad popular. Nuestro pueblo no baja las manos, se pone en pie cuando se despierta la ilusión. Porque no hay cambio gris, no hay espacio para el cambio tranquilo porque el dolor social es insoportable y la tranquilidad de los poderosos provoca la desmovilización de los de abajo. Somos una fuerza plebeya, asumámoslo con todas las consecuencias.

Va llegando la hora de poner al PSOE en su sitio. Ni están ni se les espera en el bloque histórico de progreso que se esta conformando en nuestro país. En estos momentos ejercen de fuerza auxiliar del PP. Ahora les toca a ellos demostrar si quieren cumplir otra función en el Estado que la de botones de las élites del régimen.

La táctica debe someterse a la estrategia de las cosas útiles para el Pueblo. La estrategia de la fraternidad popular debe conjugarse con la determinación de hacer frente a los poderosos y con la defensa de los Derechos Humanos, gobierne quien gobierne.

El despliegue de un Movimiento Popular Democrático tiene como objetivo principal impulsar el rescate de la democracia frente a la plutocracia. Ejerceremos nuestros derechos democráticos desde las instituciones hasta el último rincón de nuestro país de países,

Debemos confiar en nuestro Pueblo, en sus capacidades y en su sabiduría. Debemos confiar en el coraje de la gente humilde y sencilla, que hace que todos los días funcione este país a pesar de tenerlo todo en contra. Debemos confiar en el proceso de empoderamiento popular en marcha, no como un suceso ineluctable de la historia, sino como una oportunidad que hay que empujar para convertirla en una realidad Debemos confiar en un pueblo al que si se le cierra una ventana tiene la capacidad de aunar las fuerzas suficientes para abrir la puerta principal. El Pueblo ha echado a andar, andemos.

Una máxima debería presidir toda nuestra acción política: Sólo confiamos en el pueblo.


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