La Trama se descompone, ahora el pueblo o los millonarios

31 May 2017
Compartir: facebook twitter meneame
Etiquetas: , , , ,
Comentarios

 

El régimen de la Trama se descompone. El desarrollo de las contradicciones internas de las élites está derivando en un proceso de degradación de las instituciones. Vivimos una situación de excepcionalidad democrática, una situación donde afloran los casos de corrupción producto del modelo económico y social basado fundamentalmente en las privatizaciones de las empresas, los servicios públicos y los bienes comunes. El modelo de saqueo de lo de todos para unos pocos y de recorte de derechos para la mayoría que durante años ha reivindicado a Rodrigo Rato como uno de sus arquitectos fundamentales. Al mismo tiempo, estamos presenciando una degradación institucional, con comunicaciones en las que los imputados y los que acaban en prisión están encantados por el nombramiento de jueces y fiscales, a la vez que establecen determinadas estrategias para cooptar las instituciones, subvirtiendo el principio constitucional que proclama que la justicia emana del pueblo y no del Gobierno.

El Ejecutivo de Mariano Rajoy se sostiene sobre el fraude democrático de los partidos que en campaña electoral afirmaron, por activa o por pasiva, que jamás permitirían un gobierno del PP y menos de Mariano Rajoy. Mucho ha llovido desde la última cita electoral, pero ante los vaivenes del resto de las fuerzas políticas, Podemos y sus aliados se han mantenido firmes frente al Gobierno de Rajoy y frente a la estrategia de conformación de la Triple Alianza, diseñada por las élites económicas y la Trama.

El golpe que dio el IBEX 35 en el seno del PSOE el pasado octubre blindó al PP en el Gobierno para beneficio de la Trama. La revuelta de las bases de Ferraz, con la intención de recuperar la identidad, ha hecho posible el regreso de Pedro Sánchez. Pero más allá de este hecho, está por ver si es tan sólo el anhelo de un PSOE que trata de guardar las formas y evitar la vergüenza de ser la muletilla del partido más corrupto de Europa o si existe la voluntad de los nuevos dirigentes de aportar al proceso de rescate de la democracia frente al secuestro de las élites impulsado por los sectores populares más dinámicos, que tienen en Podemos y sus confluencias su referencia política. La incógnita por tanto se dilucidará con hechos, ¿lo que ha ocurrido en el PSOE es una bronca táctica con el IBEX 35 o se abre la posibilidad de un divorcio? Una incógnita ante la que el país no puede esperar. La degradación de las instituciones y el brutal retroceso democrático reclama de Podemos y de sus confluencias poner encima de la mesa no sólo la impugnación del modelo de la Trama sino un nuevo modelo de país sostenido sobre la soberanía popular, la democracia y los derechos de la gente.

No olvidemos la entrevista de Sánchez con Jordi Évole, donde confesó la existencia de una conspiración orquestada por sectores de la élites económicas del país para evitar, a toda costa, la entrada de Podemos en el gobierno. Pedro Sánchez cedió incluso al chantaje, pero no pudo soportar tener que participar del sostenimiento de Rajoy en el gobierno. La duda ahora es si se trata simplemente de una cuestión moral, que se solventa con el disputado voto del señor Quevedo y un PNV monaguillo de Montoro, o se plantean cooperar con el proceso político de cambio que está en marcha.

Cabe añadir que la salida a la situación política que estamos viendo no puede pasar por una alianza con el mejor aliado del PP. El partido de Rivera se muestra, de una forma cada vez más evidente, como el partido de los millonarios que sostiene en el poder al clan de los genoveses, apuntalando los gobiernos del PP en Murcia y en la Comunidad de Madrid, pese a la que está cayendo. Este pilar de la Triple Alianza tiene entre sus objetivos estratégicos evitar un cambio político que recupere la soberanía popular frente a la plutocracia o la deudocracia, para ser más exactos.

Desde Podemos y sus confluencias no nos hemos movido de la misma posición, seguimos oponiéndonos al Gobierno de las tijeras y de la corrupción, frente a los que sostienen o han sostenido hasta ahora al Partido Popular y han permitido que el señor Montoro tenga unas tijeras nuevas. En definitiva, hoy tenemos a un presidente del Gobierno apuntalado por dos fuerzas políticas que aseguraron a sus respectivos electorados que jamás dejarían que el PP y Mariano Rajoy gobernasen. Un gobierno fraudulento que, además, se ha encontrado por el camino con fuerzas auxiliares, empezando por el PNV y las fuerzas nacionalistas canarias y terminando por el PDeCAT, que entra a garantizar los intereses de los privilegiados acompañando al Gobierno con medidas legislativas, pese a los ‘problemillas’ territoriales.

Este es el problema a abordar en estos momentos, la cuestión que pone sobre la mesa la moción de censura que hemos registrado: qué fuerzas políticas están realmente dispuestas a abrir una salida democrática a esta situación insostenible y a sacar de la Moncloa a Rajoy, un presidente que ha vuelto a despreciar la democracia, el Estado de derecho y el respeto a las instituciones. Rajoy es un presidente escondido, un presidente que cuando se desbordó la charca de la corrupción salió corriendo a entrevistarse con Temer, su homólogo brasileño, que además de deponer a la presidenta elegida por los brasileños, se ahoga también en el fango de la corrupción, aplica recortes salvajes y se enfrenta a las mayores movilizaciones vividas en Brasil desde la dictadura.

Esta es la forma que tiene Mariano Rajoy de afrontar la tempestad, la descomposición que vive el clan de lo genoveses, con una guerra interna por el botín que se despliega a golpe de sumariazo. El presidente se esconde de la realidad que está viviendo el Estado, de la realidad que se está viviendo también dentro del PP, un partido que ya no tiene nada que ofrecer a la sociedad española más que la posibilidad de marcharse. Rajoy es un presidente huido incapaz de afrontar los principales problemas que tiene este país: la crisis existente en el partido de Gobierno y en la Triple Alianza, el modelo político, económico y social insostenible, y la necesidad de salir de esta situación de podredumbre en la cual nos han metido. Puede que la técnica de la avestruz le haya servido en el pasado, pero en estos momentos ya no estamos ante una tormenta, es un cambio climático de la situación política que es imparable.

Ya no es posible seguir asumiendo que Mariano ‘sé fuerte’ siga en la Moncloa, cargar con este proyecto de cierre oligárquico de la crisis institucional que estamos viviendo. No se puede hacer comulgar a la gente con ruedas de molino, porque debemos hacer irreversible la situación de cambio que está protagonizando este país. La estrategia de la Triple Alianza de volver a un bipartidismo ha sido deslegitimada y nosotros vamos a estar ahí para decirle a Mariano Rajoy que hay un proyecto de país distinto, aunque su respuesta sea esconderse, esconderse de la Audiencia Nacional, del Parlamento y de las mociones de censura.

 

Moción de censura por responsabilidad democrática

Frente a esta excepcionalidad democrática y al secuestro institucional, hay que poner sobre la mesa un proyecto alternativo, para que el conjunto del país tenga esperanza, frente al hastío y la repugnancia que produce la situación política. Esto es fundamental para la salud democrática del país. Y además, el momento es ahora, los partidos no puedan pedir a la gente que espere, que espere cuando no le llega la prestación y está viendo que los que han estado dirigiendo las instituciones tienen millones en paraísos fiscales.

Por lo tanto, tenemos que debatir la posibilidad de construir un país donde se combata la corrupción, donde las instituciones y las políticas públicas estén al servicio de la gente. Se trata, en definitiva, de plantar cara a ese proyecto de la Trama donde el poder económico coopta al poder político, un proyecto que se basa en el saqueo de lo de todos y en la depauperación y precarización de las condiciones de vida de la mayoría. Esta es la realidad que están dando las estadísticas, que no se está creando empleo sino que se está troceando, reduciendo los salarios y empeorando las condiciones de vida de la gente. Es un proyecto agotado frente al que hay que plantarse: la pasividad y la espera son un crimen.

Ante esto, queremos proponer un nuevo proyecto de país basado en un modelo social inclusivo, que se fundamente en la participación de la gente en todos los aspectos de la vida. Este proyecto debe afrontar, como retos, el desarrollo de un nuevo modelo productivo basado en el proceso de transición energética hacia las renovables y una reindustrialización que permita generar puestos de trabajo de calidad. En el proceso de construcción de la soberanía económica del país resulta fundamental garantizar la defensa y el control democrático de los sectores estratégicos.

Los retos del siglo XXI nos plantean además, frente a la lógica del darwinismo social y el patriarcado, la necesidad de desarrollar una sociedad de dimensión más humana, en la que el impulso decidido de la economía de los cuidados permita el ejercicio efectivo de los derechos de las personas y, en concreto, el derecho a vivir bien. Un modelo basado en los principios de solidaridad, necesidad, capacidad, universalización de derechos y deberes e igualdad de oportunidades.

Al final, lo que planteamos es algo tan sencillo como asumir que el modelo actual es antieconómico, basado en la especulación financiera y en la acumulación por desposesión, por lo que debe ser reemplazado por un nuevo modelo donde los derechos de la gente sean el centro. Por último, consideramos necesario recuperar el objetivo esencial de la economía: satisfacer las necesidades de las personas en un entorno de recursos escasos.

No nos interesa la “politiquería” que cree que la política es un monopolio en manos de “los políticos”. Somos militantes de la vida y reivindicamos que la política consiste en hacer posible lo necesario. Como demócratas, creemos que el papel protagonista del proceso es el pueblo, la mayoría social que hace que este país funcione cada día, que es responsable de la existencia de todo lo útil y hermoso. Un pueblo en construcción que tiene la capacidad de hacer un nuevo país con sus propias manos, si articula una voluntad transformadora y hace de la esperanza el motor del cambio político, social, económico y cultural.

En estos momentos de zozobra y hastío, tenemos la capacidad de presentar esta moción de censura, como la herramienta parlamentaria más contundente que existe contra un gobierno, porque así lo quisieron más de 5 millones de personas. No vamos a levantar el pie del acelerador en la presión al Gobierno de la Trama. No le vamos a dar ni un minuto de respiro, ni un minuto de tregua a un Gobierno que desprecia las instituciones, que se niega a cumplir las resoluciones del Parlamento, a un presidente que pretendía ir a declarar a la Audiencia Nacional por un caso de financiación ilegal de su partido el 27 de julio, porque dice no tener agenda hasta entonces, y que encima lo quería hacer por plasma.

La moción de censura tiene también otra fortaleza, la de decirle a Mariano Rajoy y a la Triple Alianza que Podemos y sus confluencias somos una fuerza política constituyente que puede presentar recursos de inconstitucionalidad. De hecho, lo hacemos con regularidad, el último contra el Decreto que protege a los bancos ante la sentencia del TJUE sobre las cláusulas suelo. Recordarles que no vamos a permitir que reformen la Constitución de espaldas al pueblo como hicieron con el Artículo 135, porque podemos garantizar que haya un referéndum. Y que con esta moción de censura se pone sobre la mesa un nuevo proyecto de país de países para acabar con la corrupción, para acabar con el gobierno de los privilegiados y con el saqueo de las élites. En definitiva, para aportar nuestro granito de arena al proceso político de cambio con el que nuestro pueblo se está sacudiendo el miedo para rescatar la soberanía y la democracia.

 

Un proyecto de país de países

El proyecto de país que defendemos debe afrontar los retos a los que ahora mismo se enfrenta una sociedad plural, diversa y mestiza como la nuestra. La cuestión territorial no debe entenderse como un desafío, sino como una oportunidad de profundización democrática basado en el protagonismo popular.

Tenemos que ser capaces de mirarnos al espejo y de reconocernos como lo que somos, un país de países. La coyuntura política, en la cual se arroja la soberanía nacional contra la posibilidad de que la gente decida, nos permite recuperar el viejo debate entre la soberanía nacional defendida por los liberales y la soberanía popular defendida por los demócratas, y entender que la democracia no se basa en la soberanía nacional. Máxime cuando los adalides de soberanías uninacionales acaban encontrándose en Andorra, en Suiza o en Panamá.

Queremos construir un proyecto de convivencia que se fundamente en la voluntad de los pueblos. Aquellos que se niegan a aceptarlo no se enfrentan al derecho a decidir, no se enfrentan al independentismo, sino a los elementos básicos de la soberanía popular. Estamos plenamente convencidos de que la mayoría de la gente en Cataluña quiere tener un proyecto compartido con el conjunto de los pueblos de España, pero la peor manera de conseguirlo es negarles la oportunidad de poder decidir. Si queremos un proyecto de convivencia con alguien, no podemos poner un cerrojo en la puerta, hay que ofrecer las llaves. Un proyecto de convivencia plurinacional se tiene que basar en la fraternidad popular. ¿Qué significa esto? En primer lugar, que hay que poner encima de la mesa que este país de países se constituya por la voluntad de los pueblos que lo componen. Y en segundo lugar, que ese acuerdo de convivencia consiste en algo sencillo, el derecho a vivir bien de la gente, y la obligación de las instituciones de garantizarlo, para impedir que lo común acabe en el bolsillo de unos pocos.

Nosotros no promovemos la independencia, pero sí creemos que hay que debatir cuál es el proyecto de convivencia que quieren los pueblos de España para el futuro. Un proyecto de España en el que la gente sepa que si se queda sin trabajo la sociedad no va a mirar para otro lado, un modelo que no va a permitir que haya un millón de personas que no tiene recursos económicos. Esas son las cuestiones fundamentales para hacer una propuesta a los catalanes, a los vascos, a los gallegos y a todos los demás para que se quieran quedar, que tengan pleno convencimiento de que serán respetados los derechos civiles, políticos, sociales y ambientales.

Para afrontar esta cuestión, se deben aplicar soluciones democráticas, no soluciones judiciales, como viene haciendo el Gobierno de Mariano Rajoy. Resulta prioritario establecer un espacio de diálogo, generar un marco en el que la gente pueda expresar su opinión y decidir de forma democrática. No creemos que un referéndum unilateral sea la solución, queremos un acuerdo en el que la gente de Cataluña se pueda expresar libremente, porque confiamos en ellos y en que quieran tener un proyecto de convivencia con el resto de los pueblos de España. Nosotros sí confiamos en eso, sí creemos que es posible abordar ese proyecto de convivencia. El problema que tenemos en estos momentos es que las élites políticas y económicas que controlan las instituciones no tienen un proyecto de país que ofrecer, su único proyecto es el saqueo de lo común, y si eso no cambia se van a querer independizar hasta los de Valladolid.

Rescatar la democracia, una utopía disponible

En este contexto, presentar una moción de censura y un proyecto de país es una cuestión de responsabilidad democrática que debemos asumir. Esta herramienta parlamentaria es un aporte al proceso de cambio político que viene fraguándose desde el 15M, un proceso que busca superar un régimen en descomposición que ha puesto al servicio de unos pocos lo que es de todos.

En los momentos de emergencia y de crisis, cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer, resulta imprescindible para hacer frente a los monstruos poner encima de la mesa una utopía disponible para las mayorías, que permita fraguar la esperanza frente al miedo. La utopía disponible en estos momentos pasa por proponer el rescate de la democracia, algo que transciende la moción de censura, pero que la hace útil para una mayoría social que tiene así la oportunidad de encontrar la referencia para construir un nuevo país.

El éxito de la moción no viene dado por su aprobación o no en el Parlamento, sino por la capacidad de situar en la agenda política que es posible un proyecto popular frente al proyecto de la Trama y de las élites. Poner en valor la acción parlamentaria como un lugar apto para la confrontación de ideas y de intereses entre la mayoría social y la Trama, dando un paso más en la conformación de un nuevo bloque histórico que sea capaz de implicar y dar tareas en ese proceso de cambio a los sectores populares. De hecho, el papel protagonista en este proceso de cambio debe ser interpretado por los sectores sociales que conforman la nueva mayoría, con el objetivo principal de recatar la democracia, defender lo público y el Estado de derecho.

Partimos del convencimiento de que el proceso de cambio político del pueblo frente a los privilegiados sigue en marcha y la moción de censura hace una aportación nueva en la construcción de la esperanza frente al miedo.

En definitiva, lo que está en juego en este momento clave es precisamente la posibilidad de impulsar un proyecto basado en la soberanía popular, en la democracia y en los derechos.

Cuando la degradación institucional y el saqueo se combinan con el intento de imponer la impunidad, resulta imprescindible articular la esperanza como proyecto. Porque como decía aquel es inútil desesperarse, la primavera siempre vuelve. Pero en política, a la primavera, hay que empujarla. Vamos!


comments powered by Disqus