El burro explosivo
Señor Lamela, es natural que ahora se esconda. Ha sido como el cobarde que tira la piedra y esconde la mano. Su conducta ética, social, política y humana ha dejado una huella difícil de borrar. Huya, que es lo suyo. Cuando una denuncia anónima urdida por usted y los suyos trataba de difamar a la clase médica de la Sanidad pública, los doctores nos llamaban a mi hermano y a mí, para informarnos de que mi padre había comenzado una agonía que podía ser dramática y angustiosa, porque su muerte le vendría por asfixia. Usted, señor Lamela, jamás ha estado en ese trance y tampoco se lo deseo. ¿Sabe usted el crimen que cometieron los doctores que asistieron a mi padre? Le ayudaron a morir con nuestro consentimiento, a morir como un ser humano. Quédese donde está, señor Lamela. Somos muchos los
que no le queremos ni ver.
PEDRO TARACENA GIL MADRID
Muchos reclaman la dimisión de Lamela. Yo no quiero que dimita, es más: no se lo consentiría. ¿Dimitir? O sea, irse por su propia voluntad, dando un portazo, con la cabeza muy alta y encima farfullando que es una víctima de intereses electorales. Ni hablar. Que no dimita: que le cesen (fulminantemente), que le echen a patadas, que salga con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas, avergonzado (si ello es metabólicamente posible para un individuo como Lamela) y con todo su horizonte político a sus espaldas. Que le pongan (sobre su traje de esquiador) una coroza o unas orejas de burro y le paseen por las Consejerías, para que el resto le haga cuchufletas y chistes fáciles cambiando la acentuación de su apellido. ¿Dimitir? ¡Vamos anda! A un tipo que ha prevaricado no le podemos dejar salir por su propio pie.
Que se esconda (tampoco es tan difícil dar con un pijo, la verdad: ¿dónde iba a estar, sino en Baqueira?), que llame a su mamá y que patalee un poco. Vale, pero luego no hay que permitirle que dimita: hay que echarle. A un tipo con semejante catadura moral no le podemos admitir en ningún otro puesto de responsabilidad. No es tolerable que a su incompetencia y mala fe añada tanto cinismo, tanta chulería y unas ideas acartonadas que apestan a alcanfor. Por eso mismo, suplico (o reclamo) que no se le permita dimitir, por favor.
Lamela, por otra parte, no es sino el (muy vil) instrumento de la (muy vil) política de Aguirre contra la Sanidad pública. Que dimita Aguirre. A Lamela en cambio hay que convertirle en lo que es: el burro explosivo. Cuentan que en la Guerra Civil se azuzaba contra las líneas enemigas a un burro cargado de dinamita con la mecha encendida. El burro trotaba y, cuando alcanzaba al enemigo, explotaba. Como Lamela: ha causado daño, pero al menos que reviente el burro explosivo.





